Cuando las cosas nos quedan pequeñas, hay que hacer algo...

Cuando las cosas nos quedan pequeñas, hay que hacer algo...

Esta operación, que no era tan común en otros tiempos, se está convirtiendo poco a poco en la estrella del mercado hipotecario a medida que las familias ven estrecharse su margen de maniobra.

La modificación de hipoteca es el cambio de las condiciones firmadas, ya sea para ampliar el número de años, el diferencial de interés que se paga, o incluso aumentar la cantidad que se debe.

Esto último puede pareceros una locura o un imposible en las condiciones actuales, pero no es tal. Si el banco tiene razones de peso para creer que en unos años el cliente volverá a ser solvente, puede prestarle algo más de dinero y ampliarle el plazo de devolución, con unas consecuencias muy interesantes: la cantidad que el banco presta puede servir para pagar las cuotas durante treinta o cuarenta meses, de modo que pasado este tiempo y aliviada la situación del momento, el hipotecado pueda devolver más dinero y en más años, con el consiguiente aumento de la cantidad percibida por el banco en concepto de intereses. Por eso lo normal es que en el caso de aprovechar esta opción se planetee un trato equilibrado: te doy cuarenta mil euros más para que aguantes esta temporada, subimos diez años más la hipoteca, y subimos medio punto el diferencial respecto al Euribor. O sea que es una solución, pero cara.

En todo caso, la modificación de hipoteca, al ser con el mismo banco, es una alternativa a la subrogación con otra entidad. En esencia son lo mismo: un cambio en las condiciones de la hipoteca, pero en la modificación se hace con el mismo banco y en la subrogación el banco es diferente.

Y desde el punto de vista de los gastos, hay que tener en cuenta que la modificación de la hipoteca suele ir acompañada de una nueva escritura pública, con todo lo que eso supone de impuestos, gastos, y demás sangrías para el ya de por sí depauperado bolsillo del hipotecado.

Pero por exponer opciones que no quede.