Quiero y no puedo

Quiero y no puedo

Y no lo dice un agorero cualquiera, sino las industrias cementeras, que algo sabrán de eso.

Según la Asociación de Empresas Fabricantes de Cemento de España (Oficemen) el ajuste podría variar mucho según las zonas, pues mientras en los lugares con más demanda, como las grandes ciudades, el descenso de precios sería sólo del cinco o el seis por ciento, en otras zonas como la costa, donde la mayoría de lo construido son viviendas de recreo, el descenso llegaría casi hasta dejar los precios en la mitad o incluso más en los casos en los que se sobrediomensionó más gravemente la oferta.

Así las cosas, no puedo menos que incidir, una vez más, en mi vieja idea de que el abusivo precio de la vivienda procede en buena parte de esa manía nuestra de convertirnos en masa y dar pro bueno aquello que hacen los demás. Si pensamos que el libro más leído es el mejor, que el disco más escuchado es el de mayor calidad y que la opinión mayoritaria es la correcta, lo lógico es que al final nos acaben sangrando como a gorrinos generando bolsas de lo que se suele llamar sobredemanda.

Por lo visto, antes era un peligro tener opiniones propias, pero ahora, con la crisis, empieza a ser una necesidad. Ir a donde todos van, querer lo que todos quieren y hacer lo que hacen todos, es muy caro.

Lo sabemos, pero no lo aplicamos. Ni los particulares, ni las empresas. Y esa es parte de la raíz de nuestra baja competitividad. Lo hablamos otro día en más profundidad, si os parece.

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