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El gobierno, en uno de sus brotes verdes, sube los impuestos de carburantes y tabaco. Y la verdad, es razonable que si no hay dinero se busque debajo de las piedras. Pero parece que nadie de este gobierno haya escuchado nunca el viejo dicho de la revolución de mayo del 68: “imaginación al poder”. En mi pueblo han puesto a todos los trabajadores de recaudación a reclamar los recibos impagados de los últimos años. Muchos de los vecinos andan cabreados por que no es que sean especialmente eficaces y, más que reclamar los impagados, están reclamando los que SI fueron pagados: el IBI, los vados, las tasas y todas esas fuentes de ingresos posibles. Errores y malestares aparte, me parece excelente buscar una buena medida, como me parecería una magnifica medida que se aumentaran los gastos para intentar cobrar lo debido (y, si fuera necesario, devolver lo indebido). Pero el gobierno central vuelve a tirar de viejas formulas y parece que rehúye cualquier medida que necesite más de dos vueltas para llevarse a cabo ¡Claro, como estábamos acostumbrados a que la gasolina estuviera por las nubes, no íbamos a protestar mucho! ¿Por qué no los bajaron cuando íbamos tan bien?

 

Pero además, es indignante que nos tomen por ignorantes y quieran que nos creamos esa patraña de ecologista recalcitrantes; a la par que los suben, no hacen sino aumentar las ayudas al automóvil (algo que me parece muy razonable) y con el cierre de Garoña tendremos que tirar, al menos de momento, de combustibles fósiles. En Brasil probaron con alcohol hace muchos años. Pero seguro que hay muchas otras alternativas. Quizás no sea el momento de rechazar fuentes de ingresos adicionales en estos momentos tan duros, pero señores ministros, un mínimo de honestidad sería digno de alabar para hacer más llevadero este mal trago. ¿Los bajarán cuando nos recuperemos?

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