517px-utility_worker_4455Cuando se aboga por la reforma laboral, a la que se acaba de sumar Trichet, el problema principal, a mi entender, es que se plantea exclusivamente en términos de abaratamiento del despido. Y se encuentran dos posturas casi opuestas:

 

Ante la opción de acabar en el paro, ¿Qué es preferible? ¿Tener una indemnización superior que nos permita aguantar algo más a la hora de encontrar trabajo? ¿O que me despidan por cuatro perras pero tenga la posibilidad de encontrar pronto un curre acorde -o no- a mis capacidades y habilidades? El caso alemán comentado recientemente es suficientemente aclaratorio. Personalmente, me inclino por la segunda opción. Y la opción, siguiendo la tesis propuesta por Trichet, es que volvemos a intentar retomar la senda de la productividad y de la creación de empleo por la vía de la congelación salarial. Problema crónico de nuestra economía.

 

Otra cuestión, sobre todo en el caso de los más jóvenes, es conseguir la formación adecuada que permita cruzar, en tiempo y forma, la oferta y demanda del mercado laboral. Pero para eso, pueden utilizarse otras vías, desde la formación previa a la incorporación al mercado hasta la formación en la propia empresa. Por eso, la reforma laboral debe ampliar su alcance y tocar otros temas, como los de la reforma de la educación, sobre todo en lo que atañe a formación profesional y universitaria, la movilidad o la innovación (¿Cómo se pretende innovar cuándo las ayudas para empresas tecnológicas son irrisorias? Parece que en Industria no se han dado cuenta de que no cuesta lo mismo fabricar una invernadero que un chip). La crisis del 83 propició, entre otras cosas, que, ante la dificultad de encontrar trabajo, muchos jóvenes prolongaran sus estudios. Nos sucedió algo parecido al caso cubano: una avalancha de licenciados ejerciendo en cualquier sector y dificultades para encontrar electricistas, carpinteros y fontaneros.

 

Y desde la empresa, ¿Qué es preferible en momentos de dificultades? ¿Mantener la plantilla aunque no se venda un colín? ¿O poder reducir la plantilla de forma rápida y volver a contratar con agilidad según se vaya moviendo el mercado? Manteniendo un salario mínimo asegurado por la empresa o por el subsidio de desempleo o ambos, cualquiera preferiría esta última. Todo ello sin tocar la conocida picaresca nacional o las corruptelas a las que estamos tan habituados. ¡Cómo me gustaría ver el día en que el INEM fuera tan ágil como Hacienda o Tráfico a la hora de recaudar!

Con trabajo podremos, peor o mejor, pagar una hipoteca, pero sin él… 

 

 

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