800px-homenaje_a_alfonsc3adnLos promotores piden que no se les desprecie, que van a aportar un 8% del PIB de este país. Desde que se quiere incluir el tráfico de drogas, la prostitución y el contrabando no se puede despreciar a nadie. Y es que el hecho de sufrir los excesos de una de las últimas burbujas no lleva emparejado el desprecio. Los que son despreciados son aquellos que intentan que no les embargue y se van del banco con la cabeza cabizbaja y las llaves de su casa en el despacho del director. O aquellos que cuando leen una oferta de trabajo que les encaja se quedan cariacontecidos cuando al final leen la dichosa frase de “abstenerse mayores de 40 años”. O los que se quedan con la cara pálida cuando el banco no les renueva la póliza en vigor, aunque les ofrezca otra por la mitad del importe y al doble del precio; o los que han tenido que cerrar su negocio de toda la vida sin tener nada que ver con el ladrillo ni con la construcción.

 

A los que se desprecia es a aquellos que han hecho que la especulación contribuya desmesuradamente al PIB del país, aquellos que se han hecho de oro sin poner un duro, a base de “pases” (no dejéis de leer el articulo, merece la pena aunque sea antiguo) que hasta el mismo Messi envidiaría, que han hecho “negocios” y si van mal, “ya se los quedará el banco” y que ahora lloran al gobierno para que les ayude.

 

Pero sobre todo merecen mi respeto aquellos promotores que han hecho bien sus deberes, que han hecho del ladrillo su medio de vida, su negocio en el mejor sentido de la palabra, que han estado a las duras y a las maduras, que han arriesgado y arriesgan sus dineros y que ahora sufren las consecuencias de unos cuantos oportunistas que vendían pesetas a duros con dinero ajeno. Aquellos merecen mi respeto y mi admiración. Estos últimos, no.

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