800px-casa_de_medrano_28argamasilla_de_alba29Alguno de los lectores hace una mención sobre las hipotecas que no se dedican a la compra de vivienda. Cuando queremos una comprar una lámpara, el proceso es más fácil, nos vamos al lamparero, le soltamos 10, 20, 30 o 40 euros y nos llevamos una lámpara a nuestra casa. Pero la vivienda, tal como la entendemos, se trata de un bien inmueble (que no se puede mover, aunque suba más que el spútnik) y que puede durar varias generaciones. Hace muchos años en España, y aún en la actualidad en muchas partes del mundo, cuando quieres una vivienda te buscas un trozo de tierra (selva, pradera, etc.) sin propietario “definido”, te consigues unas cuantas palmeras que conviertes en listones y te haces una cabaña para casi toda la vida o bien tiras de adobe y te haces una choza con todas las comodidades (me considero de los afortunados que han visto nacer una ciudad en mitad de ninguna parte). Y en muchos otros sitios, es común comprarse un terreno e irse haciendo la vivienda de a poco, en 3, 5 o 10 años.  

 

Pero esta sociedad occidental es cada vez más compleja, y las garantías personales ya no bastan. Si quieres un bien duradero y no tienes el dinero tienes que pedir un préstamo con garantía hipotecaria que le garantice al acreedor que va a recibir hasta el último céntimo. Hace unos cuantos posts, nuestro querido Ladrillez reflexionaba sobre las hipotecas como contrato abusivo. El problema no es si se dedica o no a la vivienda sino la dificultad en devolver un préstamo tan elevado, en un plazo tan largo y la especulación que se hace con todo lo que existe sobre el planeta: el suelo, el cemento, las acciones, el petróleo, el acero, los tipos de interés, etc., etc. etc… Son muchos los que abogan por que la garantía hipotecaria se limite exclusivamente al bien hipotecado, y si no pagas, que se queden con la casa, pero dando por cancelada la totalidad de la deuda. Así consigues que si la deuda pendiente es inferior al valor de tasación de la hipoteca, puedas cancelar la deuda a cambio de la casa, pues el banco ya ha cobrado intereses y una parte del capital. Pero nuestro sistema legal, y no hablo sólo del español, sino del “occidental”, prima las garantías del acreedor así como consagra la moralidad del interés, algo que ha sido cuestionado durante siglos.  

 

Podéis hacer una simulación y calcular lo que gana el banco si de una hipoteca a 30 años, se deja de pagar a la mitad y se queda con el bien. Y al cabo de los siglos, lo único que permanece es el suelo, pues del resto sólo quedan cenizas. No es tan mal idea lo de las casas cueva. Esas si que duran.