¿Quién tuviera un martillo?

¿Quién tuviera un martillo?

La OIT define el dialogo social como el conjunto “de negociaciones y consultas - e incluso el mero intercambio de información - entre representantes de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores sobre temas de interés común relativos a las políticas económicas y sociales. La definición y el concepto de diálogo social varían en función del país o de la región de que se trate y no tienen todavía una formulación definitiva”.

Pero detrás de las definiciones académicas están los intereses espurios de los actores; lo que esta por ver es quién paga la factura de todos los platos que se han roto desde que a algunos les dio por vender hipotecas basuras y hacer magnificas urbanizaciones donde antes sólo había un pedregal estéril.

Entre las víctimas están los más de 4 millones de parados y las miles de empresas y autónomos que han tenido que cerrar. Pero para cortar esta sangría y reformar el mercado laboral (que creo que es una necesidad imperiosa) hay que soltar pasta, mucha pasta (puede rondar los 18.000 millones de euros). Y éste es el quid de la cuestión. Menos cotizaciones sociales de la empresa o menos impuestos o menos indemnizaciones es más beneficio para ellas, al menos en teoría, que según defiende la CEOE serviría para que emplearan mas trabajadores. Pero tanto las cotizaciones sociales como los impuestos para la empresa son más caros en España que para nuestros socios europeos. Luego la alternativa es que la factura la paguen los trabajadores, aumentando sus cotizaciones. Por que la tercera alternativa es la que no quiere nadie, poner en peligro el sistema de pensiones, uno de los pilares básicos del estado del bienestar. Y al final, si el estado pone el dinero, es dinero que sale de nuestros bolsillos o del de nuestros hijos.

Por el camino, además, se quedará mucho dinero en cursos, formación, subvenciones y los demás colaterales del empleo, que ya sabemos quien los gestiona o imparte y dónde se quedan los dineros. Y eso da de comer a mucha gente, lo que no se sabe muy bien es si son mileuristas o tresmileuristas.

Así que agarraos los machos, que esta factura va a salir mucho más cara de lo previsto. Más de uno tendrá que hipotecar o rehipotecar la casa para salir adelante. Quizá, si los sindicatos o los partidos políticos no recibieran dinero de las asignaciones presupuestarias, no haría falta que todos nos quedásemos a fregar los platos. ¿O no?

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