388px-simone_martini_043Ya que la lotería no se ha dignado llamar a mi puerta, volvemos a celebrar el día de la salud ¡Y que dure!. Muchas felicidades a los agraciados que se han librado de contratar una hipoteca, patearse los bancos, pelearse con unos y con otros para arañar unos puntos básicos al euribor (y que con mucha buena suerte se quede en un 0,50 o menos), leer y releer webs sobre préstamos hipotecarios, hipotecas multidivisas, el registro de la propiedad (que no el mercantil, aunque antes de comprar merece darse una vuelta por éste para ver los balances de la promotora), el notario, la comisión de apertura, de cancelación o de modificación, los diferenciales, los periodos de revisión y todos los demás palabros que podéis encontrar en el magnífico (por que lo es) diccionario de este blog.

 

Y es que si algo tiene de bueno la lotería es poder darnos el lujazo de soñar, y de soñar gratis –que no es poco-, con todo lo que podríamos hacer con unos cuantos milloncejos en nuestro bolsillo (o en el banco, que para eso están). Y la cara se nos descongestiona y nos aparece una sonrisilla de felicidad que en muchos casos corresponde más a los males que nos quitamos de encima que a los bienes que están por venir. Y el efecto terapéutico de poder librarnos de estos agobios, aunque sea por una horas, y, quien sabe, quizás días o semanas, es realmente aliviador. ¡Que por lo menos nos dure hasta el año que viene!

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