Durante algún tiempo me he estado preguntando donde estará el dinero que antes fluía por doquier. Esta claro que los bancos siguen funcionando y dando sus hipotecas, pero es bien cierto que ahora las miran con lupa y no las dan con la alegría que las daban hace unos pocos años. Como me decía un buen amigo, director de una sucursal bancaria, hace no mucho tiempo: “prefiero dar 10 hipotecas de 100.000 euros que una de 1.000.000”. El razonamiento parece bastante claro, el riesgo se reduce en tiempos difíciles y se pueden seleccionar operaciones con distintas rentabilidades. El problema viene ahora por otro lado: ¿Quién encuentra una vivienda por 100.000 euros?

 

Parece que aun queda mucho recorrido para ajustar la oferta y la demanda. Los “inversores inmobiliarios” (por no utilizar otros términos) prácticamente han desaparecido (¡ y en la bolsa no están!) Los extranjeros hace ya mucho tiempo que han dejado de invertir en la costa y eso que este país sigue teniendo atractivos innumerables para los extranjeros, bien sean nórdicos o subsaharianos, para tener una vejez tranquila y soleada o para seguir buscándose la vida en mejores condiciones que en sus países de origen.

 

Pero la demanda sigue estando ahí: quedan muchos jóvenes sin vivienda que no han podido acceder a ella durante los tiempos del boom inmobiliario, los inmigrantes siguen necesitando una casa donde no yacer hacinados y seguimos disfrutando de todos los atractivos para que alemanes, ingleses o finlandeses puedan instalarse aquí, mientras el cambio climático no nos cambie demasiado las condiciones.

 

Parece claro que hasta que la vivienda no alcance los 100.000 euros o los bancos no estén dispuestos a dar un poco más, el mercado seguirá parado y entonces, ¿Quién tirará de la economía? Seguiremos buscando la pista del dinero…

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