800px-stapel_bakstenen_-_pile_of_bricks_2005_fruggoLa apuesta por el gobierno para sustituir el ladrillo por sectores más sostenibles y menos dañinos es la I+D+I. Pero el proceso de construcción de una casa, una urbanización o un campo de golf no es dañino en si mismo. Es un caso similar al del automóvil: ¿Qué es más caro? ¿Comprarlo o mantenerlo? Y me explico.

 

Una vez aprobados los estudios y los planos correspondientes, los consumos de materiales y recursos (agua, luz, etc.) no son muy elevados. Los posibles “destrozos” que puedan producirse serán, probablemente, reparados en las fases finales de la obra. El problema viene cuando la construcción comienza su utilidad. Es decir, cuando empiezan a llegar inquilinos o propietarios o cuando empieza a utilizarse el campo de golf. Es en ese momento cuando se disparan los consumos de luz, agua, etc. y con ellos la emisión de contaminantes: que no es sólo la basura, sino los derivados de producir la luz, las aguas residuales y lo que queráis.

 

Con la nueva legislación, que quiere introducir métodos más eficaces de aprovechamiento de recursos, se quiere potenciar el uso de las energías renovables, sobre todo en lo que es suministro eléctrico (luz, agua caliente, etc.) pero estas modificaciones se repercuten en el precio final de la vivienda, cuya subida se estima en un 1% respecto al precio final.

 

Y mientras nos orientamos hacía el urbanismo sostenible, gastamos las energías demoliendo chiringuitos en la playa pero no nos atrevemos con los hoteles, residencias y urbanizaciones que incumplen la ley de costas o las que no están en espacios protegidos. Ni con aquellas construcciones polémicas que llevan años denunciadas y fuera de la ley. ¿Qué tendrán unos que no tengan los otros?

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