Se acogieron al procedimiento concursal y no les fue mal del todo...

Se acogieron al procedimiento concursal y no les fue mal del todo...

De momento el Euríbor sigue bajando y marca nuevos mínimos, y eso aquí nos da ganas de hacer la ola, como poco. No obstante, hay muchas familias, más cada vez, que no pueden hacer frente al pago de su hipoteca porque alguno de sus miembros, o todos, han perdido en su empleo.
En esos casos, además de encomendarse al santo preferido, hay varias salidas prácticas. La primera pasa por convencer al banco de que le interesa más esperar, y darnos un tiempo de gracia, que embargarnos el piso y verse luego subastándolo y provisionando nuestra insolvencia en su cuenta de resultados. Se le puede pedir al banco que durante un tiempo nos cobre sólo los intereses, o alargar el plazo de la hipoteca para que las cuotas sean asumibles.
Si el asunto es que no tenemos ingresos, entonces es muy poco lo que podemos negociar con el banco, pero no todo está perdido. Nos queda la quiebra:
Hasta no hace mucho tiempo, concretamente hasta 2004, solamente podían acogerse a la quiebra (o procedimiento concursal como le llaman los finos) las empresas, pero desde que fue publicada en el BOE la ley concursal, también las familias pueden acogerse a la quiebra.
Nuestro oído está acostumbrado a equiparar la palabra quiebra con catástrofe, cuando en realidad se trata de un procedimiento de protección. Una vez que el juzgado inicia el proceso, no siguen sumándose los intereses, se paralizan todos los embargos, y los acreedores deben reunirse para examinar, bajo tutela judicial, el patrimonio del deudor y proponer una salida que a veces pasa por reducir la deuda o ampliar los plazos. Antes se le llamaba a esto convenios de quita y espera, pero ignoro si alguna lumbrera les ha inventado otro nombre.
O sea, que puede ser una salida interesante. Una salida de emergencia, eso sí, porque tiene costes importantes de papeleo (economistas, abogados, procuradores, etc…)  y supone que nos nombrarán un administrador que vigiilará nuestras cuentas.
No es agradable, por supuesto, pero como dijo un famoso marino, en medio de un naufragio es mucho mejor una vaca muerta que un becerro de oro.

Sobre todo porque flota.

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