800px-schmetterling_1a_neuccLa vitalidad de la economía española pasa en gran parte por las PYMES y por los autónomos. Ser emprendedor no es tarea nada fácil. No solo te juegas tus dineros y tus ahorros, sino que tienes que lidiar con muchas facetas de un negocio en las que no eres un especialista. Por ejemplo, cualquier profesional tendrá que vérselas con todo un mundo más propio del derecho o de las finanzas. Sin embargo, los esfuerzos se concentran en salvar a las grandes empresas y aquellos sectores que pueden generar alarma social, pero una sangría, gota a gota como la que se produce con los autónomos, no alarma a nadie salvo a los allegados más cercanos.

 

El goteo de empresas, sobre todo promotoras y constructoras sigue siendo constante, pero el año pasado más de 85.000 autónomos tuvieron que cerrar su negocio, cifra que no anda muy lejos de los casi 100.000 trabajadores que se han visto afectados por un ERE en el mismo periodo. Quizá no nos afecte demasiado a nuestra hipoteca, pero son esas personas que nos proveen de pequeños artículos o servicios que todos necesitamos. ¿Qué ocurriría si nos quedáramos de repente sin pan, sin cartuchos para la impresora o sin carpinteros o fontaneros para arreglar nuestra casa? Y así podemos ir enumerando todos y cada uno de esos autónomos que nos hacen la vida mucho más agradable.

 

Nuestra sociedad es un extensa red intercomunicada en la que las decisiones de unos nos afectan a todos. Lo hemos visto con las grandes compañías pero nuestro miopía nos impide ver la enorme importancia que autónomos y PYMES tienen en nuestro bienestar.

 

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