800px-comedor_prosurgir_con_nic391osAbordar la reforma laboral en un post de este blog es materialmente imposible por cuestiones de tiempo y espacio pero si se pueden ir haciendo apuntes al respecto.

 

El primero es sobre la planificación del mercado laboral. Desde hace años, el sistema estadístico de los países de la OCDE es suficientemente potente para poder estimar razonablemente las curvas de población por rangos diferentes: sexo, edad, formación, etc. salvando lógicamente las variaciones “no controladas” como pueden ser los migrantes. De esta forma, por poner un ejemplo, podemos saber si dentro de 5, 10 o 20 años vamos a tener más o menos mayores de  5 o de 85 años (y el caso español lo conocéis sobradamente). Este ejercicio, relativamente simple, nos permite saber si vamos a necesitar gerontólogos o pediatras, guarderías o asilos de ancianos, biberones o dentaduras postizas.

 

Pero no sólo basta con saber el dato, también es necesario llevarlo a la practica y en eso se aprecia cierta incapacidad, a mi entender, por las siguientes razones: La primera, por que se supone que “la mano invisible del mercado” es capaz de ajustar por si misma la oferta y demanda de trabajo: de esta forma iremos eligiendo, según nuestras capacidades, nuestra carrera profesional (y no hablo de la universitaria) según vayamos viendo que profesiones tienen más salidas y cuales menos. Pero la formación de un pediatra o de un auxiliar de puericultura no se hace en un mes ni en cuatro años que dura el mandato electoral. De esta forma, los jóvenes van eligiendo según las salidas laborales previstas a corto plazo, y desde los estamentos públicos no se toman las medidas adecuadas en los plazos correspondientes. Por ejemplo, ahora se pretende sustituir el ladrillo por la I+D+I, pero para que funcione, los ingenieros que podrían hacer ahora estos proyectos tendrían que haber comenzado la carrera hace 10 o 12 años, y en eso momento los Numerus clausus estaban más pendientes de la cantidad de alumnos que había por aula y del presupuesto universitario que de las salidas profesionales que tendrían una década después y nos encontramos con que no tenemos ingenieros suficientes (aunque los españoles son muy buenos, todo hay que decirlo).

 

Y una segunda razón es que el reciente fenómeno migratorio hace que sea mucho más barato contratar profesionales extranjeros que españoles. Pero no caigamos en la demagogia de que los emigrantes nos quitan trabajo. El problema es que, de las posibles formas de mejorar la competitividad, parece que la única alternativa es tocando los salarios (planteamiento a corto plazo). Es lo que sucede con muchos médicos o investigadores, que después de años y de pagar un dineral (ellos y el Estado) sólo pueden irse al extranjero si quieren desarrollarse profesionalmente, cuando la opción sería aumentar la inversiones que permitieran hacerlo aquí. La formación es muy cara en todas sus facetas y cuando ya los tenemos formados, les dejamos con una mano delante y otra detrás.

 

Hablando de futbol, nos gastamos millonadas en contratar extranjeros y nos olvidamos de la cantera nacional mientras la Premier aprende español y nosotros portugués. Quizás, la salida más razonable sea el portuñol. Pero esta es mi opinión. ¿Y la vuestra?

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