Grasas intelectuales

Grasas intelectuales

La verdad, siendo serios, es que esta crisis ni es nueva, ni tiene características muy distintas a las de losaños ochenta, o incluso las posteriores, fomentadas por distintas burbujas como la de las puntocom.

La verdad, siendo sensatos, es que todas las crisis se basaban más o menos en lo mismo, o sea, en exceso de optimismo sobre los ingresos futuros y la capacidad para reembolsarse unos gastos o unas inversiones que vemos con buenos ojos porque nos molan. Y eso es especialmente claro en las democracias, donde el pueblo vota siempre a favor de que le den más, pensado que eso lo va a pagar San Pedro empeñando las llaves.

Quizás en esto último, y en lo que comentaremos luego, este la clave de los batacazos periódicos que nos metemos.

Por una parte, los que votan no son los mismos que los que pagan, y ahí se ara el lío. Los sistemas impositivos de las democracias conducen a que la mayoría de los votos están concentrados en gente que tiene poco, y que por tanto desea que la sanidad, la educación y otros servicios sean gratuitos. Lo desean de manera legítima y de manera igualmente legítima votan a cualquiera que les prometa darles algo a cambio de poco o de nada. Todos lo haríamos. Por otro lado, se exige que el que más tiene pague más, y a veces esto se acompaña retirándole derechos al que más paga, como por ejemplo obligándole a pagar por la defensa jurídica o haciendo que sus hijos vayan a colegios más lejanos pues los pobres tienen preferencia a la hora de elegir centro.

La mezcla final es explosiva: los que tienen poco están encantados con este sistema de solidaridad forzosa y los que tienen más procuran largarse a otra parte o esconder lo suyo para que no les sangren. Y el Estado se encuentra con un montón de gastos comprometidos y sin ingresos con que pagarlos. Y empieza la ruina.

El otro hecho que nos perjudica es la rápida rotación de los técnicos económicos. En economía, resulta que si te va bien ganas muchísimo dinero, y te jubilas, y si te va mal, te dan la patada en menos de lo que canta un gallo. Por esa razón, la mayor parte de los responsables económicos tienen muchos años pero poca experiencia. ¿Quiénes quedan en activo de los que torearon la crisis del noventa y tres? ¿quiénes quedan en activo de los que torearon las crisis de los ochenta? Lo cierto es que nadie o casi nadie, porque están jubilados todos, ya sea por hacerlo bien o por hacerlo mal.

De este modo, resulta que siempre acabamos en manos de novatos: gente que con sesenta años es la primera vez que se enfrenta a hechos que, aunque repetidos de sobra, ellos no han visto nunca.

Júntese esto con lo anterior y se verá entones por qué estamos como estamos: la soluciones conocidas se rechazan en las urnas, y los que pueden aplicarlas no están en los puestos donde podrían hacerlo. Una buena tormenta…

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