800px-ancianos_11Desde muy temprano, el trabajo voluntario se ha venido realizando allí dónde no llegaba el Estado, pero en su evolución han ido incorporándose muchas otras facetas como puede ser la de hacer de contrapoder y de vigilar o denunciar a aquellos que lo tienen si no usan bien. Hay facetas del voluntariado que por si misma no quitan mano de obra (enviar una carta de denuncia, por ejemplo), pero hay otras que merecen una seria reflexión que muchas veces pasamos por alto.

Que reconforta personalmente todos lo sabemos, es una de las aspiraciones básicas del ser humano. ¿Pero no reconfortaría igualmente saber que esos niños pueden ir al colegio seguros por que un profesional ha conseguido un puesto de trabajo gracias a nuestra presión, lobby o como querías llamarlo? El análisis crítico de nuestras acciones lo pasamos por alto muchas veces precisamente por eso, por que nos reconforta y nos evita tener que llegar a conclusiones que muchas veces no queremos. Y de esta manera no somos conscientes de que vivimos en un mundo complejo en el que pedimos responsabilidades al Estado y para eso pagamos nuestros impuestos. Que la gente haga con su dinero lo que quiera, dárselo a una ONG o pegarse la vuelta al mundo en globo. Pero que las administraciones públicas promuevan el voluntariado es un engaño que nos seduce. Entre otras cosas, por que con el dinero que cuesta esa consejería se pueden contratar técnicos que hagan su labor de forma profesional, que no es poco y adicionalmente se crea empleo, que es mucho. Y también reconforta, y mucho, tener un trabajo. Y si no que se lo pregunten a los parados. Y muchas empresas dedican esfuerzos y dineros a promover el voluntariado entre sus trabajadores, sin pedir un duro ni una subvención.

¿Alguien puede imaginarse que pasaría si todos fuéramos voluntarios? ¿Quíen nos daría de comer? ¿Quién pagaría las jubilaciones? Por que querámoslo o no, también tienen que vivir, y muchos lo hacen a costa de sus propios ahorros (lo cual me parece muy loable) pero otros muchos lo hacen a costa del erario público, es decir de nuestros impuestos. Sí un jubilado hace un trabajo voluntario que puede hacer un profesional, es un puesto de trabajo menos, y si lo hace un prejubilado, son dos. En una época en la que se cuestionan la edad de jubilación, las prejubilaciones anticipadas y en la que el paro hace estragos en nuestra sociedad, reflexionar sobre el impacto de nuestras acciones es un ejercicio que deberíamos hacer muy a menudo. No es lo mismo ser solidario que voluntario, sobre todo habiendo un sueldo por medio.

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