Bache que apereció un día de estso en nuestro sistema económico.

Bache que apereció un día de estso en nuestro sistema económico.

Hoy empiezo una pequeña serie, que no será continua, sino salteada, sobre los maravillosos agujeros que arratonan el tejido de nuestra sociedad. Como estamos en un blog de hipotecas, quiero comenzar por los modos de obtener las VPO, dejando a un lado los compincheos, compadreos, cohechos y otros delitos que ya aparecen directamente en el Código Penal.

El sorteo de las VPO es algo que nos parece a todos injusto, pero seguro que empezaréis a pensar que es una maravilla en cuanto sepáis algo más de este otro sistema.

Como sabéis, y es de risa, una VPO tiene que conservar su régimen de vivienda protegida durante una serie de años y después pasa a ser libre. Este periodo puede ser de 30 años (las de la Ley de 1978) o de quince o veinte años, con la nueva legislación.

Bien, pues con esas mimbres, existe esta posibilidad:

Un ciudadano, al que llamaremos Pepe, se ve agraciado con una VPO. Lo celebra por todo lo alto, va a hacer su escritura, su hipoteca, y cumple con todos los demás sacramentos hipotecarios. Por tanto, la vivienda es suya, y la administración que se la concedió se olvida de él, considerándolo un agraciado del sistema y un sujeto pasivo de la solidaridad común.

Pues ahora Pepe, se puede ir a vivir a esa vivienda, o dejársela para un hijo mientras estudia la carrera, porque Pepe vive en un pueblo, pero le venía muy bien el piso en la capital para que el saliesen más baratos los estudios del hijo.

El hijo de Pepe acababa la carrera a los cinco años, y Pepe decide deshacerse de la vivienda. Pero como no puede venderla a cualquiera ni por encima del precio máximo, recurre a otro sistema: deja de pagar las cuotas de la hipoteca, el banco se la embarga, y la subasta.

¿Y qué pasa en la subasta? Pues que a esas subastas van como locos montones de inversores, sociedades y gente de todo tipo, porque es el modo de hacerse con una Vivienda de Protección Oficial sin cumplir ningún requisito.

Pepe contento, porque la vivienda va a alcanzar un precio con el que pagará toda la deuda del banco, y le quedará mucho dinero para el bolsillo, tanto o más del que ha puesto. La vivienda le ha salido gratis y hasta puede haberle dejado un buen beneficio en algunos casos, pues el Estado controla las transmisiones, pero no las subastas judiciales.

Y el comprador contentísimo, porque sin cumplir ningún requisito se ha hecho con una vivienda social que en unos años será libre y podrá venderla a precio de oro.

Los únicos que nos quedamos con cara de tontos somos los demás, pero como ya estamos acostumbrados, pues no pasa nada.

¿A que sí?

 

 

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