Pobre niño: no se dio cuenta de que era una inocentada.

Pobre niño: no se dio cuenta de que era una inocentada.

Este es, por fin, el último fallo sistémico del capitalismo del que voy a hablar. Queda un detalle al que dedicaré un artículo entero, pero con esto terminamos la serie dedicada a analizar el sistema económico capitalista.

Las externalidades son los efectos no compensados de las actividades económicas de unos en las actividades de otros o en el capital social de la comunidad entera. Suena tremendo, ¿eh? Pero tranquilos, que intento explicarlo.

En la economía capitalista los precios se ajustan por el mecanismo de la oferta y la demanda. Pero resulta que lo que hacemos tiene a veces efectos colaterales que nadie paga, y que al final van a recaer en todos nosotros, o en quien no tiene nada que ver con el asunto. Como ejemplo de andar por por casa, un bar de copas: el dueño del bar vende las copas al precio que puede, paga sus impuestos y se considera un buen ciudadano. Bien.

Pero resulta que cierra a las cuatro y media de la mañana y hace ruido. El ruido del bar de copas molesta a los vecinos, que pierden horas de sueño, y bajan su productividad como trabajadores. Y algunos clientes, borrachos, al salir, gritan, rompen las papeleras, hacen pintadas o mean por las calles. La actividad del bar de copas, por tanto, tiene grandes externalidades, que si debiese pagar él en vez de todos, haría que su negocio no fuese tan rentable o que tuviese que vender las copas a diez veces más de lo que las vende.

Lo mismo puede pasar con una mina, o una fábrica, o con el simple uso del coche: generan contaminación, riesgos y gastos de dinero, espacio y recursos que pagamos todos, y no sólo sus propietarios.

Con el tiempo, estos costes ocultos se acumulan desvirtuando el sistema capitalista, pues si cada cual paga lo suyo no hay quien pague estas externalidades. El beneficio económico de muchas actividades es superior al que debería ser, y el coste de muchos productos y servicios, inferior a su coste real. Esto suelen obviarlo los liberales, que creen que cada cual debe pagarse lo suyo. En general, estoy de acuerdo con ellos en algunas cosas, pero me pregunto quién cuida de las playas si el hotel costero cobra la habitación y el turista se limita a pagarla.

Al final, resulta que hay una serie de costes que se acumulan y que nadie paga, o que paga el que no le corresponde, por lo que la capacidad y la habilidad para escaparse del pago de esos costes y que otro los pague por ti acaba siendo determinante para ser competitivo en los precios de tus productos o en lo que gastas en tus compras.

La conclusión es evidente: el sistema de fijación de precios por la oferta y la demanda tiene un grave problema: hay cosas que todos el mundo gasta, pero nadie paga y eso distorsiona tanto la oferta como la demanda, lo que es un grave, gravísimo problema del capitalismo.

 

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