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La banca pública desahucia más y mejor

Consejo de administración de un banco público.

Consejo de administración de un banco público.

Contra lo que algunos pensaban, el hecho e que varios bancos y cajas haya pasado a manos públicas no ha supuesto una paralización de los desahucios, ni mucho menos.

Bankia, por ejemplo, que es la suma de varias cajas de ahorros, sigue batiendo records  con su política de poner en la calle a los hipotecados morosos al tiempo que prepara una gran subasta de viviendas con descuentos de hasta el 60 %.

Todo esto puede sonar en principio incomprensible, pero tiene su explicación, y por eso le dedico un artículo, aunque sólo sea para que algunos habitantes del país de la piruleta entren en contacto con la realidad.

En primer lugar, la banca pública española procede de la fusión de otras entidades que también eran de titularidad pública o se regían al menos pro el derecho público. En e caso de Bankia, las entidades que la formaron fueron Caja Madrid , Bancaja,  La Caja de Canarias, Caixa Laietana, Caja Rioja, Caja Ávila y Caja Segovia. O sea, todo cajas y todas públicas. Esto significa que las viviendas que están en sus manos tienen que producir algo, lo que sea, o serán los impositores de esas cajas, o todos los españoles, vía impuestos, los que apechuguen con el mochuelo. No hay accionistas a los que decir que se joroben y palmen. Los accionistas éramos nosotros antes de la nacionalización y somos nosotros después.

En segundo lugar, soy el primero en pedir que se dé una solución a la problemática social que se genera cada vez que una hipoteca acaba en desahucio, pero esa solución no puede darla la banca, y menos cuando actúa en nombre de todos. Un banco privado puede permitirse la obra de caridad, o el acto de publicidad, de perdonar un de esas hipotecas o convertirlas en alquileres sociales, pero un banco público, en un Estado de derecho, no puede permitirse nunca semejante cosa, por el principio de buena gestión  e igualdad ante la ley.  Por eso precisamente eran tan duras las dictaduras socialistas: porque decían actuar en nombre de la sociedad.

La solución, por tanto,  los problemas de los hipotecados que no pueden pagar, tendrá que venir desde el ministerio de asuntos sociales, o de algún organismo semejante, pero nunca de una banca que es de todos, mientras en Europa nos miran a ver si cumplimos con las mínimas normas de seriedad en la gestión de lo que es de todos.

Es lo que hay.

¿Alquiler social o una tía soltera?

Según cómo lo mires...

Según cómo lo mires...

La mayor parte de las reivindicaciones sociales que escuchamos en los últimos tiempos son totalmente justas, pero me parece que nacen viciadas de una absoluta falta de capacidad para explicarlas, lo que las descalifica desde el punto de salida, con el consiguiente perjuicio para quienes realmente necesitan la ayuda de todos.

En los ilusionantes comienzos del movimiento 15M participé en alguna asamblea y aún recuerdo que algunas de las principales reivindicaciones que se planteaban eran la creación de una banca pública y la implantación de alquileres sociales que sustituyesen a las draconianas hipotecas. Se trataba, en suma, de crear una especie de mutualidad en la que todos nos hiciésemos un poco responsables de la suerte del vecino y no hubiese sonado mal del todo de no ser por un detalle contradictorio: por una parte se pedía que se restase poder a los políticos y por otra se querían poner aún más entidades dinero y poder en manos de los políticos, que son los que gestionan lo público.

Al final, como el tiempo tiene estas cosas, la banca pública, amigos, resultó ser Bankia, que es lo obtenido por la fusión de varias cajas de ahorros, públicas todas, con la fabulosa idea desde que varias cajas en quiebra sumarían un banco sano. La banca pública resultó un agujero de miles de millones impulsado por Zapatero, no fiscalizado por Fernández Ordóñez y dirigido por Rodrigo Rato. O dicho de otro modo: que el problema no estaba en el color de quién moviese el invento, sino en la propia naturaleza del invento en sí.

Luego hemos tenido que seguir escuchando que eso no es una banca pública, porque la banca pública, como los alquileres sociales, deben ser un mecanismo de solidaridad que da dinero al que lo necesita, ayuda a las familias a llegar a fin de mes y no promueve desahucios. ¿Un banco que presta dinero pero no lo exige? ¿Un casero que se espera tranquilamente a que tengas dinero, o ganas, para pagar el alquiler?

Esos tíos, por supuesto, ni quieren alquileres sociales ni banca pública. Lo que quieren es una tía soltera y multimillonaria a al que baste llorarle un poco para que afloje la cartera.

Pero resulta que la cartera es la mía, y me opongo.