
Más vale tarde que nunca, dijo el náufrago al encontrar un salvavidas en el fondo del mar...
Tres años y medio hace que se aprobó el Estatuto de Cataluña y otro tanto, más o menos, que se presentó recurso de inconstitucionalidad contra algunos, muchos de sus artículos.
No entro, porque no es mi competencia y no sé lo bastante del tema, en si el Estatuto es constitucional o no, ni en si tienen razón los que los atacan o los que lo defienden. Francamente, me es igual en este momento: sólo uso el caso como ejemplo.
Lo que sí quisiera haceros notar es que en estos tres años y medio mucha gente ha estado pendiente de si las leyes y normas aprobadas después como desarrollo de ese estatuto son válidas o no; en tres años y medio se han hecho y deshecho muchas cosas, mientras el Tribunal Constitucional, nadie sabe por qué, espera, dilata, alarga y eterniza su decisión. Si los magistrados que forman el Alto Tribunal se saben la Constitución, y lo doy por sentado, ¿hacen falta tres años para reunirse y votar lo que sea? , ¿A qué esperan?, ¿por qué esperan?, ¿se debe a causas jurídicas este retraso?
Os dejo a vosotros las respuestas, pero si nuestro máximo tribunal se comporta con semejante abandono, dejadez y desvergüenza, ¿qué no harán los demás?
La falta de seguridad jurídica y el uso de los tribunales como arenas movedizas donde atascarlo todo es, sin duda, uno de los peores agujeros que tenemos en la estructura de España.
Cuando se supone que vives en un Estado de Derecho y los tribunales se convierten en purgatorios donde el que tiene dinero, se lo queda y el que tiene razón espera eternamente a que le paguen, el país no puede funcionar de ningún modo.
Cuando cobrar una deuda es tan largo y arriesgado como embarcarse para Filipinas, no vale la pena emprender un negocio. Es mucho mejor ser un chorizo y vivir de lo ajeno, y dentro de ocho, o diez años, ya se verá. Si aún vive la víctima y le quedan ganas de seguir el pleito.
Cuando los derechos y libertades que deben garantizar los tribunales quedan en suspenso durante años, y van o vienen al aire que sople en las alturas, los ciudadanos acaban por buscarse sus propios modos de supervivencia al margen de la ley: el que tiene una casa, no la alquila; el que tiene dinero, lo esconde, y el que no tiene nada más que su inteligencia y su esfuerzo, revienta como un perro mientras se ríen de él los mismos que lo apalean.
El retraso en la justicia es un premio al culpable y una penalización al inocente. El culpable que puede seguir delinquiendo mientras lo juzgan y no, se frota las manos; y el inocente que no ve reconocida su inocencia sufre doblemente. El retraso favorece al que tira la piedra, al que empuña el cuchillo o la pistola, al que da una bofetada en vez de una razón, mientras el ciudadano honrado, si no quyiere tomarse la justicia por su mano, se queda con la perdrada, con el tiro o el navajazo, o con la bofetada, esperando años y años que se restablezca la legitimidad.
Desde el juicio por una indemnización de tráfico, al proceso por triple asesinato, todo es la misma broma: retrasos, dilaciones, mangoneos, recursos inacabables del que tiene con qué pagarse los abogados y llanto y crujir de dientes del que no tiene más remedio que esperar.
Y yo os pregunto: ¿no sería mejor un sistema un poco menos garantista peor más rápido?, ¿No es mejor una decisión regular a tiempo que una buena demasiado tarde?, ¿y por qué va a ser mejor la decisión que se toma tarde?
Si hemos dejado de confiar en los políticos y no podemos confiar tampoco en la Justicia, ¿qué nos queda?
Paso de dar ideas.










