
Paloma preparándose para hacer valer sus reivindicaciones a través de un mecanismo distinto al de la escasez.
Dentro de la serie dedicada a los fallos del capitalismo, hoy vamos a hablar del poder de la escasez, que es un concepto bastante difuso, pero que voy a tratar de acercar para que lo discutamos un poco entre todos.
El poder de la escasez es la capacidad de una empresa o individuo de poner trabas a otros para que entren en su mercado. El poder de la escasez consiste en la capacidad de crear mercados o productos capturados, o de menguar la libertad de los consumidores para negociar, de modo que tengan que hacer lo que la otra parte ordene y mande.
Suponed que en el mundo sólo hay tres sellos de correos en los que la reina de Inglaterra aparece con un parche de pirata en el ojo. Son una rareza y se cotizan a quinientos mil euros cada uno. Si un sólo comprador consigue hacerse con los tres y quema dos de ellos, no habrá quemado un millón de euros, sino que habrá ganado mucho dinero, porque el que queda, único, valdrá mucho más que la suma de los tres anteriores.
Esto es sólo un ejemplo para entender el concepto, pero en la vida diaria los casos más típicos son aquellos negocios sujetos a concesión administrativa, que disfrutan de un poder de la escasez que los convierte en mucho más rentables de lo que serían en realidad si cualquiera pudiese hacerles libremente la competencia. ¿Ejemplos? El taxi, el estanco, y la farmacia.
A menudo las regulaciones del sistema capitalista no van dirigidas a incrementar la cantidad de información de la que disponen productores y compradores, sino a limitarla, y más claramente aún, a limitar las opciones de respuesta, de modo que crece el margen de maniobra de una parte reduciendo el de la otra.
En el mundo de la vivienda y la hipoteca existe una paradoja de este tipo: la de las zonas verdes. A menudo creemos que el hecho de que se reserven grandes zonas de una nueva organización para parques y jardines obedece al deseo de las autoridades de mejorar la el entorno, pero en ese caso debería parecernos sospechoso lo poco que protestan los dueños de los solares ante esas imposiciones.
Lo cierto es que cada metro cuadrado de jardines encarece el metro cuadrado edificable muy por encima de lo que el propietario pierde al renunciar a ese metro, aumentando su poder de escasez sobre esa parte de la ciudad.
Otro caso son los títulos académicos para todos: parece positivo que la gratuidad se generalice, pero eso hace que los títulos se devalúen de modo que el título que verdaderamente distingue y permite obtener el puesto deseado es uno que queda fuera ya del talento del estudiante y depende del dinero del que dispongan él o su familia para obtenerlo.
La frecuencia y la facilidad con que se crean regulaciones que aparentemente benefician al ciudadano, pero que en realidad sirven sobre todo para generar poder de escasez en favor de unos pocos, hace que esta faceta sea particularmente engañosa y proclive a la demagogia.
El peligro añadido, al margen de la administración, estriba en lo rentable que pueder ser para una industria comprar a los productores de la competencia simplemente para cerrarlos y quedarse con sus patentes, marcas y derechos, aumentando el precio de sus productos. Y es que, cuando destruir algo, sea un sello, una fábrica o un empleo, es rentable y crea riqueza, hay algo mal en el sistema.
P.S:
Permitidme, para acabar, una gran pregunta: ¿creéis que cada cosa tiene un valor, independientemente de su precio, o no?