
Un día la democracia se rebeló contra sus chulos y....
Se supone que los hipotecados vamos adquiriendo desconfianza con el tiempo, pero quizás lo mío sea excesivo. De todos modos, no me privo hoy de contaros por dónde creo que van los tiros en la vida política y económica de este país nuestro. Y espero que me deis vuestra opinión sobre si me lo hago mirar o no, o sdi le puedo echar la culpa a la hipoteca o es de otra cosa.
Empiezo a sospechar que nos encontramos España ante la expresión más visible de la famosa doctrina del cincuenta coma uno: cualquier partido que obtenga un menor porcentaje de votos, junto a sus aliados, no gobierna. Pero ojo: todo lo que sea obtener más del cincuenta coma uno por ciento de los votos demuestra que el gobernante es malo e ineficiente, porque ha favorecido a más gente de la estrictamente necesaria para mantenerse en el poder.
La doctrina del cincuenta coma uno está pensada para perpetuarse: gastar lo de todos en satisfacer exactamente a los que te pueden mantener en el gobierno. Si gastas menos, pierdes y te marchas, pero todos los votos que obtengas de más, significan dinero desperdiciado que has quitado a los tuyos de las manos para repartirlo sin ton ni son entre gente que no tenía por qué recibir nada.
En un país sano, los ciudadanos de todas las sensibilidades políticas se opondrían a este sistema, convencidos de que el bienestar general depende de que haya oportunidades para todos. Pero aquí no. Aquí estamos ante lo que con tanta claridad explicaba Adolfo Hitler, un político que algo sabía sobre manejar a las masas: que la victoria de lo propio satisface al pueblo, pero no tanto como la destrucción del contrario. Aquí estamos ante el madridista que sólo quiere saber si ha perdido el Barça y le da igual lo que hayan hecho los suyos. Estamos ante la aniquilación del adversario político, a costa de cualquier pacto, de cualquier componenda, de una trapisonda cualquiera que pase por encima de la ley, el sentido común o el futuro de las personas.
Aquí se reparte la caja entre los afines para garantizarse una cifra suficiente de votos, y el resto a pagar. Se crean peonadas, subsidios, puestos vitalicios y lo que haga falta para llegar a ese cincuenta coma uno, y el resto, que pague y que calle, porque igual vota el que trabaja que el que se rasca la panza. Aquí se pacta con partidos que presumen públicamente de odiar a España; se pacta con partidos que no condenan los asesinatos; se pacta con partidos que hablan de expropiarnos a todos los ahorros, y a todo el mundo le parece normal.
Aquí pasa todo esto, y más, porque creemos que la democracia es un sistema donde se disparan porcentajes, se bombardea con cifras, se ametralla con mayorías y se sepulta a los contrarios con arbitrariedades.
Y el dinero público no es de todos: es de los que ganan y se usa para seguir ganando.
Ahora haced conmigo la suma de los votos que necesita este gobierno para seguir gobernando a pesar de todo y entenderéis de sobra la financiación autonómica, los presupuestos generales y el alucinante hecho de que el año pasado se contratase ciento y pico mil funcionarios más.
Lo entenderéis todo. ¿O no?
Y al final, cambiar de voto en España es como cambiar de camarote en el Titánic…












