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Hipoteca y anulación

Combate nulo

Combate nulo

Una de las cosas más difíciles de conseguir en España es saber cuales son las verdaderas intenciones de cualquier iniciativa, y si nos quedamos en la superficie de las cosas a menudo resulta que sólo vemos los colorines del decorado sin caer en la cuenta de que, tras una protesta, puede haber cualquier cosa, desde un intento de subversión a un asalto velado al poder, pasando por todas las tonalidades grises que ilustra cualquier manual de agitación .

Y si las intenciones son complicadas de averiguar, las consecuencias, a menudo, resultan más impredecibles.

La sentencia que anula una serie de cláusulas hipotecarias puede encontrarse en esta categoría. Por una parte, nos alegramos de que al fin se ponga coto a los abusos de posición dominante por parte de los bancos, pero por otra parte no nos queda más remedio que preguntarnos qué sucederá cuando algunos particulares empiecen a acogerse a esas cláusulas para solicitar la nulidad de la hipoteca.

Lo que está claro es que una cláusula nula no puede ser sólo invocada por una de las partes cuando mejor le convenga, sino que su nulidad es efectiva en ambas direcciones, y si los ciudadanos pueden solicitar la invalidez del contrato por incluir cláusulas nulas, esa nulidad, la misma, puede ser también solicitada por los bancos, y por la misma razón.

¿Y qué significa todo esto en la práctica? Pues no se sabe muy bien. Si Manolo le vendió una casa a Paco y el Banco Z concedió la hipoteca, ¿qué pasa si anulamos la hipoteca? Lo normal sería que Paco entregase la casa a Manolo y Manolo devolviese el dinero al banco, pero el principio de seguridad jurídica impide que se haga semejante cosa. Y el principio de seguridad jurídica es una cosa muy importante en España, tanto que, según el código civil, si un objeto se vendió de buena fe y en establecimiento en regla, no se deshace luego la operación aunque se descubra que se trata de un objeto robado.

Lo normal, por tanto, será que simplemente esas cláusulas pierdan validez, sin afectar a la integridad del contrato. Lo normal, una vez más, será que no pase nada y que las cláusulas abusivas dejen de firmarse en el futuro, lo que siempre será una buena, una magnífica noticia. En cuanto a la retroactividad de las leyes, sucederá como siempre: el peso de los hechos superará cualquier otra consideración y se acabará optando por dar validez jurídica a los hechos consumados, aunque sólo sea por no eternizarse en una serie de querellas sin salida posible.

Pero de ahí que puedan anularse contrato como algunos empiezan a decir, veo yo mucho camino.

Demasiado.

Hipoteca, alquiler y publicidad

Cartel MUY explícito.

Cartel MUY explícito.

Hablan en este otro blog, dedicado al fraude fiscal, de lo importante que sería que los pisos, tanto en venta como en alquiler, apareciesen anunciados obligatoriamente con sus precios correspondientes, y el caso es que después de leer el artículo no acabo de estar convencido del razonamiento.

Por una parte, es cierto que los precios que no se muestran se prestan a toda clase de chanchullos, como subidas de precio al ver la cara del cliente, o rechazo frontal dependiendo de la tonalidad de piel del solicitante. Es cierto también que el que se anuncia se compromete con el precio que muestra, igual que sucede en el resto de productos, y que desaparecerían unos cuantos alquileres en negro, de los que no se declaran o cambian de precio en cuanto olfatean una ayuda a los jóvenes o cualquier otra subvención. Pero por otro lado, no puedo menos que pensar que la obligatoriedad de publicar los precios haría aún más rígido el mercado de las hipotecas y de los alquileres, metiendo a la gente el temor en el cuerpo a negociar.

Porque si fuese completamente obligatorio publicar todos los precios, y esos precios pudiesen utilizarse como contrato, ¿quién se metería luego en negociaciones y a quién se le sacaría una rebaja? En los bienes de tan alto valor, la posibilidad de negociar sin cortapisas entre las dos partes es la mitad del negocio. Y además, la vivienda no es un bien homogéneo, como un coche o un teléfono móvil, que son todos iguales unos a otros si coinciden en marca y modelo. Las viviendas están en distintos barrios, a distintas alturas y con distintas orientaciones, y eso no parece tenerse en cuenta.

Mucho me temo, y a eso es donde quiero llegar en este artículo, que el mayor problema de España no es la falta de normativa razonable para que los españoles funcionemos mejor, sino nuestra falta de deseo, como sociedad, de que las cosas funcionen un poco mejor.

Da igual que los precios se publiquen o no: los alquileres y las entregas en negro continuarán. Da igual que cualquier Gobierno saque adelante más o menos reformas laborales o sociales: me temo que aquí el que pueda llevarse cien millones se llevará cien millones, y el que no, pues se llevará  a casa en cuanto pueda los folios del trabajo…

Y no: el precio de la manceba no convierte el meretricio en disco-bar…

Triste historia…

La dación como opción. Rima y propuesta

Oficina de reclamaciones antigua...

Oficina de reclamaciones antigua...

Parece que por ahí gusta mucho eso de la dación en pago, seguramente porque están acostumbrados a devolver la novia, devolver los amigos y devolver la palabra empeñada sin que ello tenga coste alguno. Vale, lo veo bien: cada uno trata de escapar como puede de los marrones en los que se mete, pero me parecería mejor si se hiciera con las cartas boca arriba, es decir, que la dación en pago existiese como opción dentro de un contrato hipotecario.

Esa es la propuesta: que existan hipotecas normales, como las que tenemos hasta ahora, e hipotecas con dación, firmando de antemano que en caso de impago el banco se queda con el piso y se extingue ahí la deuda. Y cada cual que elija lo que le dé la gana y mejor el encarte. Un poco como casarse en gananciales o casarse en separación de bienes…

Lo que hay que tener claro, y eso se vería desde el principio, es que en una hipoteca normal te darían el 80 % del valor de tasación, el plazo máximo sería de 35 años, por ejemplo, y el interés a pagar sería de Euribor + 2 puntos. Vale,. Eso eslo que estamos acostumbrados a firmar últimamente.

Y veríamos también que en el caso de la hipoteca con dación pactada, el banco daría el 60 % de la tasación (o el 50 % en la mayoría de los casos), el plazo máximo sería de 15 años (porque si te dan un piso que está hecho una porquería de puro viejo te hacen una gracia) y el tipo de interés sería de Euribor+ 5 puntos.

Deberían, pues, existir las dos opciones y que cada cual eligiese la más adecuada a sus posibilidades, a sus deseos, o a sus miedos. Pero haber comprado  rape y querer pagar sardina, pues me parece de jetas.

Francamente.

Hipoteca sin banco

Cuidado con lo que pedimos, no vaya a ser...

Cuidado con lo que pedimos, no vaya a ser...

El título parece un sueño, ¿verdad? Pues no lo es: es perfectamente posible, y pensadlo dos veces antes de desearlo, proque a veces, para castigarmnos, van y nos conceden lo que pedíamos. ¿Habéis leído un relato que se llama “la zarpa del mono”? Pues eso.

La cuestión pasa, como os podéis imaginar, por un acuerdo o contrato ante notario entre el comprador y el vendedor de la vivienda. En EEUU se denomina “land contract” a este tipo de acuerdo, y hace posible que el comprador empiece a vivir inmediatamente en el inmueble adquirido, como si se tratase de un alquiler con derecho a compra, pero con la peculiaridad de que entrega una cantidad anticipada, o entrada, y de que las cuotas son superiores a las que se pagarían en un alquiler normal. Si pasado el plazo establecido el comprador ha abonado las cantidades fijadas, o paga lo que falta, se queda con la casa. De lo contrario, el vendedor puede resolver el contrato y quedarse con la vivienda y con todas las cantidades aportadas hasta ese momento.

O sea, algo muy parecido a un leasing, o como dije antes, a un alquiler con opción de compra. Las peculiaridades son menores y el impacto fiscal, aunque difícil de desentrañar, no resulta del todo decisivo.

 Pero no creáis que se trata de una novedad. Este tipo de contratos fue muy popular en los años ochenta, cuando los tipos de interés alcanzaron el 18 % en EEUU y el 16,9 % en Europa , y vuelve a estar de moda porque los bancos no sueltan un duro. Es en estos momentos cuando, ante la falta de financiación, se tratan de cubrir las necesidades de ambas partes: el vendedor necesita convertir su propiedad enn liquidez y el comprador necesita la vivienda, así que tran de ponerse de acuerdo. Lo más racional, vaya.

Y ahora, como ya pregunté una vez hace tiempo, poneos en el lugar del que vende la casa, y decidme, pro favor, si vosotros aceptaríais el invento.

¿Qué os parece?, ¿es seguro?, ¿es lanzarse a la ventura?

Para mí, tiene algo de tremendo, y para ambas partes. Como una ordalía, vaya…

Llegan las hipotecas a la americana (Cara B)

La cosa tiene su truco.

La cosa tiene su truco.

Aprovechando que Edmart Rusan y yo jugamos en el mismo equipo, me permito ofrecer la cara B del mismo tema, por aquello de profundizar en el debate que se planteaba en los comentarios. Su artículo de la semana pasada está perfectamente argumentado, así que no pienso contradecirle, sino solamente ofrecer otra visión, también real, o eso creo.

El sistema americano de hipotecas consiste, como bien explica Edmart, en que el bien y sólo el bien hipotecado, ejerce de garantía para el pago. Eso implica que el banco asume mayores riegos y que si te sale mal la operación podrás respirar en vez de verte ahogado de por vida por el pago de la deuda pendiente.

A mí, como a Edmart y a la mayoría de los lectores y comentaristas, me parece más justo el sistema americano, pues al disminuir el riesgo para el que compra una vivienda y firma una hipoteca, aumentaría la circulación y serían más los que se arriesgasen a salir de casa de sus padres, por ejemplo.

Dicho esto, hay que tener en cuenta que los bancos son los que tienen nuestro dinero, pues manejan el dinero de los ahorradores. Por tanto, os pido que os pongáis en el lugar del banco, y me digáis qué es lo que haríais si alguien, un familiar, un amigo, o quien fuera, os pidiera dinero prestado para comprar una casa y os dijera que en un momento dado, en vez de devolveros el dinero, podía entregaros la casa y dejar la deuda saldada con eso.

Venga, seamos sinceros: ¿qué le diríais? Aunque fuese vuestro hermano: ¿qué le contestaríais?

Lo más probable es que la mayoría de nosotros pidiésemos al que compra el piso que pusiera una importante suma de su parte, de modo que tuviera interés en conservar el piso. Conclusión: con el sistema americano, los bancos, en vez de prestar el 80 % del valor de tasación, prestarían el 50% o el 60 % como mucho.

Además, al aumentar el riesgo de perdidas para el banco, aumentaría el riesgo total de la operación, y como bien sabe todo el que haya echado un ojo a las matemáticas actuariales (las que rigen las compañías de seguros, por ejemplo), un aumento del riesgo implica un aumento automático de la tarifa. Conclusión: con la hipoteca americana, la hipoteca costaría Euribor +5 puntos, por ejemplo.

Resumiendo y para no ser pesado: las cosas no siempre son lo que parecen, y si en Europa se utiliza un modelo hipotecario diferente es precisamente para defender a las clases humildes y darles posibilidades de financiación, pues no hay nada más duro que pertenecer a una clase baja y que nadie te preste un duro, lo que te clava en la clase baja para siempre, sin posibilidad de mejorar. Por eso, se exigen unas garantías tan altas: para que chaya más gente que pueda acceder al dinero, pues de otra manera sólo podría comprar un piso quien tuviese un montón de dinero ahorrado y quien pudiera pagar un tipo de interés escandaloso.

Por lo demás, insisto en que os pongáis en el lugar del banco y que no le pidáis que ofrezca a sus clientes condiciones que nosotros, ninguno de nosotros, ofrecería ni a su propia madre.

Como norma general, no hay mejor método que preguntarse: “esto que pido, ¿estaría dispuesto a darlo yo si me lo pidiesen?”

Cristianismo, creo que le llaman, pero a veces somos tan modernos y tan light que preferimos el budismo.  EM-budismo.

Perdonad la broma y viva España, coño, que somos campeones.