Archivo del Autor: Ladríllez

Acerca de Ladríllez

Javier Pérez Fernández (Zamora, 1970) Director durante 10 años de la revista universitaria dela Universidad de León, ha participado en casi todos los foros asociativos y juveniles de la ciudad. Escribe desde los 14 años en periódicos y revistas, especialmente Bedunia, como satírico, y en el diarioLA CRÓNICA-EL MUNDO, donde realizó un suplemento dominical sobre historia militar leonesa. Profesionalmente, se especializó en marketing y economía agraria. Trabaja como comercial de publicidad para medios de comunicación y dirige una casa de turismo rural en la montaña leonesa. En cuanto a trayectoria literaria, empezó por el verso satírico, estudió métrica y composición clásica y es autor de más de mil poemas, aunque jamás se consideró poeta. Más constante ha sido su dedicación al columnismo de prensa, medio en el que ha publicado más de ochocientos artículos en los últimos veinte años. Como autor de relatos cortos, ha tratado de conciliar la temática escabrosa con el estilo irónico, lo que le ha valido más reconocimientos que amistades. En total tiene escritos más de doscientos relatos y ha recibido casi una veintena de premios en este campo. Pero el género donde considera que mejor se desenvuelve es el de la novela. Escribió su primera obra de más de doscientas páginas a los dieciocho años, aunque afirma que sólo permitiría su difusión bajo amenaza a punta de pistola. Desde entonces, ha escrito una enorme epopeya espacial de más de dos mil folios, y cinco novelas, una de las cuales,la Crin de Damocles, le valió el premio Azorín 2006. La espina de la amapola, Ed. Planeta 2008. El Gris. Ediciones B. 2010 -La crin de Damocles, Ed. Planeta 2006. Premio Azorín de novela. -Viento Divino. Caja Murcia. Instituto Castillo Puche. -Antología poética Antonia Pérez Alegre. Fundación Espejo 2005. -Apagar el sol. Ayuntamiento de Toledo. Premio narrativa femenina 2005 -Historias para catar. Tropo Editores 2007 -Diversas antologías y colecciones de cuentos.

¿Es rentable alquilar? (Un laberinto con veneno al fondo)

Molino socialista: el agua sube sola, mueve la rueda y todos salimos ganando.

Molino socialista: el agua sube sola, mueve la rueda y todos salimos ganando.

Amigos, la cuentas no me salen. El eterno enfrentamiento entre partidarios de la compra en propiedad y de la vivienda en alquiler se resuelve, desde mi punto de vista, en un punto muerto donde tengo la impresión que desfallece la lógica.

Vamos a ver.

Una hipoteca de un piso me costaría 900 € al mes, y un piso en alquiler me cuesta sólo 500 €. Muy bien. El piso nunca será mío pero me ahorro 400 € todos los meses, que son justo los que gasto en comer y en tomar un café los sábados que acaban en cuatro, que es todo lo más que me permite mi sueldo Kunta Kinte. Hasta ahí, sin problemas.

Pero el caso es que los pisos no se alquilan ellos solos, así que si miramos el asunto desde el lado del propietario, tenemos algo raro. ¿Alguien se cree que el dueño del piso está pagando 900 € de hipoteca por él y cobrando 500 al inquilino?, ¿alguien cree que asume todos los riesgos que un alquiler conlleva cobrando menos de lo que le cuesta el piso?

Aquí hay algo raro. ¿No os parece? Si alquilar es rentable para el inquilino, entonces no lo es para el casero, y si es rentable para el casero, entonces no lo es para el inquilino.

Si en lugar de hablar de casas hablamos de coches, quizás lo entendamos mejor. Una empresa de alquiler de vehículos, ¿a qué precio tiene que alquilar los coches? Al precio que le permita cambiarlos por otros nuevos al fin de su vida útil y que le deje al mismo tiempo un margen de beneficio. Si no fuese así, no sería una empresa de alquiler, sino Cáritas Sobre Ruedas.

¿Y entonces qué pasa con los pisos?

Pues creo que una de estas dos cosas:

-O que vivir de alquiler es una necesidad, pero nunca un buen negocio.

-O que los propietarios están alquilando los pisos que compraron en tiempos del abuelísimo, cuando costaban alrededor de 70 mensualidades de un sueldo medio (que es lo que costaba un piso hasta 1977)

En el primer caso, bueno será saberlo, para no contarse mentiras a uno mismo. En el segundo, bueno será saberlo también para hacerse idea de lo que sucederá con los alquileres cuando entren al mercado los que la gente ha comprado ahora.

¿O creéis que el que compró un piso por trescientos cincuenta mil euros lo va a poner en alquiler por quinientos?

Seamos serios y vayamos preparándonos.

Hipotecas y sartenes

Cuando salió el carné por puntos, sacaron el coche por puntos...

Cuando salió el carné por puntos, sacaron el coche por puntos...

En una ferretería antigua vi una vez un cartel que decía: “como el banco no vende sartenes, yo no presto dinero“. El letrero llevaba allí al menos cien años, o lo que es lo mismo, tanto como la propia ferretería.

Se trata, obviamente, de una de esas bromas castizas que se ponían por escrito en algunos establecimientos, pero en este caso recuerdo también que el dueño, un anciano socarrón, acabó cambiando el letrero antes de jubilarse pro otro que decía: “aunque el banco venda sartenes, toallas y cucharas, yo sigo sin prestar dinero

La costumbre de la banca de entrometerse en otras áreas de negocio para las que no tiene ni licencia ni conocimiento, no es nueva. Desde aquellas promociones en que regalaban ordenadores, toallas, juegos de cama, baterías de cocina, vajillas, cuberterías, sartenes, y todo lo que uno se pueda imaginar a cambio de renunciar a los intereses del dinero no ha pasado tanto tiempo, pero aún nos sorprendemos de que ahora la banca se haya convertido casi de repente en agencia inmobiliaria.

La banca, en España, ha creído desde siempre que tiene patente de corso para el más burdo intrusismo, y aunque a todos les hiciese gracia que regalase un juego de sartenes por un depósito de mil euros, al que había comprado las sartenes y sabía que le iban a enmohecer en el almacén no le hacía ninguna. Ni pizca.

Ahora resulta que muchos de nosotros pensábamos que siempre se podría vender el piso en caso de necesidad, si la hipoteca apretaba demasiado, y nos encontramos con que la banca vende y subasta miles de pisos de su propia cartera y que no da un duro en préstamo a nadie si no es para quitarse un poco de ese lastre. O sea, que o se lo compras a ellos, o lo pagas a tocateja.

Ahora resulta que nos chafa el negocio a nosotros, nos quita la liquidez a nosotros, y nos pone la soga al cuello a nosotros, aprovechando su tamaño y su fuerza para imponer sus condiciones. Y ya no nos hace tanta gracia.

La cosa empezó en las sartenes. Si no les hubiésemos tolerado aquello no habríamos llegado a esto. Pero aquello no era asunto nuestro, ¿verdad? Pues ahora, ajo y agua.

Amnistía fiscal (pero rigor hipotecario)

Prisioneros recién liberados de una cárcel bancaria

Prisioneros recién liberados de una cárcel bancaria

En Italia, el Gobierno de Berlusconi ha aprobado una amnistía fiscal para dotar de liquidez a su sistema financiero y subir los ingresos del Estado sin necesidad de aumentar los impuestos.

En España, según los datos que se manejan, esos famosos datos de los billetes de 500 enterrados en las cajas de seguridad y las fabulosas fortunas ocultas bajo la teja de pisos hipotecados para disimular, si se consiguiera hacer aflorar la economía sumergida el Estado ingresaría cien mil millones de euros más.

Cien mil millones, osea, siete veces lo que se va a conseguir, si se consigue, con esta subida de impuestos que machacará una vez más a las clases medias y al currante de toda la vida.

El mecanismo que algunas voces han propuesto en España sería sacar una emisión de deuda pública a cinco años al 1 % de interés, de modo que el que invirtiese en ella no ganase prácticamente nada (de hecho, perdería un poco con la inflación) pero no se le preguntase de dónde había sacado el dinero. Se propone también que ese dinero, íntegramente, se destine al ICO para que conceda créditos blandos a los autónomos, pequeños empresarios y en general a todo el que vaya a crear una empresa o a contratar trabajadores.

La solución es francamente buena en la práctica, porque no sólo se activaría la economía, sino que el Estado recaudaría además otros tres o cuatro mil millones de Euros, como mínimo, por los impuestos que se derivasen de gastar ese dinero. Además, posiblemente no apareciese sólo el dinero que los españoles tienen oculto, sino que vendría dinero de fuera para aprovechar esa estupenda ocasión de blanquearlo a un coste tan bajo.

La solución, como digo, es excelente en lo económico, pero moralmente repugnante, porque da la razón y apoya a los que en su día no pagaron sus impuestos y crea un peligroso precedente para el futuro.

Así las cosas, si se os preguntase a vosotros, ¿qué preferiríais?, ¿que el dinero que ha salido de todos vuelva a trabajar para la sociedad aunque sea costa de beneficiar a los que no pagaron?, ¿o que ese dinero, siga oculto, y sin poder gastarse, en cajas de seguridad de todo el mundo?

Yo no lo tengo claro aún, pero después de pensarlo detenidamente creo que es mejor que ese dinero vuelva a todos, aunque sea por encima de la ley. Y no sólo por la falta que le hace a nuestra economía, sino porque el dinero no puede estarse quieto, y cuando no sale a la luz se acaba moviendo por los subterráneos, lo que genera toda clase de mafias y negocios sucios. Una vez leí a un narco que explicaba que hubiese dejado el tráfico de droga si hubiera podido destinar el dinero a otra cosa, pero como era dinero ilegal lo único que podía comprar con él eran cosas ilegales.

¿Qué es mejor en estos casos? ¿Mirar para otro lado y dar la razón al que no pagó, sabiendo que es por el bin de todos, o mantener la firmeza aunque sea a costa de sacarle ese dinero tan necesario a los que más le cuesta ganarlo?

Decidid vosotros.

Entre tanto, por supuesto, de amnistía hipotecaria no hemos oído una palabra.

La democracia en el puticlub

Un día la democracia se rebeló contra sus chulos y....

Un día la democracia se rebeló contra sus chulos y....

Se supone que los hipotecados vamos adquiriendo desconfianza con el tiempo, pero quizás lo mío sea excesivo. De todos modos, no me privo hoy de contaros por dónde creo que van los tiros en la vida política y económica de este país nuestro. Y espero que me deis vuestra opinión sobre si me lo hago mirar o no, o sdi le puedo echar la culpa a la hipoteca o es de otra cosa.

Empiezo a sospechar que nos encontramos España ante la expresión más visible de la famosa doctrina del cincuenta coma uno: cualquier partido que obtenga un menor porcentaje de votos, junto a sus aliados, no gobierna. Pero ojo: todo lo que sea obtener más del cincuenta coma uno por ciento de los votos demuestra que el gobernante es malo e ineficiente, porque ha favorecido a más gente de la estrictamente necesaria para mantenerse en el poder.

La doctrina del cincuenta coma uno está pensada para perpetuarse: gastar lo de todos en satisfacer exactamente a los que te pueden mantener en el gobierno. Si gastas menos, pierdes y te marchas, pero todos los votos que obtengas de más, significan dinero desperdiciado que has quitado a los tuyos de las manos para repartirlo sin ton ni son entre gente que no tenía por qué recibir nada.

En un país sano, los ciudadanos de todas las sensibilidades políticas se opondrían a este sistema, convencidos de que el bienestar general depende de que haya oportunidades para todos. Pero aquí no. Aquí estamos ante lo que con tanta claridad explicaba Adolfo Hitler, un político que algo sabía sobre manejar a las masas: que la victoria de lo propio satisface al pueblo, pero no tanto como la destrucción del contrario. Aquí estamos ante el madridista que sólo quiere saber si ha perdido el Barça y le da igual lo que hayan hecho los suyos. Estamos ante la aniquilación del adversario político, a costa de cualquier pacto, de cualquier componenda, de una trapisonda cualquiera que pase por encima de la ley, el sentido común o el futuro de las personas.

Aquí se reparte la caja entre los afines para garantizarse una cifra suficiente de votos, y el resto a pagar. Se crean peonadas, subsidios, puestos vitalicios y lo que haga falta para llegar a ese cincuenta coma uno, y el resto, que pague y que calle, porque igual vota el que trabaja que el que se rasca la panza. Aquí se pacta con partidos que presumen públicamente de odiar a España; se pacta con partidos que no condenan los asesinatos; se pacta con partidos que hablan de expropiarnos a todos los ahorros, y a todo el mundo le parece normal.

Aquí pasa todo esto, y más, porque creemos que la democracia es un sistema donde se disparan porcentajes, se bombardea con cifras, se ametralla con mayorías y se sepulta a los contrarios con arbitrariedades.

Y el dinero público no es de todos: es de los que ganan y se usa para seguir ganando.

Ahora haced conmigo la suma de los votos que necesita este gobierno para seguir gobernando a pesar de todo y entenderéis de sobra la financiación autonómica, los presupuestos generales y el alucinante hecho de que el año pasado se contratase ciento y pico mil funcionarios más.

Lo entenderéis todo. ¿O no?

Y al final, cambiar de voto en España es como cambiar de camarote en el Titánic…

¿Para quién trabajamos? Un calendario de esfuerzo fiscal

negrero

Diseño original de un cartel electoral, rechazado por la cúpula del partido...

Una de las razones por las que nos bombardean cada vez con más datos es porque está demostrado que cuanta más información se aporta, más desorientado se encuentra el que la recibe si no la entiende correctamente.

Hay un experimento psicológico en el que los voluntarios deben adivinar qué es lo que ven y para ello se les muestran fotografías parciales del objeto que deben descubrir. Lo curioso es que lo adivinan mucho antes los que sólo ven diez fotografías parciales que los que ven veinte, ya que una fotografía parcial es algo que no entendemos completamente.

A mi juicio, con los impuestos pasa algo similar. Nos hablan de presión fiscal, nos dicen que sube o baja tres puntos y nos comparan con países de nuestro entorno, cuando en realidad no tenemos nada que ver con el tipo de vida y salarios que se acostumbran en Alemania, Bélgica o Luxemburgo.

Por eso, creo que es importante que sepamos para quién estamos trabajando, y que hablemos bien claro, para no quedarnos con ideas confusas de lo que significan ciertos conceptos. Quizás exponerlo en forma de calendario  ayude un poco a que a nadie le queden dudas.

En España, de media, distribuimos así el trabajo:

Hasta el 14 de marzo trabajamos para pagar los impuestos a la administración central (IVA, IRPF, impuestos especiales, etc…)

Del 14 de marzo al 11 de abril trabajamos para la Comunidad Autónoma en la que vivimos.

Del 11 al 25 de abril, trabajamos para el ayuntamiento.

Del 25 de abril al 23 de mayo, trabajamos para la Seguridad Social.

A partir del 23 de mayo, trabajamos para nosotros mismos, pero si tenemos una hipoteca, trabajamos de media hasta el 29 de agosto para la vivienda.

Comer, vestir, la luz, el teléfono, el agua caliente, la calefacción, el coche y todo lo demás que queramos tener, gastar o conseguir, tenemos que lograrlo con lo que ganemos desde esa fecha en adelante.

Estas son las cosas verdaderamente importantes. Lo demás, ideologías, discursos, pretextos para sacarnos otro poco y añadidos similares, son monsergas: forraje para bobos.

 

Por cierto: aquí os dejo un enlace sobre la presión fiscal y los impuestos en distintos países. Espero poder comentarlo a fondo en algún momento.

El coste real de la hipoteca (una piedra contra el aquiler)

Hipoteca vestida de alquiler, o viceversa...

Hipoteca vestida de alquiler, o viceversa...

A veces, por simplificar las cosas, o porque simplemente nuestras circunstancias nos enseñan que los datos macroeconómicos no son aplicables a nuestro caso, pensamos que el coste de una hipoteca es simplemente lo que pagamos por ella de intereses.
Con esta idea, nos dejamos convencer a veces de que cualquier remanente de dinero que tengamos puede estar bien empleado en bajar la cuota o en reducir el número de años, cuando lo cierto es que hay que tener en cuenta alguna variable más antes de tomar la decisión más interesante.
A mi entender, lo más importante, y que olvidamos muy a menudo, es que el dinero visto en dos puntos distintos de tiempo no es igual a sí mismo. Si l pensamos en general, todos entendemos que no son lo mismo cinco mil pesetas del año 2000 que treinta euros de hoy en día, pero en cuanto nos ponemos a aplicar esa idea, tan clara, a una hipoteca, parece que se nos nubla el entendimiento y ya no comprendemos que las cuotas que pagaremos en el futuro las haremos efectivas con dinero que valdrá mucho menos que el de hoy.

Y es que pasa siempre: las cosas obvias en general dejan de serlo en particular, como lo del ADN, que sabemos muy bien lo que es cuando vemos que un policía de una serie lo usa para descubrir a un criminal, y luego no tenemos ni idea de lo que es cuando hablamos de otras cosas que hoy no menciono porque me pilláis de buenas.

Pues con el dinero, lo mismo.

Una hipoteca a treinta años, por ejemplo, con una cuota de 1000 €, paga mil euros de hoy durante los treinta años, pero mil euros de hoy no serán la misma cantidad de dinero que mil euros del año 2020, y menos aún que mil euros del año 2040, los mismo que cinco mil pesetas de 1979 era muchísimo más dinero que treinta euros de hoy.

Lo que marca el verdadero coste de una hipoteca es la relación que exista entre el tipo de interés y el IPC.

En todo caso, el coste real de un hipoteca será el tipo de interés menos la inflación anual. Si el tipo de interés está por debajo del IPC, como ha sucedido durante todos estos últimos años, entonces la hipoteca sale gratis y hasta produce dinero. Y en ese caso, por supuesto, no vale la pena ni reducir cuota ni reducir años: lo mejor es meter el dinero en otra cosa, lo más segura posible, y lo más rentable que se pueda.
Ahí tenéis otra de las causas, una más, de la meteórica ascensión de los precios de los pisos: que pedir el dinero para comprarlos salía medio gratis. Más aún de lo que parecía, pues el IPC real estaba muy por encima del que nos contaban los estadísticos.

Y como el dinero era barato, subían los activos. Por eso ahora, cuando el dinero escasea, los pisos bajan. ¿Son más pequeños o están en peor sitio? En absoluto.  Lo que pasa es que hay menos dinero para comprarlos.

El día que nos convenzamos de que muchas veces el precio no tiene nada que ver con la cosa comprada. nos desenvolveremos mejor en esta sociedad que nos ha tocado.

Entre tanto, ojo al tema de hoy, proque los alquieleres se actualizan con el IPC, mientras que las cuotas de la hipoteca son constantes. Y sería curioso saber quién paga más al cabo de los 30 años.

¿Probamos a hacer las cuentas?

¿Quién se atreve?

La hipoteca puente (o acueducto)

Entre unas cosas y otras aún no han acabado de pagarlo...

Entre unas cosas y otras aún no han acabado de pagarlo...

Como siempre me lanzo al río contra corriente, iba a hablar hoy de los aspectos positivos de la política económica del Gobierno, pero no me ha parecido plan ser tan vago, y finalmente os traigo este otro tema, más centrado en lo hipotecario.

Se le suele llamar hipoteca puente a la que se realiza sobre la vivienda que tenemos en propiedad mientras la nueva vivienda, la que queremos comprar, está aún en construcción o no podemos acceder a ella por diversas razones.

La hipoteca puente solía tener una duración de un año, pero dadas las circunstancias, tanto de las promociones inmobiliarias como de las economías familiares, la hipoteca puente puede convertirse en hipoteca acueducto, con tantos arcos como inconvenientes vayan saliendo.

La jugada del banco consiste en que por un sólo préstamo tiene dos viviendas en garantía, lo que le cubre bastante el riesgo. Sin embargo, esta era más interesante en los tiempos en los que los precios de las viviendas subían constantemente, pues si dejabas de pagar después de un tiempo se quedaban con la vivienda vieja, que ya tenías en propiedad.

Ahora, en cambio, los bancos son reacios a firmar esta clase de hipotecas, porque en caso de que algo no vaya bien podrían tener que quedarse con la vivienda antigua, que en un año puede haber perdido una parte apreciable de su valor. Y además, ¿para qué quiere el banco otra vivienda, cuando la banca española acumula ya 46.000 millones de euros en inmuebles?

Por eso, si necesitáis una hipoteca de este tipo, u os la ofrecen, recomiendo la máxima prudencia: el banco no se conformará con tan poco, y hay que tener cuidado con la letra pequeña, no vaya a ser que pongan un plazo que no podamos cumplir.

Y por supuesto, pedir el dinero para comprar otra cosa, como se hacía antes, es jugársela. Pero allá cada cual… 

Por cierto: el Euribor ha cerrado este mes de septiembre en el 1,26 %. Menos mal que eso nos salva.

La hipoteca fantasma

A veces grita por los pasillos: ¡Euribor más cero con siete!, ¡Euribor más cero con siete!...

A veces grita por los pasillos: ¡Euribor más cero con siete!, ¡Euribor más cero con siete!...

Tranquilos, que la foto es broma y no se trata de una hipoteca que se aparece por las noches y asusta con su arrastrar de cadenas a los pobres currantes agobiados por la precariedad y la amenaza del desempleo.

La hipoteca fantasma es la que fueron preparando, a veces con cuentas vivienda, a veces con ahorros mensuales, un montón de ciudadanos a los que se les prometió un piso protegido pero no llegaron a ver jamás cómo se materializaba.

¿Dónde están las prometidas viviendas de Protección Oficial?, ¿dónde están las medidas de los ayuntamientos para liberar el suelo?, ¿Os acordáis alguno de las 10.000 viviendas prometidas en 2006 para estudiantes?

Diez mil viviendas, nada menos, y no es que haya sido un fracaso proque sólo se hayan construido dos o tres mil.  Es que un desastre, porque no se ha construido aún ninguna al hilo de aquel plan. NINGUNA.

Los ayuntamientos no quieren saber nada, a las universidades les da la risa, y los gobiernos central y autonómico, todos, piden la jofaina de Pilatos para un lavado de manos, otro más, echando la culpa a la tramitación de las licencias, al cambio climático o a la conjunción de Saturno con la peineta de la Martirio.

El gobierno central ofrecía treinta mil euros de ayuda por piso, las comunidades autónoimas se comprometían a urbanizar el suelo y las universidades a poner en marcha el proyecto, encargando la construcción tras la oportuna selección de candidatos para alquiler y venta. ¿Y dónde están esos pisos? En el limbo. En la mochila de los ghostbusters.

Y como estos, otros tantos en distintos regímenes de Protección Oficial, prometidos y señalizados en distintas parcelas donde siguen creciendo los cardos, y hasta los mamuts crecerán, con el tiempo, sin que llegue a sorprenderse nadie.

Así que ya veis: tener una hipoteca es malo y da quebraderos de cabeza, pero tener el dinero esperando a que se firme, y que el piso no aparezca, es como para tirarse de los pelos.

O para creer en brujas. De hecho, yo ya creo: cuando queráis os cito tres o cuatro.

O mejor no. Con las brujas y las hipotecas lo mejor es hacerse el tonto y decir aquello de “haberlas, haylas”

El “coin fiscal” como causa de tensión. Un abismo.

 

trinchera

Cada cual en su lado de la trinchera. Y el que la cava, haciéndose el inocente...

A petición del respetable, y como es un tema muy importante, voy a tratar de meterme en la terrible camisa de once varas del coin fiscal. Va por vosotros.

Los técnicos y los pedantes llaman coin fiscal a la diferencia entre lo que un trabajador percibe por su trabajo y lo que el empresario paga por ese trabajador.

El problema occidental, y muy concretamente el español, es que en los últimos años el coin fiscal ha crecido desmesuradamente, con lo que crecen las tensiones entre los trabajadores y la patronal, al tiempo que disminuyen la productividad y la competitividad.

O sea, un desastre que pone de muy mala leche a los trabajadores y de muy mala leche a los empresarios. Y no puede ser menos, porque ambos tienen razón.

Veamos un ejemplo y pensemos, por favor. Se trata de pensar, aunque nos quieran quitar la costumbre.

Yo, trabajador, me llevo a casa mil euros al mes, con dos extras. Entiendo que mi obligación es trabajar por valor de mil euros, o si acaso un poquito más, y con eso cumplo. Los problemas del patrono me traen al fresco, porque para eso el capital es suyo, y mi obligación es defender lo mío. Supongamos que soy honrado, y cumplo con todo esto. Muy bien. Un aplauso.

Ahora, yo, empresario, por un trabajador, pago mil quinientos euros, entre retenciones fiscales, seguros sociales, y demás.  Si el trabajador no produce más de mil quinientos euros, no gano nada y mejor cierro la empresa. Además, si calculo el coste en horas, resulta que el trabajador cobra catorce pagas, y trabaja once meses (uno de vacaciones), menos las bajas y los festivos. Entonces, yo, empresario, multiplico catorce pagas, por mil quinientos, y divido entre diez y medio, y eso es lo que tiene que producirme el empleado. Y sin contar ni un duro de beneficio. Y claro: si tener una empresa me da menos beneficio que tener el dinero en letras del Tesoro, pues echo el cierre y el que quiera curro, que lo pinte.

Cuando el empresario echa la cuenta, dice: pago 22.000 € al año por cada empleado. Trabaja 40 horas semanales durante 48 semanas. Eso son 1920 horas. Quítale 12 festivos, que son 96 horas. Quedan 1824 horas. Quítale tres días más de media, al año, entre bajas, líos, permisos y tal: quedan 1800 horas. Pues 22.000 entre 1800 sale a 12, 22 € la hora, y a ese precio es mejor que la nave me la limpie el dentista.

Sin embargo, el trabajador dice: cobro 14 pagas de 1000 €. Trabajo 1800 horas. Total que cobro a 7,77 € la hora. A ese precio me sale mejor limpiar escaparates o fregar escaleras.

El trabajador no quiere trabajar más de lo que le pagan y el empresario no quiere recibir menos de lo que paga. ¿Dónde está el problema? Como siempre, en el intermediario.

Por eso se inventó el sobre en negro: porque a muchos empresarios no les importa pagar más a sus trabajadores, para que estén contentos y trabajen mejor. Pero el dinero que sale del bolsillo del patrón y no va al bolsillo del empleado es el peor y más radical causante de tensiones, porque uno paga, y se cabrea; y el otro no recibe, y también se cabrea.

Y al final, la única cuenta que sale es la de la diferencia entre trabajar y cobrar un sueldo o estar en el paro y hacer chapuzas en negro.

Y así estamos.

Para cerrar este artículo, me permito añadiros una gráfica que espero que sea de utilidad: se trata del coin fiscal en distintos paises, dividido en tres apartados. Lo verde son las cotizaciones de los empresarios a la Seguridad Social. Lo rojo son las cotizaciones de los trabajadores a la Seguridad Social. Lo azul, son las retenciones del Impuesto sobre la Renta.

Espero que os resulte interesante

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Aspectos positivos de la subida del IVA

Poder sentarse previene las varices. Todo tiene su parte buena....

Poder sentarse previene las varices. Todo tiene su parte buena....

Prometí hace unos días que hablaría de las repercusiones positivas que puede tener una subida del IVA, y aquí me tenéis, más valiente que un domador de virus.

Aunque cueste creerlo, si se hace bien, (y eso es lo más dudoso) una subida del IVA puede tener alguna repercusión positiva en nuestra economía. Voy a ello:

-1- Del IVA no se escapa nadie. Es injusto que todos paguemos lo mismo, pero al menos hay un impuesto que sabemos que sale a escote de todos y va para todos.  No se presta al escaqueo tanto como otros impuestos.

-2- España tiene, junto a Luxemburgo, el tipo más reducido de la Unión Eropea, y como ya iba siendo hora de subirlo, ningún momento mejor que este, cuando la subida del IPC que traerá consigo va a ser menos dolorosa que nunca.

-3- Muchos, muchísimos convenios colectivos están referenciados al IPC. Con el IPC en números negativos, una subida del IVA provocará una subida de salarios y pensiones que beneficiará a los que más ahorren y menos gasten, porque el IVA sólo se paga cuando se gasta, pero no cuando se ahorra.

-4- Parte del hundimiento del consumo viene precisamente de la bajada de precios y de que la gente espera a comprar precisamente porque cree que dentro de unos meses comprará más barato. Si la subida del IVA se anuncia con tiempo, eso puede inducir a comprar ANTES de la subida, lo que desencadenará un repunte de las ventas en comercios y quizás también en pisos, reanimando un poco la economía.

-5- Al tener un IVA más pequeño que los países de nuestro entorno, nos salía más barato importar porque sus precios eran más competitivos aquí que en su país. Una subida del IVA ayudará a mejorar la balanza comercial reduciendo las importaciones. Se reducen también las exportaciones, pero como son menos (y por eso hay déficit comercial) pues afecta menos.

-6- Por último, una subida del IVA servirá para abriles los ojos a unos cuantos incautos y hacerles ver de una vez qué es lo que algunos entienden por políticas solidarias, medidas redistributivas y defensa de las clases humildes. Parece cosa menor, pero no lo es: quitarle el disfraz al lobo nunca fue cosa menor.

Si se os ocurre alguna razón más, cuento con ella en los comentarios.

La subida del IVA

El trabajo os hará libres. Un lema antiguo y de escasa credibilidad.

El trabajo os hará libres. Un lema antiguo y de escasa credibilidad.

Ya anunció el Gobierno que el IVA super-reducido del 4 % no va a aumentar. Y es normal, porque de ese IVA, que se aplica a unos cuantos productos privilegiados, no da tajada para la carne que hace falta en esta olla de gasto y sopa boba para todos.

El IVA que aumentará, sin duda alguna, será el tipo general, que actualmente es del 16%, porque ahí es donde de veras está el dinero.

Si me aceptáis un consejo para conocer mejor la mecánica de las cosas y distinguir los globos sonda de las verdaderas intenciones de un gobierno, tratad de averiguar siempre cuales son sus verdaderas intenciones y luego enlazad esa pretensión con los medios que mejor la cumplan. Y lo demás, es relleno.

Por ejemplo, en este caso, tenemos un déficit verdaderamente apabullante que alcanza un diez por ciento del PIB. Bestial, vale. Por tanto, antes de entrar en bancarrota hay que reducir el gasto o aumentar los ingresos en quince mil millones de euros, que son como dos billones y medio de las antiguas pesetas. Para sacar una cifra así, no basta con subirles los impuestos a los ricos, porque ricos hay pocos, y resulta que subir los impuestos a las plusvalías y a los rendimientos del capital cinco puntos, no serviría para recaudar más de mil quinientos millones de euros, y sólo en teoría.

Lo explico: según las cuentas presupuestarias, por cada punto que se suba el impuesto de plusvalías y los rendimientos del capital se recaudan trescientos millones de euros más, pero eso sólo es así en teoría, porque por cada punto que se sube hay un puñado de ricos que se van con su dinero a otra parte y, además de dejarte en pelotas, pasan de pagar lo que antes pagaban a no pagar ni un duro. O ser a que si subes muchos puntos, puede incluso que baje la recaudación.

Lo mismo pasa con las rentas más altas: si el tipo máximo pasa del 45% actual para los que ganan más de 50.000 € a un tipo, digamos, del 60% se puede recaudar un poco más, como mil millones de euros, dicen, pero con el peligro de que algunos profesionales que pagan esa cantidad se empadronen en Andorra, en Francia, o en Portugal o abran una sociedad para librarse del palo.

Así las cosas, y aun creyendo que recaudaría el máximo, tendríamos el impuesto sobre el capital al 23 % y el IRPF máximo al 60 % y abríamos recaudado sólo tres mil de los quince mil millones necesarios. ¿De dónde saldría el resto?

De los ricos no, porque hay pocos. El resto nos lo van a sacar a los pobres currelas, porque somos muchos y porque es donde de veras está la pasta gorda. Contar la milonga de que les van a subir más los impuestos a los ricos es sólo un jarabe para que traguemos mejor, como zoquetes, lo que nos van a subir a nosotros. Si en vez de preocuparnos pro lo que pagan los demás nos preocupásemos pro lo que vamos a pagar nosotros, entonces dejaríamos de hacer el primo y sabríamos la verdadera dimensión de esta subida.

Porque la subida será del IVA, no lo dudéis. Por cada punto que se suba el IVA, se recaudan cinco mil millones más. Dos puntos, diez mil millones, y de eso no hay quien se escape.

Es poco social, regresivo, injusto e insolidario, pero es eficaz y da pasta. A vosotros qué os parece, ¿que se hará o que no?

Admito apuestas.

Comercio justo y contabilidad de costes (mal matrimonio)

Hay mucho fntasma con necesidad urgente de un exorcismo

Hay mucho fntasma con necesidad urgente de un exorcismo

Como creo que ya vais viendo que no escribo aquí para caer simpático, voy a abordar hoy un tema que suele darme problemas cada vez que lo explico. Se trata del comercio justo, y su particular entendimiento de lo que es la política de costes y la fijación de precios

 

  Suele entenderse por comercio justo aquel que paga un precio superior por las materias primas al que habitualmente suelen pagarle las grandes multinacionales al productor.

 En principio, la idea es encomiable, y si se pagasen mejores precios en origen se lucharía con más eficacia contra la producción de drogas, por ejemplo, porque es un hecho innegable que en algunas partes del mundo se cultiva coca o amapola para la heroína porque es lo único que deja un margen para la subsistencia a los agricultores locales.

O sea, que hasta ahí, muy bien, y tres hurras por la idea.

La cuestión viene luego, y si me lo permitís, ponemos el café como ejemplo.

Un paquete de café molido de 250 g. cuesta en el Corte Inglés 1,65 €, y como todos sabéis, este establecimiento se distingue por otras cosas, pero no por tirar los precios.

Un paquete de café molido de 250 g., en una tienda solidaria de comercio justo (Intermon, por ejemplo), cuesta 2,20€ . La diferencia es de 55 céntimos, un 33 %, o lo que es lo mismo, de 2,2 € en kilo de DIFERENCIA.

Esto, de momento, no ofrece ningún problema, pues estamos colaborando a que se le pague un precio justo al productor. Vayamos ahora al origen de la cadena.

Según datos del gobierno colombiano, el precio del café en origen en agosto de 2009 era de 2,15 $ por kilo. Eso, para que nos entendamos, equivale a 1,53 € por kilo, aproximadamente.

Según los datos que hemos podido recabar, porque no es fácil, las organizaciones de comercio justo pagan 2,53 $ por kilo, lo que son 1,81 € por kilo.

Ahora, analicemos: las organizaciones de comercio justo pagan un 17,67 % más por el café a los productores, y nos consta que en algunos casos llegan a pagar hasta el 20 % más del precio de mercado. Nuestro aplauso por ello.

Y entonces, después de aplaudir, nos frotamos los ojos, y pensamos un momento:   ¡Pero coño!, ¿aquí qué está pasando?

Si pagan un 20 % más en origen y nos cobran un 33 % más en destino, ¿quién se está forrando aquí?  Pagan 28 céntimos más en kilo, y nos cobran 2,2 € más en kilo. ¿qué cachondeo es este?

¿Será que también pagan más a los camioneros, los tostadores, los almacenistas y las tiendas de distribución?, ¿pagarán más también por el alquiler de sus locales o por el recibo de la luz? Me temo que NO.

¿A qué se debe entonces esa diferencia? Se debe, simplemente, a que los promotores del comercio justo son justos con los productores, pero le atizan de lo lindo a los consumidores.

Esa modalidad de comercio justo, por tanto, es justa de un sólo lado, y justa únicamente a nuestra costa, que pagamos, pero no a costa suya, que mantienen e incrementan notablemente los márgenes comerciales, obteniendo así un beneficio de explotación por unidad muy superior al de las grandes multinacionales. 

¿Cómo justifican ese incremento de precio? Supongo que como donativo para una buena causa. Para otra cualquiera que se les ocurra.

Pues si ellos lo dicen pues vale. Pero está bien que sepamos cómo funcionan las cosas, porque a veces, al hacer cuentas, o por no hacerlas, nos dejamos en el tintero demasiadas cosas.

Y se calla demasiado. Se calla por ejemplo que pagar más al productor no impide tener más beneficio a costa del consumidor bienintencionado.