Economía comunista teorizando sobre sí misma...

Economía comunista teorizando sobre sí misma...

En el artículo anterior sobre este tema hablamos de la intrínseca enemistad entre socialismo o comunismo y libertad. Decíamos entonces que la gente no quiere convencerse de que son iguales sus hijos que los de los demás. Hoy nos centraremos en otra idea no tan psicológica sino mucho más práctica: la centralización y burocratización de la actividad económica en los sistemas colectivistas.

Cuando la cobertura de las necesidades económicas depende de agentes privados, estos ven la necesidad o la demanda en la calle y acto seguido, sin pasos intermedios, pueden decidir que en esas necesidades existe una oportunidad de lucro, con li que se lanzarán, sin más, a explotar el hueco.

En las sociedades colectivistas, el proceso es otro: surge en primer lugar la necesidad, luego esa necesidad aparece reflejada en las estadísticas oficiales, estos datos pasan por distintos filtros o comités que las estudian y si las encuentran adecuadas proponen a otros comités que dispongan los medios para subsanarlas. Los que disponen de los medios, estudian las respuestas adecuadas, ven si encajan en la planificación previa o si será necesario modificar la planificación para siguientes planes trienales io quinquenales y finalmente deciden emplear recursos, detrayéndolos de otra actividad, después de largas discusiones y luchas internas, porque el que ha de perder cuota de poder o producción para cederla a la nueva necesidad se resiste a renunciar a su parte.

De este modo, como decía un informe checo de la época de la Primavera de Praga, cuando empiezan las lluvias se solicitan paraguas, y finalmente los paraguas se fabrican en el verano del año siguiente, si es que aparecen antes fabricantes de varillas y si es que se consigue formar a tiempo personal que sepa montarlos.

Cuando hasta los aspectos más baladíes de la producción y la distribución tienen que pasar por una maquinaria burocrática, las decisiones se retrasan hasta la absoluta ineficiencia, se desperdician recursos, se pierden oportunidades y las decisiones finales dependen a menudo más de los equilibrios interno de poder que de la demanda o necesidad real de un bien o servicio.

En las sociedades capitalistas se padece a menudo un fallo muy similar, aunque menos intenso: la burocratización. De hecho, una de las razones por las que no se abren más empresas es por el papeleo y por la cantidad de permisos perevios que se exigen.

Si esto es así en una sociedad donde supuestamente existe libertad de empresa, podéis imaginar fácilmente lo que pasa en una sociedad donde todo, absolutamente todo, queda en manos de funcionarios, a los que ni les viene ni les va que se haga algo más que lo mínimo e imprescindible.

Quizás por esto dijese Helmuth Kohl, refiriéndose a la Alemania del Este: “De una derrota como la del año 45 salimos en quince años. Han pasado veinte desde que los estados del Este abandonaron el comunismo y aún no han logrado salir. Es obvio cual de las dos cosas es peor”.

 

 

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