
Mes tras mes nos prometen que el cielo escampará y que la tormenta pasará dejándonos un mar de tranquilidad financiera y económica al que podremos aferrarnos con total tranquilidad y ante la que tendremos la capacidad de afrontar el futuro con optimismo y esperanza.
Pero luego llegan las estadÃsticas macroeconómicas ofrecidas por las principales oficinas estadÃsticas del paÃs y nos cambian todos los planes, ya que mes a mes nos ofrecen un panorama negro y sin un optimismo, un panorama al que estamos abocados, además, por las medidas de nuestros gobiernos.
La última estadÃstica negativa ha sido la del Instituto Nacional de EstadÃstica (INE), que ha certificado que durante el pasado mes de febrero el número de hipotecas constituidas cayó un 47,1% en tasa interanual, hasta totalizar un volumen de 26.415 hipotecas.
Un descenso que, lejos de iniciar una recuperación, supone un agravamiento de la situación ya que en el mes de enero la caÃda en tasa interanual habÃa sido del 41,7%, lo que demuestra que las entidades financieras no sólo no están abriendo el grifo sino que lo están cerrando cada vez más.
Por otro lado, la propia estadÃstica publicada por el INE saca a la luz que el importe medio de las hipotecas constituidas durante el mes de febrero también sufrió un descenso significativo con respecto a las de un año antes, concretamente, un 14,6%, hasta situarse en los 104.868 euros.
De la misma manera, el importe total concedido en las hipotecas constituidas durante este segundo mes del año se situó en los 2.770 millones de euros, lo que viene a significar una reducción del 54,8% con respecto al mismo mes del año anterior.
Estos descensos, tanto en el importe medio de las hipotecas como en el global prestado provienen, en gran medida, de la reducción del precio de las viviendas, una tendencia que se deberÃa de seguir observando en lo que queda de año, ya que las medidas interpuestas por el Gobierno para la valoración de los inmuebles que los bancos mantienen en sus balances deberÃan de provocar el descenso de precios de manera inequÃvoca.
En definitiva, lejos de recuperarnos, estamos cayendo en nuestra propia fosa, sin que parezca que podamos tener una solución real.