Archivo del Autor: Ladríllez

Acerca de Ladríllez

Javier Pérez Fernández (Zamora, 1970) Director durante 10 años de la revista universitaria dela Universidad de León, ha participado en casi todos los foros asociativos y juveniles de la ciudad. Escribe desde los 14 años en periódicos y revistas, especialmente Bedunia, como satírico, y en el diarioLA CRÓNICA-EL MUNDO, donde realizó un suplemento dominical sobre historia militar leonesa. Profesionalmente, se especializó en marketing y economía agraria. Trabaja como comercial de publicidad para medios de comunicación y dirige una casa de turismo rural en la montaña leonesa. En cuanto a trayectoria literaria, empezó por el verso satírico, estudió métrica y composición clásica y es autor de más de mil poemas, aunque jamás se consideró poeta. Más constante ha sido su dedicación al columnismo de prensa, medio en el que ha publicado más de ochocientos artículos en los últimos veinte años. Como autor de relatos cortos, ha tratado de conciliar la temática escabrosa con el estilo irónico, lo que le ha valido más reconocimientos que amistades. En total tiene escritos más de doscientos relatos y ha recibido casi una veintena de premios en este campo. Pero el género donde considera que mejor se desenvuelve es el de la novela. Escribió su primera obra de más de doscientas páginas a los dieciocho años, aunque afirma que sólo permitiría su difusión bajo amenaza a punta de pistola. Desde entonces, ha escrito una enorme epopeya espacial de más de dos mil folios, y cinco novelas, una de las cuales,la Crin de Damocles, le valió el premio Azorín 2006. La espina de la amapola, Ed. Planeta 2008. El Gris. Ediciones B. 2010 -La crin de Damocles, Ed. Planeta 2006. Premio Azorín de novela. -Viento Divino. Caja Murcia. Instituto Castillo Puche. -Antología poética Antonia Pérez Alegre. Fundación Espejo 2005. -Apagar el sol. Ayuntamiento de Toledo. Premio narrativa femenina 2005 -Historias para catar. Tropo Editores 2007 -Diversas antologías y colecciones de cuentos.

El comunismo como alucinación colectiva y su resistencia frente la realidad (un epílogo sociológico).

A alguna gente no parece importarle gran cosa la realidad.

A alguna gente no parece importarle gran cosa la realidad.

Prometí un día contaros una anécdota y creo que no hay mejor ocasión que esta:

Estaba yo en Checoslovaquia en el año 92, haciendo turismo en tren. Por supuesto, era pobre como una rata, así que me gustaban los países del Este, donde la gente era aún más pobre que yo, o igual, y podía incluso permitirme lujos asiáticos como tomar un café y una cerveza de vez en cuando en los bares de los indígenas.

Recuerdo que me alojaba en un hotel en el quinto pino, al final de Holesovice (por si alguien lo conoce) y que el portero de noche era un viejo de largas barbas blancas que hablaba seis idiomas, y casi todos mal. Según me dijo, en la cárcel había aprendido español para leer a Cervantes, francés para leer a Flaubert e inglés para leer a Fielding. Además, hablaba checo, porque era la lengua de su país, ruso, porque eran los que mandaban en su país, y alemán, por todo lo que había pasado y lo que pudiera pasar. Os lo cuento casi textual, para que veáis que mentalidad y qué puntería tenía el viejo. ¡Y qué retranca!

 Me dijo también que dormía mal y que su pensión de jubilación era ridícula, y que así, uniendo los dos problemas, se había hecho portero de noche de un hotel para solucionarlos ambos a la vez. Todo un personaje.

Pues bien: en mi tercera o cuarta noche en el hotel, me quedé un rato a hablar con él, y me dijo: “Checoslovaquia es el país más triste del mundo, porque desde el año 38 que llegaron los nazis, hasta el año 90 que se fueron los rusos, nunca hemos tenido libertad. Un año antes que a ningún sitio vinieron aquí los nazis, y luego nos liberaron los rusos. ¡Qué mala suerte!”

-Es triste, sí, le dije yo, dándome cuenta de que tenía razón.

“Muy triste. Porque los nazis iban a tu casa, te encarcelaban, te torturaban y te asesinaban”

-Sí. Fatal. La verdad le respondí.

Y luego llegaron los comunistas, que te encarcelaban, te torturaban y te asesinaban. Pero los nazis permitían emigrar, y por eso los henos echado tanto de menos. ¡Cómo los hemos echado de menos!”

Eso me dijo, y creo que tiene que ser suficiente, porque lo cierto es que si lo piensas, es verdad.

¿Cómo tiene que ser un régimen y un sistema económico y político para que la gente eche de menos a los nazis?

Y sin embargo, ya lo veis, sigue habiendo gente que pertenece a un partido comunista. El comunismo, por tanto, no parece un sistema que se apoye en realidades, o en promesas siquiera, o en un pasado brillante. En su pasado hay hambre, miseria, muerte, asesinato y océanos enteros de dolor y opresión, pero no le afecta. Nadie puede ir por la calle diciendo que es nazi (y me parece lógico, después de lo que hicieron) pero a la gente no le da vergüenza llevar una bandera roja, o decir que es miembro del Partido Comunista. Cualquier otra ideología o sistema que hubiese asesinado a la cuarta parte de personas, o destruido la vida de una décima parte de seres humanos de los que destrozado el comunismo estaría eternamente condenada, pero el comunismo no. ¿Por qué?

Porque el comunismo parece comportarse como una alucinación colectiva (tipo religión), o como un instinto depredador del alma humana. No se le puede combatir con razones, porque no atiende a razones. No se le puede combatir con la economía, porque aspira a quedarse con lo tuyo. Su triunfo, quizás eterno, es que ofrece la legalización del robo, y siempre habrá seres humanos a los que eso les ponga en movimiento y les aporte una esperanza de mejorar a costa de su vecino. Todos conocemos a personas que nunca nos robarían, pero que votarían encantadas a un partido que propusiera robarnos y matarnos. ¿no es cierto?

El odio a los semejantes, la envidia, el rencor, el cainismo, la inquina a los que son mejores, el deseo de machacar al que destaca, al diferente o al que tiene ideas propias no son, en absoluto, patrimonio exclusivo del comunismo. Ni mucho menos. Pero ningún sistema como el comunista ofrece a la gente que vive enfangada en esas pasiones una oportunidad tan buena de tomar revancha contra los otros y arrastrarlos por el barro. Y además en nombre del pueblo, de la igualdad y de otras muchas absoluciones. Te permite ser malo y a la vez te absuelve. ¿qué mas se puede pedir? Esta es, para mi y para algunos otros autores, la razón sociológica de la supervivencia del comunismo como idea, a pesar de sus crímenes y sus estrepitosos fracasos pasados. Y el caso es que otra cosa no se explica.

Como ya bato todos los records de longitud de un artículo, termino con una frase del viejo del hotel: “si quieres saber quién es un miserable, es fácil: pregúntale por mayo del 68. Si te habla de París, es un canalla. Mayo del 68, para los amantes de la libertad, fue Praga. La valiente y sangrienta Primavera de Praga”

Por si os sirve.

Los fallos del colectivismo IV (la necesidad como criterio de reparto)

Puestos a inventar necesidades, hay ideas para todos los gustos...

Puestos a inventar necesidades, hay ideas para todos los gustos...

Una de las premisas fundamentales de los sistemas colectivistas, en especial de los socialistas y comunistas, es la máxima: “se debe exigir a cada cual según su capacidad y dar a cada cual según su necesidad”

Dentro de la serie sobre los fallos del comunismo, quisiera analizar esta idea, aunque más bien me parece una mentalidad, o una forma de ver el mundo.

Por mi parte, y siendo todo lo objetivo que puedo, quiero decir una serie de cosas, que espero que me rebatáis con argumentos lógicos, porque lo cierto es que estoy acostumbrado a que me lo discutan con razones religiosas. Así que, por favor, dejad el catecismo a un lado, y pensemos. Os lo ruego.

-La pobreza no es una condición moral. No pienso como los calvinistas, que creen que el pobre es malo, porque Dios no permitiría pasar necesidad a un hombre virtuoso. Y tampoco pienso como los católicos, que creen que antes pasará un camello por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos. Por eso os dije que dejéis un rato el catecismo en casa y me digáis si ser pobre es un rasgo moral. Yo creo que es indemostrable tal cosa. Ser pobre es ser pobre. Y ser pobre es una mierda. Pero no dice nada de la moralidad.

-La necesidad no da derecho a nada: lo que otorga derechos es el esfuerzo, el cumplimiento de unos deberes o incluso el simple hecho, convenido de forma tácita, de pertenecer a una sociedad o país (lo que también impone obligaciones). Pero la necesidad, en sí, no otorga derechos. Que yo necesite un coche para ir a trabajar, aunque lo necesite imperiosamente, no me da derecho a exigirlo, ni a coger el de otro, ni a pedir que me lo presten. Necesitar una vivienda no significa que otro la tenga que pagar.

Las necesidades son ilimitadas y pueden crearse o extenderse a voluntad. Esta es uno de los pilares de la economía. De hecho, la economía se define según algunas escuelas como la disciplina que estudia la distribución de recursos limitados entre necesidades ilimitadas. Dicho esto, un sistema que reparte el fruto del esfuerzo de todos entre los que más lo necesitan, lo único que está haciendo es incentivar la queja, la picaresca y la corrupción. Un sistema en el que para conseguir más basta con sufrir más en vez de trabajar más, se va al carajo necesariamente.

A riesgo de que me tiréis piedras, os citaré un ejemplo sangriento: en la guerra entre los tutsis y los hutus, en Rwanda y Burundi (1990-1994) ambos bandos combatientes utilizaban las matanzas de civiles como modo de aprovisionar a sus ejércitos, pues sabían que después de cada matanza llegaría la ayuda humanitaria de Occidente y podrían así dar de comer a su tropa.

La necesidad, por tanto, no puede ser un baremo de distribución, a riesgo de que las necesidades se multipliquen y la miseria, la enfermedad o la simple estupidez lleguen a ser estados deseables, de los que se puede obtener más que del trabajo, el estudio o la salud. Cuando es más rentable cortarse un pie que estudiar una carrera, un país no tarda en quedarse cojo.

Por lo demás, hay ejemplos de sobra en nuestra sociedad de gente que convierte la necesidad en un modo de explotar al resto.

Es vuestro turno.

 

Jubilación a los 67

Cualquier día harán ir a trabajar hasta a los muertos (pero sólo a algunos, no penséis...)

Cualquier día harán ir a trabajar hasta a los muertos (pero sólo a algunos, no penséis...)

Hasta los miembros de su Gobierno lo dicen por los pasillos: Zapatero se levantó ocurrente y decidió, de pronto, sin encomendarse a Dios ni al diablo, subir la edad de jubilación a los 67 años.

Por lo visto, muchos de sus ministros se enteraron por la prensa de esta medida, que ha pillado por sorpresa a propios y a extraños. Como supongo que ya habéis leído algo al respecto, me permito explicar muy por encima, si la risa me deja, en qué consiste la idea:

A partir de 2013 la gente se empezará a jubilar con 65 años y dos meses, y la edad de jubilación se aumentará en dos meses al año hasta que en 2025 tengamos la cifra propuesta: 67.

Lo cierto es que el la Seguridad Social iba de cabeza a la quiebra y había que hacer algo, y enseguida, para evitar su colapso en los próximos años, cuando el número de activos fuese más o menos igual al de inactivos. Las cifras indican, más o menos, que en 2040 está previsto que haya un 32 % de jubilados, lo que sumado a los menores de edad hace que tengamos a un trabajador por cada español pasivo. Y eso contando con que no haya paro, por supuesto.

Con esto, como veis, no hago más que sumarme a la broma: había que hacer algo enseguida, y hasta 2013 (año posterior al de las elecciones, ojo al dato) no se empieza a subir el tope de la jubilación, y sólo dos meses. Había que hacer algo urgente y resulta que lo posponen quince años, lo que, sabiendo como sabemos el modo en que se rige este país, significa que aún veremos otras diez o doce ocurrencias, ocho reformas, treinta y tres enmiendas y setenta y ocho borradores. O sea, nada.

Pero no voy a decir que esta medida es un brindis al sol, porque contiene su significado, y muy importante: que la cobardía política del gobierno no conoce límites ni pudor.

Pero ya de la que estamos, analizamos las consecuencias muy brevemente, de este retraso en la edad de jubilación:

Los que cobran más y son más difícil de despedir (y por tanto hacen menos, porque echarán a otros) se incrustan aún más en la empresa o la función pública.

-El paro juvenil, que ya es bestial (40 %), aumentará aún más si se llega a aprobar una barbaridad así.

El aumento de la vida laboral no compensa, ni de lejos, el aumento de la esperanza de vida. Es un puñetero y mierdoso parche para no abordar medidas de verdadero calado (por ejemplo, decir no a la prejubilaciones que tanto gustan a las grandes multinacionales).

Hay muchos otros efectos, pero cuento con que los vayáis citando vosotros.

 

 


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Los fallos del colectivismo (III): desincentivación del esfuerzo y penalización de la excelencia.

Cuando trabajar bien no sirve de nada, pasan cosas como esta

Cuando trabajar bien no sirve de nada, pasan cosas como esta

Dentro de este recorrido por los fallos de los sistemas socialistas y comunistas llegamos hoy a una lacra de difícil solución: la desincentivación del esfuerzo.

Podíamos hablar otra vez del mono que no trabaja y que precisamente por no trabajar se vuelve más competitivo con las hembras, tiene mejor salud, y vive más años, pero de eso ya hablamos el otro día.

Hoy, en cambio, como pidieron algunos lectores, voy a tratar de abordar el asunto desde una óptica cercana: la igualdad o equivalencia entre el que hace algo, el que hace mucho, y el que no hace nada. La igualdad o equivalencia entre el perfeccionista, el que trata de mejorar las cosas, el indolente y el que simplemente es un chapucero y un marrano.

Todo eso nos suena cercano y conocido, ¿verdad? Pues bien: ese es el pilar fundamental de las relaciones laborales en el socialismo. Y lo mismo que ocurre en una empresa cuando se trata igual a los que cumplen o a los que no, sucede en un país, pero a lo grande.

En nuestras economías capitalistas hay una reminiscencia de ese sistema, fomentada a ultranza por los sindicatos de izquierda (que son casi todos): la negociación colectiva. Los sindicatos detestan todo aquello que pueda servir para distinguir al buen trabajador del malo, y se amparan en que estos mecanismos se utilizan para cometer abusos y arbitrariedades contra los trabajadores. Es totalmente cierto, pero no cabe olvidar que tratar igual a todos es un abuso y una arbitrariedad ya en sí misma, con lo que cometer un desmán para evitar otro no puede ser una mejora. Es simplemente un trasvase de poder y una presión a la baja sobre la productividad. ¿Cual es la idea? Que todos trabajen como el que menos, porque trabajar como el que más es de idiotas.

Los sistemas socialistas y comunistas se basan en esto: los recursos son del Estado y los trabajadores son todos iguales. En estas condiciones, mejorar un producto, hacerlo más eficiente, más duradero o de mejor calidad no tiene sentido, pues el Estado garantiza que no habrá otro producto en el mercado compitiendo con el tuyo. Los consumidores te comprarán a ti obligatoriamente, y al precio que se fije. La calidad y la eficiencia no cuentan.

La producción en los sistemas comunistas y socialistas es como la comida en la cárcel: como no hay otra cosa, todo está bien. Cualquier iniciativa para mejorar el producto aumentará el esfuerzo y nadie querrá asumir ese sacrificio a cambio de nada. Los sistemas comunistas sólo avanzan cuando deben competir, como en la carrera armamentística contra Occidente, la carrera espacial, o la guerra contra los nazis. Sin competencia exterior, se hunden en su propia inoperancia, su indiferencia y la falta de incentivos para trabajar más, trabajar mejor o mejorar lo que se produce.

En ese sentido podríamos decir que los funcionarios operan a menudo como un estado socialista propio dentro de un sistema capitalista, pero esos matices os los dejo para vosotros, en los comentarios, que yo ya me he vuelto a pasar de extensión.

A ver si entre todos tenemos un buen debate.

 

Los bancos inventan nuevas cláusulas cárcel. ¡¡Cuidado!!

Un banco poniéndose tierno

Aparentemente, un banco poniéndose tierno. En realidad, oficial de la 9ª División Panzer de las SS

Disculpadme si me pongo poético:

Los bancos son fieras carnívoras que necesitan grandes cantidades de alimento para mantener su metabolismo depredador de cuentas de resultados siempre crecientes. Ahora, en plena sequía, el medio ambiente no colabora en la caza y tienen que inventar nuevos mecanismos para lograr sostener su cruenta fisiología.

Para los que hayáis firmado una hipoteca después de 2007 o la vayáis a firmar ahora, hay una cláusula llamada ” COMPENSACIÓN DE RIESGO POR TIPO DE INTERÉS“, que es totalmente legal, pero que obliga a pagar una fuerte cantidad de dinero si se quiere liquidar la hipoteca, ya sea para llevársela a otro banco, o porque hemos heredado a un tío América, o nos ha tocado la primitiva.

La clave para saber si nos va a afectar o no es la revisión de la hipoteca: si nos revisan el tipo de interés cada 12 meses, o cada menos, estamos salvados. Pero si tenemos una hipoteca a tipo fijo, o una de esas nuevas hipotecas que se revisan cada 18 meses (supuestamente para darnos estabilidad), entonces estamos jodidos.

Os lo cuento para que lo miréis en vuestros contratos aquellos a los que os pueda afectar, y para que lo tengáis en cuenta los que estéis a punto de firmar una hipoteca: mucho cuidado con esta cláusula si la revisión de la hipoteca es por periodos superiores al año.

También hay que tener cuidado con la CLÁUSULA DE DESISTIMIENTO, que no es más que un simple truco de diccionario para volver a cobrar la comisión por cancelación, pero llamándole de otro modo. Esta cláusula indica que habrá que pagar entre el 0,25 y el 0,5 % de todo el capital de la hipoteca en caso de cancelarla, ya sea para llevársela a otro sitio o porque se paga en su totalidad.

Sólo hay un modo de evitar estos truco, así que tomad nota: antes de ir a firmar la hipoteca, pedid una oferta vinculante y un proyecto de escritura. Y os lo leéis tranquilamente, antes de ir a la notaría. Luego, si lo que os dieron y lo que se presentó a la notaría no coinciden, hay modos de denunciar (aunque lo mejor es estar atento también en la notaría). Pero sin esta precaución, seréis alimento de las fieras.

Avisados vais.

Crédito hipotecario

Con un poco de técnica y de pericia, todo se consigue...

Con un poco de técnica y de pericia, todo se consigue...

Aunque muchos penséis, a primera vista, que un crédito hipotecario es lo mismo que una hipoteca, existen algunas importantes diferencias que convierten a este producto en una opción interesante para algunos casos determinados. O dicho de otro modo: que os servirá o no, pero es importanbte saber que existe.

El crédito hipotecario es una forma de financiación a largo plazo mediante la que la entidad financiera concede una determinada cantidad de dinero, con la garantía de un bien inmueble, pero no entrega todo el importe de una sola vez, sino que lo mantiene disponible para que el solicitante gaste ese dinero a medida que lo vaya necesitando.

Este mecanismo puede ser muy útil, por ejemplo, en los casos en que se compra una vivienda para rehabilitar. Si se acude a una hipoteca convencional, tendremos dos problemas: que la vivienda difícilmente será tasada por el importe que necesitamos y que empezamos a pagar desde el primer día intereses por toda la cantidad recibida. Una vivienda en mal estado no vale lo mismo que arreglada, por supuesto, y el banco no puede asegurarse de que efectivamente la repararemos, así que estará más dispuesto a darnos un crédito hipotecario, con condiciones, que una hipoteca normal.

Con el crédito hipotecario podemos acordar con el banco que vaya aportando dinero a medida que se presenten los correspondientes certificados de obra, con lo que a medida que aumenta el valor del inmueble aumenta también la cantidad que debemos.

Así, sólo pagamos intereses por el saldo dispuesto, pues por el saldo no dispuesto se suelen pagar unas cantidades extremadamente bajas, que pueden llegar incluso a cero si negociamos bien con el banco.

De las diferencias entre los préstamos en general y las líneas de crédito en general hablamos cuando queráis, que tiene tela la cosa.


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Los muertos bajo la alfombra (contabilidad inmobiliaria de la banca)

¡Qué bueno es tener un sitio seguro en el que dormir tranquilo!

¡Qué bueno es tener un sitio seguro en el que dormir tranquilo!

Hoy, en lugar de gruñir y despotricar sobre lo mal que nos tratan, lo feos que son nuestros banqueros y lo miserables que resultan nuestros políticos, voy a hablar de un tema concreto y en un artículo breve. A ver si lo consigo.

Algunos dicen por ahí que el temporal de la crisis ha pasado y que sólo falta ver lo que tarda en recuperarse la economía real. Yo creo que es mentira, y que aún nos falta por vivir la parte más dolorosa y con más peligro, y voy a explicar por qué.

En el resto de los países desarrollados la banca las ha pasado canutas, pero aquí, de momento, nuestra entidades financieras han salido bien libradas, con la excepción de las cajas, que han tenido que fusionarse para no hundirse.

Pero resulta que si nos ponemos a hacer las cuentas nuestra banca debe 450.000 millones de Euros, y lo debe sobre todo a la banca extranjera, pues aquí no había financiación para construir tanto piso como se construyó, ni para conceder tanta hipoteca y tanto crédito como se concedió estos años pasados. Los de fuera está jodidos, en parte, porque nos han prestado el dinero a nosotros y esos préstamos no han vencido, por lo que no los pueden exigir.

El chiste va a empezar cuando nuestros bancos no puedan devolver los créditos. Y esto sucederá en breve, pues la cantidad arriba mencionada, el casi medio billón de Euros, hay que devolverlo entre 2010 y 2012.

¿Y por qué parece nuestra banca tan saneada? Pues por la jugada siguiente:

Hasta ahora, los promotores inmobiliarios, cuando no pueden devolver los préstamos a los bancos, les pagan con bloques enteros de viviendas. Por eso los bancos venden tantos pisos: porque se han quedado con miles y miles de pisos embargados tanto a particulares como a promotores morosos. La verdadera historia de risa está en que esos pisos se contabilizan en el balance de los bancos a precio de mercado, y por eso nuestros bancos PARECE que no están en quiebra.

Sin embargo, el precio de mercado al que se contabilizan estos inmuebles no tiene nada que ver con su valor real actual, por lo que muchos de nuestros bancos tienen en realidad un activo menor a su pasivo, y SÍ ESTÁN REALMENTE en quiebra, aunque logren ocultarlo con trucos contables.

Cuando llegue el momento de devolver los préstamos, no tendrán efectivo, sino pisos que no valen ni mucho menos lo que ellos dicen que valen, y entonces el acreedor, el banco holandés, alemán, belga, o de dónde sea, exigirá la liquidación.

Y veréis.

¿Comprendéis ahora por qué las tasaciones siguen altas y los pisos no bajan, al menos en teoría? Porque si bajasen las tasaciones y los precios oficiales, los bancos tendrían que reconocer que lo que tienen vale menos que sus deudas, y a eso se le llama quebrar.

Espero haber sido claro hoy, aunque no haya logrado lo de breve.

 

Los fallos del colectivismo (II): lentitud y rigidez en la respuesta a las necesidades económicas.

Economía comunista teorizando sobre sí misma...

Economía comunista teorizando sobre sí misma...

En el artículo anterior sobre este tema hablamos de la intrínseca enemistad entre socialismo o comunismo y libertad. Decíamos entonces que la gente no quiere convencerse de que son iguales sus hijos que los de los demás. Hoy nos centraremos en otra idea no tan psicológica sino mucho más práctica: la centralización y burocratización de la actividad económica en los sistemas colectivistas.

Cuando la cobertura de las necesidades económicas depende de agentes privados, estos ven la necesidad o la demanda en la calle y acto seguido, sin pasos intermedios, pueden decidir que en esas necesidades existe una oportunidad de lucro, con li que se lanzarán, sin más, a explotar el hueco.

En las sociedades colectivistas, el proceso es otro: surge en primer lugar la necesidad, luego esa necesidad aparece reflejada en las estadísticas oficiales, estos datos pasan por distintos filtros o comités que las estudian y si las encuentran adecuadas proponen a otros comités que dispongan los medios para subsanarlas. Los que disponen de los medios, estudian las respuestas adecuadas, ven si encajan en la planificación previa o si será necesario modificar la planificación para siguientes planes trienales io quinquenales y finalmente deciden emplear recursos, detrayéndolos de otra actividad, después de largas discusiones y luchas internas, porque el que ha de perder cuota de poder o producción para cederla a la nueva necesidad se resiste a renunciar a su parte.

De este modo, como decía un informe checo de la época de la Primavera de Praga, cuando empiezan las lluvias se solicitan paraguas, y finalmente los paraguas se fabrican en el verano del año siguiente, si es que aparecen antes fabricantes de varillas y si es que se consigue formar a tiempo personal que sepa montarlos.

Cuando hasta los aspectos más baladíes de la producción y la distribución tienen que pasar por una maquinaria burocrática, las decisiones se retrasan hasta la absoluta ineficiencia, se desperdician recursos, se pierden oportunidades y las decisiones finales dependen a menudo más de los equilibrios interno de poder que de la demanda o necesidad real de un bien o servicio.

En las sociedades capitalistas se padece a menudo un fallo muy similar, aunque menos intenso: la burocratización. De hecho, una de las razones por las que no se abren más empresas es por el papeleo y por la cantidad de permisos perevios que se exigen.

Si esto es así en una sociedad donde supuestamente existe libertad de empresa, podéis imaginar fácilmente lo que pasa en una sociedad donde todo, absolutamente todo, queda en manos de funcionarios, a los que ni les viene ni les va que se haga algo más que lo mínimo e imprescindible.

Quizás por esto dijese Helmuth Kohl, refiriéndose a la Alemania del Este: “De una derrota como la del año 45 salimos en quince años. Han pasado veinte desde que los estados del Este abandonaron el comunismo y aún no han logrado salir. Es obvio cual de las dos cosas es peor”.

 

 

Cooperativas de viviendas

Como casi todo, estas cosas son según se miren...

Como casi todo, estas cosas son según se miren...

A la hora de comprar una vivienda hay que pensar en todas las posibles opciones y una de ellas, y muy buena, son las cooperativas de vivienda.

Una cooperativa de viviendas es una asociación mercantil que, al coincidir en sus fines e intereses, desarrollan una actividad económica, considerándose socios o partícipes todos sus miembros, de modo que reparten entre ellos el rendimiento de la cooperativa.

La principal ventaja de la cooperativa es que, al ser los propios compradores de los pisos los que promueven la edificación, se ahorran el margen del constructor lo que puede suponer un veinte o hasta un treinta por ciento del precio final de la vivienda.

Las cooperativas pueden edificar y parcelar por sí mismas o encargar este servicio, y los que hagan falta, a terceras empresas. Lo normal es que la cooperativa de vivienda ejerza de promotora, pero no de constructora, ya que esta última no es una simple actividad de intermediación financiera. O sea, que comprar y vender puede saber hacerlo, más o menos, cualquiera, pero poner vigas y ladrillos, no tanto.

La casuística de las cooperativas de viviendas es demasiado amplia para abordarla en este espacio, pero me gustaría decir unas pocas cosas, aunque sea de manera esquemática:

-Que es importante exigir avales por todas las cantidades aportadas, no vaya a ser que alguien se marche con la pasta o se pierda lo aportado si algo va mal. Siempre puede pasar, porque meternos en una cooperativa nos convierte en empresarios que asumen riesgos, pero esta precaución es fundamental.

-Que a menudo existe un periodo de tiempo en el que si se quiere vender la casa hay que ofrecerla obligatoriamente a la cooperativa en primer lugar (retracto), y que si esta no desea comprarla, y sólo en ese caso, se puede vender en el mercado libre.

-Que habitualmente se ahorra mucho dinero en la compra der la vivienda, pero mi experiencia me dice que lo que ahorras en la casa te lo gastas en aspirinas, porque las cooperativas de viviendas funcionan de modo parecido a las comunidades de vecinos y no imagináis los problemas peregrinos que la gente llega a plantear durante la construcción.

-Que por diversas razones los plazos suelen extenderse y extenderse, y como los promotores somos nosotros mismos no hay a quien reclamar, como no sea al Maestro Armero. (Recibe de 5 a 7 en la armería municipal…)

-Que los bancos son a veces reacios a prestar dinero para las aportaciones, pero como estas no suelen ser muy grandes el problema no es grande. De todos modos, no conviene despreciarlo, porque mientras dura la construcción, y la cosa se alarga, hay que pagar las aportaciones y vivir en algún lado.

Por último, quisiera señalar, en resumen, que las cooperativas de vivienda son una buena opción por el ahorro que implican, pero si el terreno está bien situado es muy raro conseguir hacerse partícipe en una de ellas como no sea a través de un grupo o asociación con poder de negociación (evito cuidadosamente, como veis, la palabra mafia) y que si es fácil entrar es muy probable que el terreno esté en el quinto carajo.

O sea, que lo habitual: si es bueno es para los de siempre, y si no es para los de siempre, desconfía.


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Necesidad de aplastar la libertad y oposición a la naturaleza humana .Los fallos del colectivismo (I)

Comuna

Comuna

Si hablásemos de una casa, por ejemplo, bastaría decir que no se puede vivir en ella para descartarla por completo, pero hablando de sistemas económicos parece que es necesario explicarlo.

Volvemos hoy a los fallos del los sistemas colectivistas, socialismo y comunismo principalmente, y quiero empezar por el más grave: que nunca, jamás, ha podido desarrollarse este sistema en un ambiente de libertad.

El colectivismo necesita la dictadura lo mismo que el aire, porque el ser humano no desea renunciar a sus ideas creativas, al producto de su esfuerzo ni al producto de su trabajo. Los seres humanos nos sentimos únicos y es necesario un gran esfuerzo, de voluntad, de interés, o de violencia, para convencernos de que todos nos esforzamos igual, valemos igual y merecemos lo mismo.

Cuando el comunismo despoja al ser humano del derecho a la propiedad lo despoja a la vez de la capacidad de mejorar su existencia y le dice, implícitamente, que el hijo del vecino y el suyo deben ser iguales para él. Los genes, por supuesto, se niegan a aceptar tal cosa y de ahí surge la necesidad de la opresión y la violencia para imponer el sistema.

Las hormigas y las abejas son animales socialistas, que cooperan perfectamente en trabajo y recursos, pero a veces olvidamos que todos los individuos son genéticamente el mismo, que son estériles, y que descienden de una sola reina del hormiguero o la colmena, que es la única que se reproduce. Pero los hormigueros y las colmenas no cooperan entre sí, sino que compiten a su vez por los recursos del entorno.

Si los seres humanos fuésemos genéticamente idénticos se nos podría convencer de que la supervivencia del vecino y la nuestra son perfectamente intercambiables, pero como somos únicos, no es posible lograrlo sin una fuerte violencia.

Convertir en colectivos unos intereses que no lo son en realidad, desanima a los individuos de pensar algo nuevo, de esforzarse un sólo minuto por encima del mínimo exigido y de mantener en pie con su esfuerzo algo más que lo estrictamente necesario.

El tiempo es limitado y el esfuerzo supone un coste. Si hablamos de animales, quizás sea más fácil de entender:

Un chimpancé puede emplear su tiempo “de trabajo” en cazar, buscar fruta o quitar piojos a sus vecinos. Si todos emplean el mismo tiempo en ello, la comunidad funciona, pero el chimpancé que logre escaquearse y decida dedicar menos tiempo a cazar, o a quitar piojos al resto tendrá una ventaja y se reproducirá mejor, porque comerá lo mismo que el resto pero asumirá menos riesgos en la caza, conservará energía y tendrá más tiempo para cortejar a las hembras.

El que trabaja un poco menos, encuentra que come igual que el resto, le quitan los piojos igual que al resto, pero está más descansado, es más fuerte y tiene más tiempo para el sexo. La conclusión obvia es que se reproducirá más y mejor y después de un tiempo, muchos individuos de la colonia serán descendientes suyos y muchos otros intentarán seguir su mismo sistema, por ser el más eficiente. La violencia necesaria para que todos cooperen será cada vez mayor, creando descontento, o permanecerá estable, permitiendo desigualdades cada vez mayores.

 Hasta el desastre final.

El bono español se paga ya al 4 % (y el desastre que eso significa)

Verdadera identidad de quien llegó al poder asegurándonos que era el rey de copas.

Verdadera identidad de quien llegó al poder asegurándonos que era el rey de copas.

¿Parece una buena noticia, verdad? Pues no: es un desastre, y creo que espacios como este tienen la obligación de explicar lo que significa semejante noticia.

La rentabilidad del bono español subió del 3,73 % al 4 % en sólo un mes, y eso no significa que seamos más rentables, sino que confían menos en nosotros, porque la rentabilidad del bono es el precio que nos cobran por prestarnos dinero. Por prestárselo a nuestro gobierno, concretamente.Es una rentabilidad ajena; que quede claro eso.

Si los intereses que nuestro país debe pagar por la deuda pública son cada vez mayores y esta deuda se agranda, el encarecimiento real, lo que vamos a tener que pagar, se dispara hasta convertirse en una losa, una más, en este cementerio económico que no deja de crecer.

Esta noticia ha pasado de puntillas por todos los medios, pero sus consecuencias son devastadoras, y no sólo a nivel macroeconómico, sino también para nuestros bolsillos. Pensemos:

Imaginad que sois un banco, uno cualquiera. Ni más amable ni más cabrón que el resto. Llega alguien y deposita en su cuenta trescientos mil euros, procedentes de exportar azulejos a Holanda, por ejemplo. ¿A quién prestaríais esos trescientos mil euros, a un autónomo para montar una empresa, cobrándole el euribor más dos puntos, a una familia para una hipoteca, cobrándole el euríbor más cero con setenta y cinco, o al Gobierno, en deuda pública?

La cuenta real nos abrirá a todos los ojos:

-Si el banco le cobra al autónomo euribor más dos puntos, tenemos que le cobra 1,24 +2 igual a 3,24 %

-Si el banco le presta el dinero a una familia para una hipoteca, tenemos que obtiene 1,24 + 0,75 igual a 1,99 %

-Si el Banco le presta el dinero al gobierno, cobra un 4 %.

Y el Estado no quiebra (en principio, vaya) ni deja de pagar sus cuotas, así que la cosa está clara: rentabilidad máxima y riesgo mínimo.

¿Comprendéis ahora por qué los bancos no prestan?, ¿comprendéis por qué no se conceden hipotecas?, ¿entendéis por qué se ha estrangulado a las Pymes cerrándoles las líneas de crédito?, ¿os dais cuenta de por qué no hay modo de abrir una empresa ni de conseguir financiación para ello?

El gobierno no sólo derrocha y nos endeuda, sino que además acapara los recursos que deberían ir a recuperar la economía de la calle.

Nos ahorca y además exige que la cuerda la paguemos nosotros.

 

Ley vivienda y realidad

Por ley era una vaca, pero la realidad es un poco cabrona y...

Por ley era una vaca, pero la realidad es un poco cabrona y...

Con eso de que tenemos sesenta o setenta administraciones, y me refiero sólo a las grandes, porque si cuentos ayuntamientos ya no paro, parece que prolifera el deseo de hacer una ley de vivienda a la medida de cada ego y cada gana de figurar.

Empezando por la Constitución, y siguiendo por los Estatutos de Autonomía, resulta que Galicia, Cataluña, Comunidad Valencia, Navarra, Castilla y León, y algunas más, han creado ya su propia ley que regule el uso de la vivienda y su distribución. Lo más divertido, por supuesto, son los primeros artículos, donde se dicen siempre gansadas del tipo de que todo el mundo tiene derecho a esto, a lo otro y a lo más allá, sin que se mencione cual es el alcance real de esos derechos y quién va a pagar nuestro derecho a algo.

Al final, y os reto a que leáis alguna de estas leyes, lo que se viene a decir en todos estos mamotretos legislativos es que la vivienda es un derecho, que la administración procurará facilitar que la gente tenga donde vivir, que se regularán las características de construcción y arrendamiento de estas viviendas, que se velará por los derechos de los ciudadanos a la hora de adquirir o arrendar una vivienda y que se vigilará la calidad, diseño y usabilidad de lo que se construya. O sea: que amenazan con más control, sobrecoste y obligaciones, pero no concretan ni una facilidad.

O sea que si estáis esperando que una ley de vivienda os ayude a pagar la hipoteca, o a que no engañen al firmarla, o incluso a que se abarate por algún medio la adquisición de una vivienda, vais apañados. La realidad es que la vivienda sigue y seguirá suponiendo una parte enorme de nuestra renta disponible, que eso retira y detrae recursos para consumir en otra cosa y activar la economía, que el que tiene donde vivir porque ha heredado o comprado hace quince años es un nuevo aristócrata y el que tiene que pagar durante treinta años, un nuevo paria. Si alguien lo arregla, será el mercado, no la ley. Si se abaratan, será porque sobran o porque hay que sacarlas de los balances de los bancos, no por las sandeces que publican en los boletines.

¿Cual es el resumen de todas estas leyes de vivienda? Literatura barata. Los políticos inventaron los boletines oficiales para poder publicar en alguna parte, porque no los aguantaban en otro sitio.

Otra cosa, no se entiende.

 

 


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