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Lo que dicen que ahorran y lo que no vemos

El sargento ya se cachondea de nosotros...

El sargento ya se cachondea de nosotros...

La secuencia lógica está clara: mientras el Estado gaste más de lo que ingresa, emitirá deuda pública, y mientras el Estado emita deuda pública, a los bancos les resultará más interesante prestarle el dinero al Estado que dárnoslo a nosotros o a las empresas en forma de créditos o de hipotecas. Así las cosas, resulta que hasta el Corte Inglés ha tenido que acudir por primera vez en su historia a una emisión de deuda.

Sí, habéis leído bien: la vieja broma bancaria de que “si un día entra por la puerta el director del Corte Inglés le dices que no es lo bastante solvente” se ha convertido en realidad. Aquí tenéis el enlace para que podáis haceros cruces tranquilamente y pensar en qué casos le prestarán dinero a cristalerías Benito o a  instalaciones Manolo.

Y entonces, ¿qué pasa con el gasto público?

Nada. Que diga lo que diga la vicepresidenta sobre que ha llegado el momento del sacrificio de los políticos, todo es una pantomima para que las cosas sigan igual, y hasta se han reunido Rajoy y Rubalcaba para acordar qué se toca y qué no se toca. Eso, y no otra cosa, es el cacareado acuerdo entre los grandes partidos sobre la reforma de las administraciones.

Como ejemplo de lo que tenemos, os cito un dato que he encontrado por ahí: “La Conselleria de Sanidad valenciana tiene empleadas a 1.500 personas, de las cuales 164 son telefonistas, 116 electricistas, 18 pintores, 2 fotógrafos, 80 calefactores y 34 costureras. ¿Cómo creen que un país puede funcionar así? Y con un 22% de absentismo.

Así, por supuesto, no se puede reducir el gasto público, y ni siquiera se plantea la opción de corregir ese tipo de barbaridades, porque hacerlo de veras repercutiría sobre el empleo.

¿Os dais cuenta del eufemismo? Repercusión sobre el empleo. Sí, claro, por supuesto, porque echar enchufados a la calle, repercute sobre el empleo. Porque echar asesores a la calle, de los que se nombran a dedo y cobran una media de 60.000 euros al año, repercute sobre el empleo, porque preguntarse por qué los profesores universitarios obtienen su plaza en oposiciones a las que no se presenta nadie más, repercute y mucho, sobre el empleo.

Lo único que no repercute sobre el empleo es dejarlo todo como está, absorber todo el dinero disponible del mercado y ver cómo los demás rabian y lloran en busca de una financiación o una hipoteca que ni llega ni se la espera.

La hipoteca se dio a la fuga

La gran evasión

La gran evasión

Llevamos bastante tiempo  hablando por aquí de que las hipotecas están en el congelador, fundamentalmente porque los bancos son a sía de hoy los que más necesitan el dinero y, por tanto, no se lo van a prestar a nadie.

La otra razón de semejante parálisis, es el gasto público: mientras a los bancos les sea más rentable y seguro prestarle el dinero a los gobiernos a través de las emisiones de deuda pública, será imposible convencerlos de que se lo presten a las empresas, y aún menos a los particulares para comprar una vivienda, máxime cuando la valoración de esas viviendas en el futuro no está muy clara y todo indica que se moverá a la baja.

Sin embargo, hay un dato que mete mucho más miedo que todos los anteriores y que casi nadie ha querido comentar: la desaparición rampante del dinero. Sí, como lo leéis: el dinero se está largando de España a unas velocidades tan superlumínicas que los bancos ni siquiera pueden cubrir sus propias necesidades de capital, y mucho menos prestar.

Por mucho que el Gobierno se empeñe en decirnos que nuestras cuentas mejoran gracias a las exportaciones, lo cierto es que la balanza de capitales, la que mide la diferencia entre el dinero que entra en España y el que sale de nuestro país, pasó de 27.000 millones de euros negativos (ya está bien) en 2011 a 210.000 millones de euros, en 2012, y eso sólo hasta octubre. Con semejante sangría de inversiones y depósitos, ¿cómo demonios queremos que los bancos presten un duro a nadie, ni a particulares ni a empresas?

Nuestras exportaciones, basadas sobre todo en la bajada de los salarios, no van a cubrir ese agujero ni van a suponer un aumento apreciable del factor empleo. Porque aquí, como sabéis, cuando se habla de competitividad se habla sólo de salarios, pero no de otros factores, como la financiación o la energía. Mientras la energía siga en manos de cuatro bandoleros oligopolistas y el mercado de capitales absorba cualquier recurso que podamos generar no haremos otra cosa que profundizar el agujero en que nos hemos y nos han metido.

La hipoteca, amigos, se dio a la fuga. Salió pro la frontera en un maletín o, más probablemente, en una transferencia hecha por internet con un simple click. Mientras no seamos capaces de entender que en un mundo globalizado el dinero no vota, sino que simplemente se limita a largarse a otro lado, seguiremos empecinados en darnos cabezazos una y otra vez contra la vieja mecánica de huelgas, protestas, y reclamaciones a unos políticos locales, los nuestros, a los que sí, hemos elegido nosotros, pero sin capacidad alguna para influir en las cosas que realmente importan.

Lo único que podemos exigirles es que sean honrados (ya nos gustaría), que se enteren de qué va el mundo (misión imposible) y que traten de llevarnos de nuevo al camino del mundo real.

Cualquier otra cosa es mero folclore.

Se acabó la crisis inmobiliaria, al menos en Madrid

Todos a construir, que hacen falta más viviendas

Todos a construir, que hacen falta más viviendas

Fíjate tú que sorpresa. Con media España quejándose del exceso de viviendas y de lo que tardará el mercado en ajustarse y ahora aparece Galindo, José Manuel Galindo, que hace las veces de Presidente de la Patronal de los promotores inmobiliarios en Madrid, Asprima, y dice que en Madrid no es que haya exceso de viviendas, es que hace falta construir más, ¡qué alguien me lo explique!

Parece ser que según sus datos sólo hay unas ocho mil viviendas construidas y vacías, aunque el Ministerio de Vivienda maneja otros datos. En concreto, el último informe del Ministerio habla de 50.000 viviendas ya terminadas y sin comprador en la Comunidad de Madrid.

Sin embargo, Galindo sostiene que incluso tomando como cierta esta cifra del Ministerio el ajuste de oferta y demanda está ya realizado, porque según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid la demanda de viviendas en la región asciende, precisamente, a esos 50.000 inmuebles.

Por tanto, la oferta está cubierta con la demanda, e, incluso, las más de 17.000 viviendas en construcción en la Comunidad en estos momentos formarían parte del stock técnico necesario para el buen funcionamiento de cualquier mercado.

Manejando estas cifras, Asprima sostiene que es necesario incrementar el volumen de viviendas construidas en Madrid, para poder hacer frente de una manera efectiva a la demanda de la región, y se queja de la falta de financiación que están encontrando los promotores de las entidades de crédito.

Por lo que se ve no somos sólo los consumidores de a pie y las pequeñas empresas los que estamos sufriendo las consecuencias del cierre del grifo que están utilizando los bancos como política comercial, y los promotores también están sufriendo las consecuencias.

Supongo que serán ciertos los datos que maneja Galindo, y si lo piensas tiene hasta cierta lógica. La sobreoferta de viviendas se ha producido sobre todo en la costa, donde la gente solía adquirir su segunda residencia, una segunda residencia que en los tiempos que corren carece de toda razón de ser. Pero la primera residencia es necesaria para la vida en sí, así que nadie puede prescindir de ella, como mucho decantarse por el alquiler pero poco más.

Crédito hipotecario

Con un poco de técnica y de pericia, todo se consigue...

Con un poco de técnica y de pericia, todo se consigue...

Aunque muchos penséis, a primera vista, que un crédito hipotecario es lo mismo que una hipoteca, existen algunas importantes diferencias que convierten a este producto en una opción interesante para algunos casos determinados. O dicho de otro modo: que os servirá o no, pero es importanbte saber que existe.

El crédito hipotecario es una forma de financiación a largo plazo mediante la que la entidad financiera concede una determinada cantidad de dinero, con la garantía de un bien inmueble, pero no entrega todo el importe de una sola vez, sino que lo mantiene disponible para que el solicitante gaste ese dinero a medida que lo vaya necesitando.

Este mecanismo puede ser muy útil, por ejemplo, en los casos en que se compra una vivienda para rehabilitar. Si se acude a una hipoteca convencional, tendremos dos problemas: que la vivienda difícilmente será tasada por el importe que necesitamos y que empezamos a pagar desde el primer día intereses por toda la cantidad recibida. Una vivienda en mal estado no vale lo mismo que arreglada, por supuesto, y el banco no puede asegurarse de que efectivamente la repararemos, así que estará más dispuesto a darnos un crédito hipotecario, con condiciones, que una hipoteca normal.

Con el crédito hipotecario podemos acordar con el banco que vaya aportando dinero a medida que se presenten los correspondientes certificados de obra, con lo que a medida que aumenta el valor del inmueble aumenta también la cantidad que debemos.

Así, sólo pagamos intereses por el saldo dispuesto, pues por el saldo no dispuesto se suelen pagar unas cantidades extremadamente bajas, que pueden llegar incluso a cero si negociamos bien con el banco.

De las diferencias entre los préstamos en general y las líneas de crédito en general hablamos cuando queráis, que tiene tela la cosa.


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