Archivo del Autor: Ladríllez

Acerca de Ladríllez

Javier Pérez Fernández (Zamora, 1970) Director durante 10 años de la revista universitaria dela Universidad de León, ha participado en casi todos los foros asociativos y juveniles de la ciudad. Escribe desde los 14 años en periódicos y revistas, especialmente Bedunia, como satírico, y en el diarioLA CRÓNICA-EL MUNDO, donde realizó un suplemento dominical sobre historia militar leonesa. Profesionalmente, se especializó en marketing y economía agraria. Trabaja como comercial de publicidad para medios de comunicación y dirige una casa de turismo rural en la montaña leonesa. En cuanto a trayectoria literaria, empezó por el verso satírico, estudió métrica y composición clásica y es autor de más de mil poemas, aunque jamás se consideró poeta. Más constante ha sido su dedicación al columnismo de prensa, medio en el que ha publicado más de ochocientos artículos en los últimos veinte años. Como autor de relatos cortos, ha tratado de conciliar la temática escabrosa con el estilo irónico, lo que le ha valido más reconocimientos que amistades. En total tiene escritos más de doscientos relatos y ha recibido casi una veintena de premios en este campo. Pero el género donde considera que mejor se desenvuelve es el de la novela. Escribió su primera obra de más de doscientas páginas a los dieciocho años, aunque afirma que sólo permitiría su difusión bajo amenaza a punta de pistola. Desde entonces, ha escrito una enorme epopeya espacial de más de dos mil folios, y cinco novelas, una de las cuales,la Crin de Damocles, le valió el premio Azorín 2006. La espina de la amapola, Ed. Planeta 2008. El Gris. Ediciones B. 2010 -La crin de Damocles, Ed. Planeta 2006. Premio Azorín de novela. -Viento Divino. Caja Murcia. Instituto Castillo Puche. -Antología poética Antonia Pérez Alegre. Fundación Espejo 2005. -Apagar el sol. Ayuntamiento de Toledo. Premio narrativa femenina 2005 -Historias para catar. Tropo Editores 2007 -Diversas antologías y colecciones de cuentos.

¿Cuándo se reactivará la construcción?

Acabaremos echando de menos aquellos andamios eternos...

Acabaremos echando de menos aquellos andamios eternos...

Acaba de publicarse un estudio sobre el mercado inmobiliario, concretamente de RR Acuña y Asociados, y aunque todos sabemos de sobra que hay más de mil opiniones, todas distintas y todas con un punto de Nostradamus, me parece que esta gente lo razona un poco mejor de lo corriente y por eso me he centrado en su opinión.

Según sus cuentas, el abaratamiento de los pisos llegará este año a un 9,55 % y se espera que siguen bajando al menos durante dos años más hasta llegar a una rebaja de más del 22 %, que ya es una rebaja sustancial.

El motivo, por supuesto, es la gran cantidad de viviendas sin vender que quedan en “el almacén”, y pasa con las viviendas igual que con las patatas, que si hay muchas, pues bajan. O aún peor, porque el que tiene almacenadas las patatas no paga IBI por ellas.

En España hay un millón setecientas mil viviendas sin vender y la demanda anual no llega a las doscientas veinte mil viviendas. Por tanto, y contando con que la cosa siga por los cauces normales, hay pisos aún en stock para otros ocho años, como poco, con lo que eso supone de parón en un sector tan importante para la economía, la nuestra, en general.

Lo que menos me gustó, y menos os va a gustar a vosotros de este informe, es la idea de que los pisos iniciados tardan una media de dos años en construirse, con lo que todavía estamos disfrutando del tirón de los que se empezaron antes del comienzo del naufragio económico al que llamamos crisis. Así las cosas, el mayor efecto del parón inmobiliario en el desempleo lo veremos a partir de junio de 2010, y muy posiblemente no se pueda contar con la construcción como motor de la economía hasta el 2014 o aún más adelante.

Y todo esto, sin contar con algunos factores que echo yo en falta, como la contracción demográfica y la reducción de la demanda por la expectativa de nuevas bajadas. Contando con ellos, calculo que hasta el 2016 o el 2018 no veremos a la construcción tirando dle país como ha hecho siempre.

Y me parece normal. Un país que produce máquinas, puede esperar que las máquinas produzcan algo. Un país que produzca vacas puede esperar que las vacas den carne, leche y terneros, pero un país que produce pisos, qué espera que den después, salvo hipotecas, IBI y cuotas de comunidad?

Socialismo y morosidad hipotecaria

Tranquilos, que otro día os pongo una gaviota muerta.

Aunque resulte difícil, os ruego que no interpretéis en este artículo ninguna animosidad partidista. Vaya por delante que en las cuatro veces que he acudido a votar en las elecciones generales he votado a cuatro partidos distintos, y busco desesperadamente un quinto para las siguientes.

Sea como fuere, y voy al toro, el hecho es que en España hay una clara relación entre el socialismo y la ruina económica. Lo que no me atrevo a afirmar es que sea el socialismo el que la provoque: también podría ser que la gente prefiriese a este partido político cuando cree que las cosas van a ir mal, que el socialismo traiga mala suerte a las empresas, o que, simplemente, no guste a los empresarios, que esperan a mejores tiempos para invertir y crear puestos de trabajo.

Si el socialismo en su definición(que no llega a tanto el nuestro) cree en la lucha de clases y considera enemigo al patrono, tampoco es de extrañar que nadie quiera hacerse patrono y que el necesite un salario tenga que que ir a pedirlo a la ventanilla del INEM.

La otra posibilidad, por supuesto, es que SI haya relación causa efecto entre la destrucción de empleo, el deterioro de la economía y las políticas, medidas y procedimientos socialistas de gasto, inversión y fiscalidad. Eso ya es muy opinable y no creo que sea competencia mía meterme en tales berenjenales.

Como este no es un blog político, sino económico, me limito a ofreceros una interesantísima gráfica sobre la evolución histórica de la morosidad hipotecaria. Como sabéis todos, los socialistas dejaron de gobernar en España en 1996 y regresaron en 2004. Lo digo para los lectores más jóvenes, si los hay, que espero que sí.

Juzgad vosotros mismos.

 

 

 

morosidad por años

 

¿Cómo se sale de la crisis?

Piedrea filosofal del Gobierno y remedio de nuestros males.

Piedra filosofal del Gobierno y remedio de nuestros males.

Podéis llamarme osado, si queréis, pero voy a tratar de explicar una receta para salir de la crisis, y además, con las razones por las que prefiero esta y no otra cualquiera de las muchas que circulan en los corrillos económicos. Esta vez, más que nunca, espero vuestros comentarios para que entre todos consigamos hacernos una idea real del problema que padecemos y no lo atribuyamos a cosas flotantes o ectoplasmas celestiales.

En primer lugar, hay que salvar los bancos a toda costa, porque su hundimiento llevaría aparejado el naufragio de una parte del tejido económico que no podemos permitirnos. Un colapso bancario de grandes proporciones pondría al país a pedir a las puertas del Fondo Monetario Internacional, como ha quedado Islandia, por ejemplo. Todas las razones que demos sobre lo injusto que es esto me parecen bien y las suscribo, pero son como decirle que se joda al fumador cuando contrae un cáncer. Sea culpable o no, hay que hacer lo posible por curarlo. Sobre todo si su muerte nos lleva a todos con él. El ejemplo ideal es el del piloto fumador: si le da un infarto en pleno vuelo, no hay que decir que es culpa suya y que lo tenía merecido: hay que reanimarlo como sea o nos vamos todos a tomar por culo. Espero haber sido claro.

En segundo lugar, hay que contener el déficit público como sea, porque si las empresas que quieren invertir se ven en la obligación de competir por los recursos con el Estado (vía Letras del Tesoro, Bonos, etc.) esto retrasará la recuperación, llevará la inversión a otro lado y hará que el paro aumente. Como el capital puede moverse con más facilidad que las personas, hay que darles todas las facilidades para que cree empleo, o de lo contrario se irá con la inversión a otra parte.

En tercer lugar, es necesario facilitar la liquidación de los activos muertos. Si los pisos valen la mitad de lo que valían hace tres años, hay que poner todo el empeño en que de una vez se vendan a ese precio, y no se queden en el limbo esperando la recuperación para poder venderlos con menos pérdidas. Permitir que esos activos queden en la inopia nos perjudica a todos, y hay que incentivar su liquidación inmediata.

En cuarto y no menos importante lugar, hay que dirigir la inversión pública a aquellos sectores donde cada euro que se invierta devuelva un beneficio mayor, ya sea en dinero o en rentabilidad social. Invertir en carreteras es bueno, pero puede haber cosas mejores, como la energía (sin chorradas de renovables, por supuesto, sino energía de verdad), la reducción de la administración y la prevención sanitaria.

Último: casi todo el tejido productivo tiene exceso de capacidad sobre la demanda actual. Mientras los salarios reales no caigan, no se contratará más personal. Los sindicatos deben decidir si defienden exclusivamente a los que tienen un trabajo, o consideran también trabajadores representados a los que están en el paro.

Todos los intentos de salir de la crisis estimulando la demanda están destinados al fracaso. Siguiendo un símil agrícola sobre la creación de regadíos, estimular la demanda es la construcción de los canales y estimular la inversión la construcción de los embalses. Los embalses sin canales, hacen poco, porque sólo riegan unos cuantos miles de hectáreas cercanas a la presa. Los canales, sin embalse, no hacen nada en absoluto. Primero se construyen los embalses y después los canales. En esto, es lo mismo: primero se incentiva la producción, y luego la demanda.

Y ahora, espero vuestras opiniones, por favor.

 

Hipoteca, vivienda y desempleo (un caliente menage a trois)

La distancia es importante. La movilidad aún más.

La distancia es importante. La movilidad aún más.

A algunos les parecerá raro lo que voy a decir, pero os aseguro que la compra de vivienda en propiedad genera desempleo, y quizás una de las causas del disparatado aumento del paro en España haya sido el disparatado número de viviendas que se vendieron en los años precedentes.

Imaginad a dos familias cualquiera, los Chúrrez y los Rosquíllez, trabajando en una ciudad mediana, de las que se están yendo poco a poco a la porra. Pongamos León, la mía. Los Chúrrez viven en su casa y les quedan doce años de hipoteca, pues ya han pagado ocho, y los Rosquíllez viven de alquiler. Supongamos que pagan exactamente lo mismo.

Bien. Ya tenemos el modelo y por hoy vamos a dejar a un lado quién se va a enriquecer más a la larga.

Hoy vamos a ver lo que pasa si una industria local, o un conjunto de industrias de las que depende un gran número de puestos de trabajo, se va a tomar por el saco. Una fábrica de coches, por ejemplo, o una fábrica de medicamentos como la que había aquí.

Las cosas van mal y despiden a Chúrrez y a Rosquíllez. Chúrrez sólo estará dispuesto a aceptar un trabajo en la zona, o a una hora como mucho, porque vender su piso le puede llevar años y mudarse a otro lado mientras sigue pagando la hipoteca es misión imposible. Chúrrez se irá al paro el tiempo que haga falta y cada vez estará más dispuesto a aceptar un trabajo de lo que sea, aunque él fuese analista de laboratorio.

Rosquíllez también es analista de laboratorio y también está en la calle, pero ha oído que en Puertollano, provincia de Ciudad Real, se necesitan técnicos de laboratorio para las refinerías petroleras. Tiene veinte años de experiencia y enseguida le proponen una entrevista. A los cuarenta días, Rosquíllez está trabajando otra vez, y en un empleo acorde a sus conocimientos.

El caso es más o menos real, y la empreesa que cerró fue Antibióticos SA.

Conclusiones del ejemplo:

-1- Que comprar puede ser más rentable a largo plazo, pero resta movilidad a corto y medio plazo.

 -2- Cualquier organismo vivo al que se le resta movilidad, sale perdiendo. Y tal y como están las cosas, con las empresas mudándose rápidamente de un lado a otro, anclarse a un trozo de mapa tiene un coste tremendo, para la persona en particular y para la sociedad en general. Porque no sólo Chúrrez está frustrado y deprimido al no encontrar nada de lo suyo: la economía en su conjunto se resiente cuando los buenos profesionales, con experiencia, tiene que ser sustituidos por otros menos cualificados.

Por tanto, ojo: la hipoteca no es sólo una losa. También es un ancla.

O una estaca para atar el caballo en el prado. Y quien dude qué es prefrible, que le pregunte al cabalo si es mejor poder comer sólo dónde te llega la cuerda o en todo el prado.

De esas cosas los caballos entienden. Hasta los del ajedrez.

 

La hipoteca marrón

             Las condiciones, a primera vista, parecen buenas para el que quiere comprar vivienda: los propietarios y constructores necesitan liquidez, y el Euribor sigue batiendo records a la baja.

Ven, que soy un geranio

Ven, que soy un geranio

 Las últimas noticias hablan de que los mercados, entre ellos el hipotecario, están perdiendo el miedo y al fin se ha detenido el declive de las contrataciones hipotecarias. Más de medio millón de españoles se han hipotecado ya en el último año, atraídos muchos de ellos por los bajos tipos de interés y los saldos que están realizando promotores y propietarios.

 

 

            Así las cosas, y con la calculadora en la mano, los que no temen tanto como el resto perder su trabajo, han visto que esta puede ser su ocasión y han dado un paso al frente.

            Lo que quizás no han visto, o no han calculado adecuadamente, es que pueden estar a punto de firmar la hipoteca marrón.

            Todos hemos oído hablar de la hipoteca naranja, la hipoteca azul, y hasta la hipoteca verde, pero esta modalidad es nueva y amenaza con convertirse en muy popular.

            Una hipoteca marrón es aquella que se puede pagar tranquilamente si la economía no cambia, y que en un momento dado puede engordar hasta convertirse en una losa. O en una fosa, como más os guste. Los economistas parten de una mentira llamada “coeteris paribus” que significa que sólo cambia una condición en el análisis, pero si se aplica ala realidad el riesgo es mortal.

            Los tipos de interés bajos en un ambiente internacional de déficits  (gobiernos que gastan más de lo que ingresan) son un cebo terrorífico que puede conducir a más de uno a la tragedia si llega ap`roducirse un cambio drástico.

            Echando mano a la calculadora de esta misma web, he calculado cuánto hay que pagar por cada 1000 € solicitados, con una hipoteca a 30 años y un diferencial del 0,5 % (que es aceptable). Cada cual multiplique los datos por el número de miles que ha pedido o va a pedir, y sabe su cuenta. La primera columna es el tipo de interés, con el diferencial ya sumado, y la segunda, la cuota que sale:

 

Euribor (+0,5%)                        Cuota por cada mil €

 

1,7——————————- 3,55

2,2——————————   3,8

2,7——————————- 4,06

3,2——————————-  4,32

3,7——————————– 4,6

4,2——————————– 4,89

4,7——————————– 5,19

5,2——————————– 5,49

5,7———————————5,8

6,2——————————– 6,12

6,7——————————– 6,45

7,2———————————6,79

7,7———————————7,13

 

Y ahora, a la vista de los datos, ¿quién es capaz de apostar aquí un pincho de tortilla y unas cañas a que el Euribor no se pondrá en cuatro o cinco años al 6%?

            Pues, como podéis ver en la tabla, una persona que pida HOY una hipoteca por doscientos mil euros, paga 710 € al mes, pero si el Euribor llegase al 5,2 % pagaría 1160 € al mes.

            O sea que mucho ojo al hacer las cuentas y cuidado con no firmar la hipoteca marrón.

            Todo el mundo sabe que la pura lana virgen se obtiene de las ovejas que corren más que los pastores, y en este caso parece que los pastores corren que se las pelan, así que no jugemos a la lechera y salvemos nuestro vellón.

Inmigración y motivación

Para una vaca, son comida.

Para una vaca, son comida.

Como dijo hace tiempo un comentarista de esta web, lo desconocido pone nervioso al ignorante, con lo que la falta de cultura y el miedo a lo distinto son dos de las principales causas del reachazo al inmigrante.

No obstante, hay que ser honesto y reconocer también que el extranjero, necesariamente, tiene otros fines que el nacional y que está dispuesto a aceptar condiciones  que el autóctono rechazaría de plano: por eso hay una granparte de verdad en que esa docilidad ayuda a empeorar los condiciones y salario de todos.

 Echar la culpa al empresario de esta bajada de precios es como echarnos a nosotros, a todos, la culpa de esta crisis por comprar la ropa en Zara (que produce parte de su catálogo en el extranjero) o comprar los lapiceros en los chinos en vez de en las papelerías de siempre. Todos tenemos la obligación de defender nuestros intereses, y el Estado, el deber de regular el mercado para que no se produzcan ciertas distorsiones que acaben perjudicándonos a todos. El empresario intenta pagar menos lo mismo que el obrero intenta cobrar más, y ambas conductas son legítimas y sanas.

Por eso quiero insistir en que el problema, a mi ver, vine de la disparidad de motivaciones entre el inmigrante extranjero y el trabajador nacional.

Os pondré el ejemplo de los árboles, para que todos nos entendamos sin ponernos muy espesos ni meternos en conceptos técnicos: los nacionales podan los árboles, porque esperan volver a podarlos dentro de diez años, y así se aseguran tener leña de manera sostenible y sin que se acabe. El extranjero prefiere talar el árbol, porque la leña de tronco vale más, y como dentro de diez años espera estar en su país, le da igual que para entonces ya no haya árbol ni leña, ni nada en absoluto.

La planificación tiene estas cosas, y la conocemos todos: el que vive en una casa que piensa abandonar dentro de seis meses no la cuida igual que el que piensa quedarse en ella treinta años. Mientras se pueda cambiar gratis de país, aprovechando lo que uno no construyó, nos seguiremos preguntando por qué a la gente que lleva toda la vida residiendo en el el inmueble le molesta tanto que haya quien se permita mear en el portal, aunque pague la comunidad y el recibo de la limpieza.

La respuesta es clara: porque los que piensan quedarse ven el país de un modo distinto a los que planean juntar algo de dinero y salir corriendo. Y eso, nos guste o no reconocerlo, es lo que tienen en mente muchos de los que han venido a trabajar a nuestro país.

Ahora es el turno, por favor, de los que dicen que “hay de todo”, que “no se puede generalizar” y esa clase de frases que jamás pasarían el test de Turing . ¿A que sí?, ¿a que nos pide el cuerpo decir esa clase de cosas?

🙂

Por mi parte, vale.

 

P.D: Hablaré del Coin Fiscal. Pero paciencia.

 

 

 

 

 

Hipoteca y plusvalías

Instrumento de política fiscal

Instrumento de política fiscal

El Gobierno ha anunciado tan ricamente que subirá los impuestos a la renta del capital, y como no estamos aquí para interpretaciones ideológicas, sino para tratar con la realidad (como debería hacer el Gobierno, dicho sea de paso), me gustaría que pensáramos juntos en los efectos que esta medida puede tener sobre el mercado de vivienda y el hipotecario en general.

Plusvalía es la diferencia entre el precio de compra de un bien y su valor actualizado de venta. Actualmente, en España se paga un impuesto del 18 % por ese beneficio, independientemente del tiempo que haya transcurrido entre la compra y la venta.

Antes de que esto fuese así, el tipo de gravamen disminuía desde un máximo del 45 % a medida que pasaban los años, de modo que a partir de un momento, los diez años normalmente, ya no se pagaba nada. El impuesto decreciente en función del tiempo estaba pensado para fomentar la inversión y penalizar la especulación, pero curiosamente a este Gobierno, que fue el que lo cambió, le pareció mejor que los que vendían antes pagasen menos y los que tardaban en vender pagasen más.

Con la reforma anunciada, las plusvalías pagarán más, aunque aún no sabemos cual será el incremento.

Esto, que en principio parece una simple medida recaudatoria, tiene unos efectos interesantes:

En primer lugar, es previsible un encarecimiento de la vivienda o una resistencia a su bajada. El que compró un piso en doscientos mil euros, pro ejemplo, y tenía pensado venderlo en doscientos treinta mil, calculará cuánto tiene que subir el precio para quedarse al final con la misma cantidad que antes. Con los datos del ejemplo, y suponiendo, también por ejemplo, que el impuesto pase del 18 al 25 %, el vendedor se quedaba antes con 224.600 Euros (230.000 menos el 18 % de 30.000). Si el tipo sube al 25 %, para obtener esos mismos 224.600 tiene que vender en 232.800.

En segundo lugar, y no menos importante, tenemos que este tipo de medidas expulsa del mercado a los inversores. A mí eso me parecería muy bien, pues el que compra un piso, que es un bien de primera necesidad, para no vivir en él, no interesa en el mercado, pero dada la actual tasa de paro y la asfixia financiera que viven los bancos y las constructoras, no parece que sea buena idea darles dinero a manos llenas por un lado y dificultarles, por otro, que saquen a la venta el descomunal stock de pisos que padecen, retrasando aún más de este modo la resurrección d eun sector como el de la construcción.

O sea, y resumiendo: el incremento de los impuestos a las rentas del capital añade muy poco a las arcas del Estado, ahuyenta a los que tienen dinero, desincentiva la inversión y retrasa la creación de empleo.

Y es que hay algo que algunos no aprenden: el dinero se mueve con más facilidad que las personas, ¡y no veáius cómo corre para escaparse de los impuestos!

Otros mercados (Lo que hay que saber)

Porque hay otros mercados, además del hipotecario, el de divisas y el de valores...

Porque hay otros mercados, además del hipotecario, el de divisas y el de valores...

Estamos en agosto y hoy me apetece hablar en otro tono. Permitid que me sustituya hoy mi otro yo, aunque sólo sea para deciros, entre líneas, que lo de la hipoteca no es para tanto.

Soy el autor de esta historia, pero su propietario legal, a quien debo y quiero mencionar, por justicia y agradecimiento, es el ayuntamiento de Lugo, que me animó con su premio Anxel Fole a no dar el teclado a los demonios y dedicarme a poner ladrillo cara vista.

Perdonadme si es demasiado largo, pero hay cosas que no se pueden decir en menos palabras. Con esto, me despido hasta septiembre, dejándoos en la inmejorable compañía de Mburuvicha y su inconfundible híbrido de pluma y espada.

Feliz verano. 

Ya lo decía el viejo Quohelet, aquel agorero que se regodeaba en recordar que todos los ríos van al mar pero el mar nunca se llena. Ya lo decía Quohelet: donde hay mucho conocimiento hay mucho dolor. Donde hay mucha ciencia, hay mucho sufrimiento.

Y donde no, también. Eso olvidó añadir.

Dicen que la ignorancia nos iguala a los animales, y que volver la espalda a la realidad nos convierte en esclavos, porque esclavo es el que no es dueño de su vida sino que pertenece a un amo que piensa y decide por él. Dicen que no hay nada peor que ir a la cárcel sin conocer el plazo, o esperar la ejecución sin saber a ciencia cierta en qué fecha vendrá el verdugo a convertir un corredor en laberinto.

Puede ser.

Pero dicen también que sólo lo inesperado puede contener algún mensaje, porque lo sabido es mudo. Y dicen que de toda prisión se puede escapar mejor que de la cárcel de uno mismo. Y dicen que a los cíclopes se les dio a conocer la fecha de su muerte y por eso perdieron toda alegría. Y un ojo.

¿Es mejor saber o no saber?

Es mejor saber lo que hay que saber.

Esa es la respuesta. La única buena.

Saber, por ejemplo, que nuestro hijo tiene dos años, que está cada día más guapo y que ya dice algunas palabras. Saber que de pronto empieza a comer peor que de costumbre y que parece que se ha puesto enfermo. Eso es saber algo importante.

Saber que después de recorrer centros y hospitales, de hacer análisis y más análisis, de ponerle todas las vacunas contra los virus infantiles de guardería, y de probar todos los remedios modernos y caseros de que nos han hablado, sigue enfermo.

Saber que hay que alegrarse cuando el pediatra decide al fin examinarlo a fondo, porque parece que no es una de esas enfermedades sin importancia que contraen los niños. Deberías irritarte porque no lo hubiera hecho antes. Deberías agarrarlo por las solapas de la bata y decirle cuatro palabras, después de las semanas que has pasado, pero te alegras porque sabes cómo es el mundo y sabes que tienes que alegrarte. Lo sabes y te alegras de que lo hayan examinado ahora en lugar del mes que viene.

Saber llorar cuando te dice el médico que el niño tiene una cardiopatía congénita. Te lo explican con media docena de tecnicismos que no entiendes, y hasta te muestran unos cuantos dibujos que no te dicen nada, porque eres incapaz de imaginar a tu hijo como algo más que su carita sonriente. Pero es igual. Sabes que es grave. Sabes que puede ser incluso muy grave y palideces como si la piel fuese alérgica ala sangre.

Saber llorar y saber tener esperanza. Porque hay esperanza y hay que saber creer en ella, aunque sea escasa. Aprender a creer en algo: eso sí que es tarea difícil. Pero lo necesitas a toda costa y aprendes. Y al final sabes creer en esa esperanza. Y crees con la furia de los conversos, con el fervor de los alcanzados por el rayo.

Saber que no responde al tratamiento. Que la enfermedad es grave, que el médico tuerce el gesto cuando revisa la analítica y la radióloga mira a otro lado cuando buscas su mirada, que el niño se seguirá apagando hasta encontrarlo frío un día en la cuna. Hay que saber eso.

Saberlo de veras es asumirlo. Tener conocimiento de una cosa no es saberla. Hay que saberla por dentro, no por fuera. Saber es interiorizar, poner dentro lo que está fuera. Pero poner dentro algo así es como tragarse una granada de mano después de quitarle la anilla. Y sonriendo, además, porque no quieres que el niño te note nada. Te tragas la granada y dices “mira qué rica la golosina que se ha comido papá”.

Y finalmente lo sabes. Te ha costado, pero al fin lo sabes. Juegas con él sabiendo que cada día puede ser el último, y te desesperas imaginando un ataúd blanco. Y lo abrazas más de la cuenta, como si lo quisieras más porque se vaya a morir que si estuviera sano. Sabes que es una tontería, pero lo sigues abrazando. ¿Desde cuando los abrazos saben lógica?, ¿desde cuando tienen miedo a surgir de tonterías?

Y te dicen que existe aún una esperanza.

Y entonces cambias el saber por el esperar. Si saber ya era difícil, esperar es tarea de héroes.

Porque se trata de esperar. Esperar que muera algún niño de su edad. De otro mal cualquiera. En un accidente de tráfico. En un accidente doméstico. De uno de esos tumores infantiles que se disgregan y subdividen a dos veces la velocidad de la luz. Lo que sea. Da igual.

Y te conviertes en un buitre esperando que se muera el hijo de otro y te quiera ceder un corazón. Y sabes que lo deseas. Te lo niegas. Pero sabes que es así.

Lo deseas.

Entonces es cuando sabes demasiado y quisieras ser un ignorante.

Tratas de no pensar en ello y el deseo de apartarlo de tu mente te hace tenerlo presente a todas horas.

Pero pasa el tiempo y el corazón no llega. Maldices entre dientes y entre lágrimas. Maldices en voz baja porque no te atreves a quejarte de que no se muera otro niño. A falta de mejor remedio se te ocurrió rezar y te sentiste un blasfemo. Ya ni a rezar te atreves: Dios no es para ti, porque pides un mal; el diablo no es para ti, porque lo pides para un bien. Mejor dejarlo.

Y entonces un día te enteras de que quizá no sea preciso esperar. Alguien te informa de un par de cosas que no deberías saber y te pones al corriente. Quisieras no saberlo, pero preguntas, y haces unas cuantas llamadas. No quieres saberlo pero crece la avidez de conocimiento.

Y sabes al fin que en algún lugar de Centroamérica te venden un corazón. Te horroriza pensar que se puedan vender esas cosas. Te parece espantoso mientras preguntas el precio aunque no lo quieres saber. Te dicen cuanto costaría con absoluta frialdad. Y lo puedes pagar.

Y sabes que los corazones de niños de dos años no crecen en los árboles como las manzanas. Ni son bulbos como las cebollas. Ni tubérculos como las patatas. Los corazones de niños de dos años crecen en niños de dos años, por supuesto, pero esa es una evidencia a la que no eres capaz de llegar. Lo intentas pero no puedes. No consigues saberlo.

Prefieres ser ignorante. Y creer que lo sacarán de la tierra con una azada. Llegas a creerlo. Lo crees de veras, con toda el alma. A veces incluso lo imaginas: un corazón palpitante saliendo de la tierra y un campesino moreno que te lo ofrece con una sonrisa reluciente.

Y compras el billete de avión convencido de que así es: saldrá de la tierra y lo sacarán con una azada. No puede ser de otro modo. Es impensable que sea de otro modo. No sería lógico.

Y pagas.

Y le hacen el trasplante a tu hijo en una clínica privada, aparentemente imposible en un sitio así. Una clínica moderna y reluciente con médicos de peinado impecable y enfermeras sonrientes. No puede existir tal cosa en semejante sitio, pero sí que es posible. Y sabes por qué es posible. Y prefieres no saberlo, pero pagas, y lo sabes.

Y estás un mes allí, casi dos. Y no miras a la gente. Y te dices que el menor de doce hermanos ha salvado del hambre a los otros once, pocos segundos antes de que se lo llevase el tifus. Un minuto antes de que lo atropellara un autobús. Justo cuando iba a destrozarlo un meteorito. Cualquier cosa te vale. Te vale lo que sea.

Y te dices que has hecho un bien. Y sabes que te lo has hecho. No cabe duda de que es un bien.

Y tu hijo te sonríe cuando vuelves a casa. Y con el ronroneo de los motores del avión se queda dormido. No puedes apartar los ojos de él mientras duerme.

Y sabes que has hecho lo que tenías que hacer.

Tu hijo está contigo y te sonríe: sabes lo que tienes que saber. Y te gustaría no saber más.

Sólo falta encontrar a quien te venda la ignorancia.

Sólo eso.

La hipoteca eterna

Acabó de pagar la hipoteca allá por 1215...

Acabó de pagar la hipoteca allá por 1215...

Hoy quizás me encontréis un poco extraño. Son las cuatro de la mañana y os escribo desde Valbuena de la Encomienda, más concretamente desde un sitio que se llama “la Vuelta de Tuerca”. Nada menos.

El otro habitante del pueblo, porque hoy somos dos, bajó a jugar la partida a un bar que está a ocho kilómetros y volvió hace un rato. Lo sé porque estoy escribiendo con el portátil, en unas mesas de piedra, bajo las estrellas, y nos dimos las buenas noches. Ahora somos muchedumbre.

Lo creáis o no, aquí hace un frío del carajo, como once grados, y me he sacado la botella de aguardiente para que me haga compañía y me dé calefacción. En León somos así de brutos a veces. Nuca había contado que soy de León, ¿no? Es igual: ya está dicho y va como pretexto o coartada. Lo del aguardiente, por supuesto.

Este es un blog de hipotecas, pero en este lugar en el que me encuentro, hablar de hipotecas es como hablar de si hay vida en Marte. Le he preguntado por vuestra hipoteca, y por la mía, a una lechuza que pasó hace un rato y me dijo que se la soplaban.

Pero calculodehipoteca.net no cierra en Agosto, y aquí me tenéis, al Ladríllez de siempre, Javier para los amigos, intentado contaros cosas tan antiguas como que al que nace para la noria del cielo le cae el yugo. En España hablar de yugos recuerda al yugo y las flechas, el símbolo de la Falange, un partido que nació para obrero y que hicieron de extrema derecha a fuerza de estacazos (véase Hedilla). En realidad, el yugo y las flechas son símbolos anteriores, de los Reyes Católicos, y significan la unión (el yugo) hace la fuerza (las flechas), pero eso no le interesa a nadie, porque la unión es un concepto desacreditado, sobre todo por los que nos quieren dispersos y subjetivos.

En estos montes de Cristo, con la luna a media asta, me atrevo a deciros hoy que la hipoteca perpetua no es un mal necesario, como la vejez o la muerte. Nos hipotecamos porque queremos, y nos calificamos de urbanitas porque autodenominarnos idiotas nos da vergüenza. Las cosas que nos importan no están sólo donde los pisos cuestan trescientos mil euros, y las que están son accesibles por mucho menos de lo que pagamos. Le echamos la culpa al gobierno, por no ayudar, o a los ayuntamientos por recalificar terrenos a cuentagotas y poniendo el cazo, pero lo cierto es que somos nosotros, concentrándonos masivamente en zonas muy concretas, los que hacemos subir el precio de la vivienda.

¿Sabéis lo que cuesta una vivienda aquí? Seis mil euros. Y otros treinta mil arreglarla. Id a la calculadora de hipotecas de esta misma página y calculad la cuota: ¿ciento quince euros? Más o menos.

Y a treinta kilómetros de dos ciudades donde se puede encontrar trabajo, colegios, hospitales y lo que haga falta. A ochenta de una Universidad. A ciento cincuenta del mar. ¿Y qué podríamos hacer con la diferencia entre ese dinero y lo que estamos pagando? Yo lo sé muy bien. Cada cual haga sus cuentas.

El aguardiente, la noche, o yo, uno de los tres, se siente hoy en la obligación de deciros que sí, que otra realidad es posible, pero no se construye desde las armas o la revolución, sino desde la distancia, física e intelectual, a las cosas que creemos imprescindibles u obligatorias. No venceremos al sistema luchando todos por el mismo ático en el mismo barrio. No seremos más libres acatando su ley de abaratar los costes teniéndonos a todos juntos en unos pocos kilómetros cuadrados. La dispersión beneficia al ciudadano y perjudica al gran capital y a todo el que quiere controlar a las personas. Hasta que no entendemos eso, estaremos condenados a la hipoteca perpetua, que es, aunque ya lo sabéis, un mecanismo para obligarnos a aceptar los que nos echen con tal de no perder la esperanza de ser un día propietarios.

¿Propietarios de qué? De la condena de otro cuando, ya viejos y sin fuerzas, vendamos el piso.

Ser el amo de la condena de otro. Ese es nuestro premio.

Al diablo le pasa otro tanto. Qué curioso.

 

 

Cuidado con el diferencial

Si te descuidas, te empluman

Si te descuidas, te empluman

Algunos indios americanos morían al internarlos en prisión, porque no eran capaces de ver más allá del presente y pensaban que la pérdida de libertad era definitiva. Los amigos de lo primitivo alaban este rasgo diciendo que morían pro su extremado aprecio a la libertad, pero otros, como Von Humboldt, con sentir también cierta simpatía por esos indígenas, creían que se debía a su absoluta incapacidad intelectual para un concepto tan abstracto como el futuro.

El Euribor está bajando, y posiblemente siga bajando en los próximos meses, hasta el momento en que las economías de nuestro entorno se saneen y los bancos centrales empiecen entonces a subir los tipos de interés para combatir la oleada inflacionista que sin duda llegará.

Aprovechando que los tipos están por los suelos y que el crédito es difícil de conseguir, los bancos están duplicando y hasta triplicando los diferenciales que antes solían aplicar. Donde veíamos Euribor más medio punto o Euribor más un punto, vemos ahora, Euribor más dos puntos o incluso diferenciales superiores en algunas ocasiones.

El ciudadano de a pie sólo cuenta la cuota que le va a salir a pagar, y como le resulta asumible, la da por buena y firma. El ciudadano de a pie, o sea nosotros, se está comportando como el indio al que metían en la cárcel: piensa que el tipo de interés actual será para siempre, sin darse cuenta de que aceptar un diferencial alto lo pone al borde del abismo en el momento en el que los tipos suban, y si se firma a veinticinco o treinta años, ¡seguro que en ese periodo subirán!

Por eso, antes de aceptar cualquier diferencial, es importante que hagamos la cuenta de lo que eso va a suponer cuando el Euribor vuelva a estar al cuatro o al cinco por ciento, porque el Euribor sube y baja, pero el diferencial es para siempre.

O sea: no hagamos el indio.

 

Previsiones sobre el Euribor y la crisis

ZP dice que es una panadería y hará pan para todos, pero no me fío...

ZP dice que es una panadería y hará pan para todos, pero no me fío...

Como ya sabéis, las previsiones económicas se siguen haciendo porque la gente tiene la clemencia de no revisarlas luego, o de revisarlas con una sonrisa en los labios. Oí decir una vez que no hay nada más divertido que una revista del corazón atrasada, pero yo os digo que hay otra cosa aún más humorística: un periódico económico atrasado.

Digo todo esto para que me permitáis la osadía, a mí, un pobre pringado, de realizar una previsión económica sobre la crisis y los tipos de interés, como el Euribor. Eso sí: por mi parte, corresponderé a vuestra amabilidad dando razones y argumentos un poco más consistentes que los de los políticos. No es tan difícil: cualquier cosa es más consistente que la nada.

Vamos a ello:

Entre las muchas razones por las que surgido esta crisis, yo quiero destacar la abundancia de liquidez. El miedo a la recesión hizo bajar los tipos de interés a unos valores en los que el dinero perdía valor real a medida que incrementaba su nominal, con lo que los capitales se refugiaron en valores tangibles, y el más tangible es el piso. De ahí que se formase una gran burbuja inmobiliaria, pues como el dinero costaba menos que la inflación, comprar bienes inmuebles era un opción interesante.

Por muchas razones que no me paro a analizar ahora (para no escribir un tocho), el sistema financiero se fue a hacer puñetas y entramos justamente en lo contrario: en una escasez de liquidez. Pero esa escasez no se ha acompañado de una subida de los tipos de interés, como sería lo normal, con lo cual, queda aún por pagar el coste real de la crisis.

Esta es la primera clave: los tipos de interés están bajos, pero los bancos no prestan. Algo no funciona.

En segundo lugar, quiero señalar hacia el valor de las monedas. Como ya sabréis, la libra esterlina se depreció casi un veinte por ciento, y el dolar ha bajado más de un cuarenta frente al euro en pocos años. Son muchas las voces que se preguntan por qué el Euro sigue tan alto cuando la economía europea depende tanto de las exportaciones y un euro alto es tan perjudicial para nuestra competitividad frente al exterior. Nuestro sector turístico, por ejemplo, acusa el golpe del Euro alto, porque, al cambio, hace mucho más barato irse a Túnez, a Croacia o a Indonesia.

A mi juicio, la razón de este desmán es doble, pero tiene un mismo origen: Alemania es país acreedor y Alemania tiene balanza comercial positiva de nada menos que 270.000 millones de euros al año. La cosa, pues, está clara: el que recibe más de lo que entrega y el que espera cobrar de los demás no quiere de ningún modo que la moneda baje, porque eso le haría recibir menos por los dos conceptos.

Por tanto, una devaluación del euro sólo será posible cuando la situación alemana haya empeorado lo suficiente para que convenga a los que verdaderamente tienen el poder en Europa (o sea, ellos) y entonces veremos también una subida de los tipos de interés.

A mi juicio, el de un pobre pringado, el momento más duro de esta crisis vendrá cuando los países de nuestro entorno, especialmente Alemania, salgan del bache y nosotros no podamos seguir los nuevos criterios de convergencia por el salvaje incremento del déficit público que ha alentado nuestro gobierno. En ese momento se recortarán brutalmente y de un golpe los gastos públicos, al tiempo que veremos como el Euribor sube de nuevo al 5% o al 6% con la misma rapidez con que bajó.

Dicho lo anterior, os recomiendo que sigáis la evolución de la economía alemana, porque ese es el reloj que marca la cuenta atrás.

Si mis cálculos son correctos, que seguro que no lo son, a finales de 2010 ellos estarán listos para otro salto adelante y EEUU habrá resuelto en parte su agujero financiero. Contad, para entonces, con que los tipos de interés se tripliquen. Y eso si Zapatero detiene el gasto público: si no, contad con algo cercano a una bancarrota cuyos efectos, afortunadamente, se me escapan.

 

 

 

Viviendas sin vender

Maravillosos pisos en primera línea de Sáhara.

Maravillosos pisos en primera línea de Sáhara.

—¿Por qué se desnudó usted y se lanzó contra el cactus? —le preguntaron a un hombre en el hospital.

—Pues no lo sé: en aquel momento me pareció buena idea —respondió el herido.

Eso mismo contestan muchos hipotecados hoy, cuando les preguntan cómo se les ocurrió pagar trescientos o cuatro cientos mil euros por un piso de noventa metros en un barrio periférico de alguna ciudad principal: les pareció buena idea.

Otros, tratan de buscar razones y nos hablan, o hablamos, de la escasez de vivienda en las grandes ciudades, del desmesurado aumento de los precios, y de razones de todo tipo, pero lo cierto, lo real, es que los que tenían previsto comprar una vivienda se lo están pensando cuarenta veces viendo cómo no deja de descender su precio y que cada año que pasa pueden encontrar algo un poco más barato.

El problema ahora es que se ha paralizado la construcción de viviendas y que eso, obviamente, es malísimo para la economía. En estos momentos, el stock de viviendas sin vender alcanza el millón de unidades. La mitad de esta cifra está en manos de los promotores (los que dijeron que se las darían al banco antes que bajarle los precios) y la otra mitad son viviendas de segunda mano. A estas, hay que añadir las que están desocupadas pero aún no se han puesto a la venta por razones diversas, pero que irán entrando en el mercado ( a competir con las que están en venta) para alquiler o venta a medida que sus dueños dejen de necesitarlas o se convenzan de que la inversión (o especulación) no fue tan buena como pensaban.

El problema del stock de viviendas en España, a mi entender, es que va a durar muchos años, lo que paralizará un sector tan importante como la construcción. Si queréis, otro día analizamos más de cerca cada uno de estos factores, pero hoy me gustaría enumerarlos y exponerlos a vuestro juicio:

-Contracción del crédito: los bancos, durante muchos años, limitarán los créditos a la vivienda, eliminando a muchos compradores potenciales.

-Pérdida de confianza: la vivienda ya no es esa inversión segura que nunca baja y muchos inversores y especuladores se alejarán de ella.

-Entrada en el mercado de viviendas de personas mayores: a medida que la generación de la posguerra vaya envejeciendo y falleciendo, quedarán más viviendas vacantes. En estos momentos están quedando vacías las de aquellos que nacieron en los años veinte, que son muchos menos que los de generaciones posteriores. Un análisis de la pirámide demográfica sería un tema estupendo para un artículo aparte. Prometo intentarlo.

-La vivienda del albañil: en las ciudades había muchas viviendas ocupadas por nacionales y extranjeros dedicados a la construcción. Cuando se paralizó la actividad, se marcharon, con lo que no sólo quedaron vacías las viviendas que construyeron, sino también las que ellos ocupaban, duplicando el problema. Con esto, si os dais cuenta, no había contado nadie.

-Y por supuesto, el gran tema: si no hay trabajo, no hay dinero. ¿Quién va a comprar así?

Me faltan vuestra razones, las que añadáis. O las correcciones a estas. Cuento con ellas.