El engañabobos del Euríbor

Que no nos cuenten milongas

Que no nos cuenten milongas

A pesar de que todos nos podríamos estar frotando las manos con la caída en picado del Euríbor, principal índice de referencia de las hipotecas europeas, lo cierto es que todas aquellas familias que se están planteando la contratación de un producto hipotecario se están encontrando de lleno con unos diferenciales claramente inasumibles, no ya solo para sus presupuestos, sino para cualquier presupuesto medianamente restringido.

Y es que según denuncian varias organizaciones de consumidores nos estamos encontrando con diferenciales de hasta el 5%, lo cuál está disparando el tipo de interés para muchas hipotecas contratadas en estos momentos de hasta el 6%, o incluso más, con lo que lejos de poder estar contentos con un Euríbor las nuevas hipotecas no pueden otra cosa más que maldecirlo.

Por otro lado, las familias que ya tienen una hipoteca contratada tampoco se están pudiendo beneficiar de la caída del Euríbor, al menos no todas y no en toda su extensión, por culpa de la cláusula suelo que se sigue aplicando en muchas hipotecas, a pesar de que ya hay numerosas sentencias condenatorias contra esta práctica abusiva.

Así que, en general, podemos decir que las familias que se están beneficiando de la caída del Euríbor son una minoría, por lo que las buenas noticias con las que nos bombardean los medios de comunicación al respecto no son más que ruido mediático que no va a ningún lado más allá del propio ruido que generan, sin ningún eco en la realidad del día a día de la sociedad.

Eso sí, las familias que tienen contratada una hipoteca y la enorme fortuna de no sufrir el martirio de la cláusula suelo, pueden disfrutar de una reducción importante en su cuota mensual, con un ahorro anual que, dependiendo del importe de la hipoteca, puede situarse en el entorno de los 1.000 euros, cifra nada desdeñable para los tiempos que corren.

En definitiva, no todos los titulares de prensa ofrecen la rigurosidad que podríamos exigir y lanzan las campanas al vuelo antes de analizar en detalle la realidad del propio titular, la situación que realmente genera una u otra circunstancia.

La hipoteca en yenes. Enésimo pufo hipotecario

En argot, la bandera de Japón significa también otra cosa...

En argot, la bandera de Japón significa también otra cosa...

Seguimos nuestro recorrido por la larga procesión, casi viacrucis, de pufos hipotecarios para dedicar nuestra atenión a las hipotecas en yenes ¿Os acordáis de ellas?

La cosa empezó hace seis años, allá por 2006, y la jugada consistía en comprar duros a cuatro pesetas. Como el tipo de cambio era muy favorable y los tipos de interés japoneses ayudaban también, comenzó el festival de los juegos japoneses. Luego  las cosas fueron cambiando poco a poco y el que se apuntó a una de aquellas hipotecas, por ejemplo de cien mil euros, debe en estos momentos alrededor de ciento setenta mil. O sea, que debe como un setenta o un ochenta por ciento más de lo que pidió prestado.

La explicación es sencilla: hoy, cada euro equivale a noventa y siete yenes aproximadamente frente a los ciento sesenta y cuatro de hace cinco años.

¿Y a que no sabéis lo que dicen los afectados? Pues que les engañaron los bancos, por ponérselo todo demasiado bonito y demasiado fácil. Que les explicaron que el riesgo era otro, y que les dieron todas las facilidades para jugar al mercado de divisas con la hipoteca de su casa. O sea, que la culpa es del ferretero, que vende los cuchillos, y no del tío que da la puñalada.

Por lo visto, lo que más nos cuesta entender en este país es que somos responsables de lo que hacemos. Somos responsables de nuestra ignorancia, y especialmente, muy especialmente de nuestra avaricia. Porque este caso concreto, que afecta a unas treinta mil personas, es difícild e negar que la avaricia y las ganas de o9btener una ventaja fue la causa principal del desastre posterior.

A los que se encogen de hombros y dicen que unas veces se gana y otras se pierde, todos mis respetos y mis aplausos, porque así es la vida y así es el riesgo. A los que el echan la culpa al banco, tres collejas, por ir de espabilados si sale bien (habría que oírles hablar con los amigos cuando ganaban) y por no saber perder con gallardía cuando toca perder.

A ambos, de todos modos, mis condolencias. Y al resto, ojo a las combinaciones en las que además de los plazos normales del pago de una hipoteca se introduce, a mayores, la variable del azar. Si quieres ir al casino, pues vale, pero si no, mejor dejar la ludopatía para un par de euros dedicados a la lotería primitiva…

Hipoteca e incertidumbre. La hipoteca unicornio.

Por ahí fuera nos retratan. Lo más triste es tener que leer a corresponsales extranjeros para enterarnos de algunas cosas o para que alguien se atreve a decir lo que pensamos muchos. No os perdáis este artículo de la alemana Stefanie Claudia Müller sobre la situación de España.

Una hipoteca esperando a su cliente

Una hipoteca esperando a su cliente

Mientras tanto, la decisión sobre si pedimos o no el rescate sigue sin tomarse, y algunos, como el presidente del BBVA empiezan a ponerse nerviosos por el daño que esta simple dilación produce a la economía española y su credibilidad.

¿Y cuales son los hechos? El hecho es que ya pedimos el rescate de la banca y aún no ha llegado un duro. El hecho es que aceptadas las condiciones, se procedió a iniciar la batería de reformas requeridas, pero por nuestra parte nos e ha avanzado gran cosa y por parte de la Unión Europea nos e ha desembolsado un céntimo, con lo que nuestro sistema financiero sigue sin un chavo de lo liquidez y las hipotecas continúan siendo animales mitológicos, como los unicornios y los pegasos.

La razón profunda de todo este inmenso despropósito hay que buscarla, creo yo, en la escasa voluntad reformadora del gobierno español, de este y de cualquier otro. De lo que se trata, parece, es de capear el temporal, apaciguar a los mercados y dejar que el tiempo vaya pasando, pero sin molestar a los votantes propios y mucho menos a los grupos de poder que en estos momentos disfrutan de una situación ventajosa. Se trata de que las reformas las pague otro, de que en Alemania haya elecciones y llegue alguien con ganas de soltar la pasta. Se trata de que el tipo de interés, o la prima de riesgo (que viene a ser lo mismo) se reduzca en los mercados de capitales para poder volver a la vieja costumbre de pedir un poco prestado todos los años para no tener, así, ni que recortar gastos ni que aumentar ingresos.

Somos adictos a la deuda y nos comportamos como yonkis. Decir que sí, agachar la cabeza, prometer buena conducta y esperar la ocasión para intentar meternos otros pequeño o gran chute de dinero ajeno.

Con el dinero propio no nos llega, y subir impuestos, ya sea a los ricos, a los pobres o al Sursum Corda no sirve para que suba la recaudación. Lo Impide la curva de Laffer y ya está: hay una cantidad máxima que se puede recaudar, se suban lo que se suban los impuestos.

Si dinero no tenemos y ganas de decidir lo importante tampoco, ¿qué tenemos?

A una pandilla de diletantes esperando que se le pase el cabreo al vigilante. Pero me temo que esta vez no tendremos suerte. Nos han tomado la medida: nosotros prometemos hacer reformas y ellos prometen darnos dinero.

Hacer que hacemos, que dicen en mi pueblo.

La morosidad hipotecaria también comienza a incrementarse

Las cuentas no le salen a nadie

Las cuentas no le salen a nadie

La morosidad de las familias hipotecadas parece que ha dejado para otro momento su contención habitual y ha comenzado a incrementarse de manera importante, concretamente, un 26% durante este pasado mes de junio, hasta situarse en el 3,24%, que aunque parece elevado lo cierto es que se trata de una tasa más que interesante en comparación con otros sectores de la economía.

De hecho, las entidades financieras, aunque han secado el flujo de crédito siguen apostando por las hipotecas, concedidas de una manera mucho más responsable, al menos para ellos, como su principal fuente de negocio ya que es el producto financiero que menor riesgo les produce de cara a la morosidad que se puede generar.

Y es que este 3,24% es poco menos de un tercio de la morosidad general del sistema que está situada en el 10%, aunque sí es cierto que en apenas un año se ha producido ya un incremento de 70 puntos básicos, ocasionado, sin duda por la falta de ingresos de gran parte de la sociedad española, sumida en una situación insostenible desde cualquier punto de vista.

El problema, por otro lado, es que las medidas que se están tomando no van a solucionar la situación. La medida salvadora propuesta es la creación de un banco malo, lo cuál tendrá que hacer reflotar el crédito, sin duda, algo positivo a todas luces, pero no afectará de ninguna manera a la morosidad, la cuál proviene de la ralentización económica que seguimos experimentando.

Las familias hipotecadas quieren pagar sus hipotecas, no quieren mantener deudas con sus entidades financieras, pero se ven obligadas a hacerlo como consecuencia de la coyuntura económica nacional e internacional que les condena a estar sin empleo (no olvidemos que casi 6 millones de españoles se encuentran en situación de desempleo) y sin una cobertura básica.

Con ello la morosidad, lejos de recuperarse, no hará sino seguir su tendencia alcista durante los próximos meses, a la espera de que algún milagro económico, en el que ya nadie cree, propicie un repunte de la economía real, y con ello podamos empezar a plantearnos la salida real a la crisis en la que estamos inmersos desde hace ya demasiado tiempo.

La vivienda sigue en caída libre

¡Cuidado que la vivienda baja!

¡Cuidado que la vivienda baja!

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el precio de la vivienda libre cayó durante el segundo trimestre del año en un 14,4% en tasa interanual, lo que supone el mayor descenso que sufre este índice desde el año 2007, lo cuál pone de manifiesto que las medidas del Gobierno al respecto mediante la última reforma financiera parece que están comenzando a funcionar.

En comparación con la caída que ya se había producido en el el primer trimestre nos encontramos con que se agudizado el proceso a la baja, ya que en los tres primeros meses del año experimentamos un descenso del 12,6%, es decir casi dos puntos porcentuales menos que en los meses que van desde abril a junio.

El gran problema es que con esta caída ya acumulamos un total de 17, sí, sí, 17 trimestres consecutivos de caída, lo cuál puede ser una buena noticia para aquellos que quieran comprar una vivienda, pero nefasta para los que con su esfuerzo adquirieron una vivienda en los tiempos de burbuja inmobiliaria y ahora se encuentran con que el precio de la misma se está hundiendo, y no nos engañemos, no se trata de grandes terratenientes, sino de gente como tú o yo, clase media que paga, como puede, su hipoteca de manera religiosa.

Una caída que parece haberse acelerado desde principios de 2011, cuando la caída se situaba en el 4,1%. Según los expertos económicos estos descensos se deberían de haber producido antes, pero las reticencias de las entidades financieras a rebajar el precio de las viviendas que habían embargado provocó que los descensos fueran menores de los que determinaba el mercado.

Por tanto, una vez más, nos encontramos con que el sector financiero, responsable directo de la crisis y de la tardía recuperación que estamos sufriendo, se sitúa al frente de las causas de las dificultades que sufren los ciudadanos de a pie, y a pesar de ello siguen recibiendo las ayudas de los gobiernos, lo cuál es, en gran medida, necesario habida cuenta del modelo económico en el que estamos inmersos, el cuál no tiene ningún sentido sin el sector financiero operativo a pleno rendimiento.

Euribor a 0,75 %. Plusmarca a la baja (y truco)

Lecciones de gravedad

Lecciones de gravedad

El Euribor sigue en su senda descendente, dicen que descontando los futuros descensos en el precio oficial del dinero. Y el dinero sigue bajando, como mercancía de relumbrón que se ofrece en en el escaparate en busca de quien se anime a entrar en la tienda a pedirlo.

La buena noticia es que el Euribor afecta a todas las hipotecas contratadas, esas que cada evz nos cuesta más pagar, y que este descenso, para los que vean ahora revisada su hipoteca supone un ahorro anual de uno novecientos euros. Todio un pellizco.

La mala, pro supuesto, es que se trata de un tipo de interés teórico, porque en la práctica estamos ante el escaparte de un país comunista, que vende mantequilla y se harta de anunciarla, pero cuando la gente entre a la tienda, no hay nada en las estanterías más que un peine casposo y un paquete de jabón amarillento. Y eso lo viví personalmente, así que no me vengáis con que es un tópico.

Todo esto lo dice cualquier otro blog, así que trataré de diferenciarme contando algo, aunque sea una simple hipótesis. ¿Y a qué se deben estas bajadas, si no hay dinero para prestar ni clientes solventes a los que prestarles? ¿Qué ataque de generosidad les ha dado a los bancos para permitir que baje el manipuladísimo Euribor, con la pasta que eso les hace perder al revisar las hipotecas antiguas?

Yo lo tengo claro: el miedo a que aumente la morosidad y la insolvencia. Cuanto más baje la hipoteca, más posibilidades tienen de que quede sin pagar. Yo, por supuesto, no tengo los datos, pero ellos sí los tienen: si una bajada meda de novecientos euros al año permite seguir cobrando al porcentaje suficiente de hipotecados, valdrá la pena.

Sobre todo con las provisiones a que obligan los insolventes.

Sobre todo con el miedo a que les revisen las cuentas.

Ahora que estamos acojonados todos y no sólo algunos, parece que la cosa mejora. El mal de muchos no siempre es consuelo de tontos, a lo que parece.

Hipoteca y rescate. La escopeta cargada

Insiste en que es un caballo purasangre...

Insiste en que es un caballo purasangre...

Los mercados descuentan desde ya hace tiempo que España acudirá a una especie de rescate light con el que podremos eludir el monstruo de los vencimientos de octubre, cercanios a los veintiocho mil millones de euros.

Lo que a todos nos pide el cuerpo es hacer caso a todas las voces que dice, machaconamente, que los recortes no hacen más que ahondar la recesión, porque la gente que no tiene dinero no puede consumir, y sin consumo no hay trabajo ni salida de la crisis.

Es verdad. Tienen razón. Y como además de ser cierto desde el punto de la ortodoxia económica significa que tienen que aflojarnos la soga del cuello, pues apoyamos esa idea.  Sin embargo, me temo que hay algo más, y ese algo más es lo que no nos apetece ver.

Para que aumente el consumo y podamos salir de la recesión hay que ser prudente con los recortes, pero lo cierto es que las cuentas no cuadran. Evitar los recortes significa gastar un poco más. Y para gastar ese poco más hay que pedirlo prestado, porque con lo nuestro no llega. Y pedirlo prestado está muy bien, pero el caso es que hay es donde nos espera la oveja (la madre del cordero) porque podemos pedir prestado todo lo que nos dé la gana, pero el caso es que no nos quieren prestar.

Por eso estamos en la tremenda tesitura de que necesitaríamos subir el gasto para salir de la crisis, pero el gasto supone endeudamiento y nadie nos quiere prestar. Así que la solución es la otra, la que nos joroba, porque la idea de que te vuelves más solvente cuanto más debes (que es la que defienden los guays estos días) no se sostiene por ninguna parte.

Llevado a lo diario, sería como decir que al banco le conviene ampliarnos la hipoteca para que sigamos pagando. Y puede sonar bonito, pero lo cierto es que el banco, puesto ante el dilema de ampliar la hipoteca y poder perder más, o perder ya lo que sea, acaba decidiendo cerrar las pérdidas a fecha actual sin correr más riesgos.

Porque esa es nuestra tragedia: nadie se cree ya que en el futuro podamos pagar mejor de lo que podemos pagar ahora, seguramente porque analizan nuestras costumbres y nuestras exigencias y no les gustan un pelo.

Pero de eso, de sociología, costumbres y poses de deudor en plan hidalgo ya hablaremos otro día, que ahora aún es demasiado pronto para que se reconozcan los errores cometidos en ese sentido.

¿La luz al final del túnel?

Parece que todo tiene un final

Parece que todo tiene un final

Últimamente nos estamos encontrando con datos macroeconómicos que ofrecen un soplo de aire fresco a nuestra sostenibilidad como Estado dentro de la Unión Europea y dentro de los parámetros generalmente aceptados como correctos en la economía mundial de hoy en día. Gracias a las palabras de Draghi del pasado jueves todo ha empezado a cobrar otro color y empezamos a animarnos poco a poco.

La prima de riesgo se encuentra por debajo de los 400 puntos, por primera vez desde el pasado mes de abril, el rescate parece ya inminente y todo apunta a que no será tan dañino como en un principio se podía haber pensado, con condiciones macroeconómicas estrictas, pero con la ventaja de que será España, y no la Unión Europea, la que podrá tomar sus propias decisiones.

Este hecho no es para nada menor, ya que en cualquier caso el Gobierno español siempre mirará por los intereses de sus ciudadanos, más que nada porque son los que al final deciden quien se queda en el Gobierno y quien se va, mientras que los estamentos de la Unión Europea no son más que burócratas, en el buen sentido de la palabra, si es que lo hay, que hablan sobre la calma y tranquilidad de sus propios asientos.

Por tanto, los analistas económicos han empezado a cambiar el rumbo de sus predicciones y a ver cierta salida a la crisis con opciones evidentes de que podamos empezar a plantearnos un futuro de crecimiento económico en un horizonte de relativo corto plazo. El Gobierno de Rajoy parece que ha conseguido lo que estaba buscando en un principio, que era la estabilidad financiera, con lo que ahora se verá si era cierta su estrategia y a partir de ahora comenzamos la senda de la recuperación.

Una recuperación que se comenzará a visualizar en el flujo del crédito y en el crecimiento empresarial, aunque mucho me temo que, como suele suceder en toda recuperación económica, el empleo será la última variable en estabilizarse, ya que las empresas no suelen optar por contratar a nuevos trabajadores hasta que no tienen totalmente seguras las perspectivas de futuro, para evitar así caer en excesivas cargas laborales.

Lo fácil que es crear trabajo (y lo idiota que resulta)

Ya sabe cómo acabar con el paro.

Ya sabe cómo acabar con el paro.

Llevo tanto tiempo leyendo que el problema de España es la falta de trabajo, que voy a acabar por creérmelo, así que he decidido reflexionar un poco a ver si me despego de esa costra de tópicos, tonterías y lugares comunes que amenazan con pegarse para siempre a los restos de mi pobre lógica.

El problema de España no es que no seamos capaces de crear trabajo, sino que no somos capaces de crear riqueza.

El trabajo lo crea un chimpancé o un comunista cualquiera: basta con darle una escoba a cada desempleado y pagarle un sueldo por barrer el arcén de la autopista transiberiana (cosa que ya se hizo, más o menos) o crear empleos públicos para gestionar la gestión de la gestión de la gestión de la administración del negociado de timbre, rúbrica y papeleo (que aún se hace cuando se puede).

Lo difícil, y a ver si nos enteramos, es cada trabajo genere la riqueza suficiente para pagarse a sí mismo, el uso de los recursos que emplea y la construcción y mantenimiento de las infraestructuras que utiliza. Lo difícil es darle un sueldo a la gente y conseguir que esa propia gente sea la que se lo gane, sin tener que sacarle ese dinero a otros.  Hacer cucharas de madera en el río Volga, o cavar zanjas en los Monegros puede ser una manera interesante de saber quién necesita de veras un empleo y quién no, pero desde luego es un sistema perfectamente inútil y perfectamente inmoral de salir de una crisis o de intentar conducir un país por el camino de la prosperidad.

Por eso, los que creen que saliendo del Euro crearíamos más empleo se olvidan de que con semejante medida podríamos tener trabajo todos, pero nuestro trabajo no valdría gran cosa, y nos resultaría complicado conseguir, por ejemplo, las divisas necesarias para comprar el petróleo que consumimos. Por decir algo.

Cualquier remedio económico que no pase por producir más o producir mejor, es en el fondo un retorno a las cucharas de madera, los limpiadores de autopistas o los empleos de farolero, uno para cada farol, con tal de no ver a nadie parado.

Un autoengaño.

Alemania y la caza del tiburón. Un aviso

Váyanse preparando

Váyanse preparando

Todo lo que afecta a los tipos de interés afecta tarde o temprano a las hipotecas, a la liquidez del sistema financiero y, a la postre, a nuestras posibilidades de comprarnos una casa, o simplemente una lata de sardinas para ir tirando. Cumplida la justificación, paso al desvío:

El reciente anuncio del Banco Central Europeo de que comprará deuda de manera ilimitada y sin exigir que su pago sea preferente sobre otros acreedores me suena a caza de tiburones. Y me suena, por razones históricas, a estrategia totalmente germánica, con ese ramalazo de sutileza y garrotazo perfectamente mezclados.

Aunque no tenga espacio aquí para explicarlo, más de uno recordará la salvaje caza de tiburones que organizó el gobierno alemán hace unos cuantos años contra los especuladores que apostaban por la absorción de Volkswagen por parte de Porsche. En aquella ocasión, el asunto se saldó con la absorción de Porsche por parte de Volkswagen (justo lo contrario), una ruina catastrófica para miles de especuladores y la vieja fabricante del “Escarabajo” valorada en bolsa, ella sola, por encima de toda la capitalización del IBEX.

En esta ocasión, y quizás se trate más de un deseo que de otra cosa, creo que simplemente se ha avisado de que podría suceder algo similar. Intento explicarme:

Desde hace varios meses existe un fuerte movimiento especulativo contra algunas economías de la zona Euro. La jugada es simple: se trata de atacar uno a uno a los países más débiles para obligarles a pagar intereses por encima de sus riesgos reales. La solución tradicional es gastar menos y de ahí los recortes, pero como la contracción del gasto no puede ser automática, los especuladores pretenden lograr beneficios multimillonarios en ese espacio de tiempo.

Llegados a ese punto, ¿qué sucede si el Banco Central Europeo compra deuda a mansalva? Que todas las apuestas bajistas se desmoronan de golpe, originando pérdidas tremebundas a los que las mantenían.

Con este anuncio, por tanto, el Banco Central Europeo da a entender que no va a tolerar los ataques especulativos, pero mantiene al exigencia de una larga serie de condiciones para los países que quieran venderle su deuda.

La amenaza, por tanto, es doble: los mercados deben andarse con tiento y los países endeudados deben seguir con las reformas, o se les dejará caer de nuevo al mar.

Para mí, lo que ha hecho Draghi, es sacar el sable y enseñarlo. A los mercados y a nosotros. Todo a un tiempo.

Y el que quiera, entenderá.

El BCE revoluciona los mercados

¿Qué le costaba haberlo hecho antes?

¿Qué le costaba haberlo hecho antes?

Si había algo evidente que todos ya sabíamos era que los mercados no se mueven por realidades o por hechos, sino por intuiciones, expectativas y presunciones. Hasta ahora la intuición y la presunción hacía pensar que el Euro se vendría abajo por el excesivo lastre de países como Grecia, Portugal, España o Italia.

Sin embargo, bastó un breve discurso de Mario Dragui para hacernos ver el camino. Lo único que se necesitaba era una garantía por parte del BCE de que el Euro era la prioridad y de que haría todo lo necesario para protegerlo y evitar su caída, para que los mercados comprendieran que sus ataques especulativos no iban a ningún lado.

Pues bien, aquello que fue un ensayo, se ha materializado en el día de hoy, tras la reunión del Banco Central Europeo, Dragui ha presentado a los medios de comunicación las claves de su plan maestro para conseguir que los países europeos vuelvan a tomar aire para iniciar la senda de la recuperación.

Inmediatamente tras la rueda de prensa la prima de riesgo ha caído en 50 puntos, sin que se haya producido ningún hecho relevante. Draghi ha venido a poner sobre la mesa una línea de crédito para España y para los países en problemas para que puedan tirar de ella en momentos de dificultad.

Esta línea de crédito se materializaría a través de la compra ilimitada de bonos soberanos en el mercado secundario, algo que se le había venido reclamando al BCE desde los sectores más progresistas durante los últimos meses, de manera que con ello evitaría las especulaciones masivas que se han venido produciendo en estos últimos coletazos de la crisis.

Algunos expertos consideran que con esta línea de crédito abierta, a la que se puede optar con la única condición de que el país en cuestión pida el rescate a las autoridades financieras europeas, es más que probable que España no necesite ya nunca más el rescate, ya que la especulación empezará a mirar hacia otro lado en busca de rivales más débiles.

En definitiva, al final se ha producido lo que todos esperábamos, que el BCE comenzar a comprar bonos en el mercado secundario, y con ello parece que se atisba una pequeña luz al final del túnel.

La cuesta de septiembre se aligera con el Euríbor

El Euríbor regala algo de liquidez a los hipotecados

El Euríbor regala algo de liquidez a los hipotecados

Parece que la economía aprieta, pero no ahoga, al menos a los que sufrimos cada mes para conseguir pagar nuestras cuotas hipotecarias, y en estos momentos de dificultad extrema al menos el Euríbor nos da un respiro mes a mes, y ahora recién llegados de las vacaciones nos viene más que bien, para que nos amos a engañar.

El cierre del mes de agosto ha sido realmente alentador, con una tasa media mensual del 0,877%, lo que, comparado con el cierre de agosto de 2011, que fue en el 2,097%, no encontramos con un diferencial de más de un punto porcentual, algo que debería de servir para que las familias hipotecadas vean reducidas sus cuotas mensuales en unos 80 euros mensuales.

Ello, siempre y cuando, no tengan la fatídica cláusula suelo aplicada en sus contratos hipotecarios, la cuál condena esa bajada al tipo fijo marcado como mínimo a la hora de firmar la hipoteca, una cláusula que sigue vigente a pesar de la beligerancia continua de las asociaciones de consumidores que siguen considerándola, con razón, como una cláusula injusta a todas luces.

Sin embargo, al menos estas familias hipotecadas podrán aferrarse al hecho de que sus cuotas hipotecarias no van a incrementarse en los próximos meses a juzgar por el camino que han tomado las decisiones del Banco Central Europeo en los últimos meses, claramente orientados a conseguir que el Euro se presente como una moneda fuerte ante los especuladores internacionales.

Así de esta manera lo único que podemos esperar en los próximos meses es una tendencia permanente a la baja del Euríbor, con la posibilidad de que el BCE decida reducir el tipo de interés del dinero para la zona Euro en un cuarto de punto adicional, lo cuál tiraría aún más hacia abajo de la cotización del Euríbor.

Pero el problema de financiación, no lo podemos olvidar, sigue existiendo, y nada hace pensar que vaya a reducirse si tenemos en cuenta el incremento continuo de los problemas de las entidades financieras para conseguir dinero en los mercados internacionales y las provisiones crecientes que tienen que realizar sobre los depósitos de sus clientes, por lo que no nos queda otra más seguir apretándonos los machos de manera permanente.