Hipoteca, alquiler y publicidad

Cartel MUY explícito.

Cartel MUY explícito.

Hablan en este otro blog, dedicado al fraude fiscal, de lo importante que sería que los pisos, tanto en venta como en alquiler, apareciesen anunciados obligatoriamente con sus precios correspondientes, y el caso es que después de leer el artículo no acabo de estar convencido del razonamiento.

Por una parte, es cierto que los precios que no se muestran se prestan a toda clase de chanchullos, como subidas de precio al ver la cara del cliente, o rechazo frontal dependiendo de la tonalidad de piel del solicitante. Es cierto también que el que se anuncia se compromete con el precio que muestra, igual que sucede en el resto de productos, y que desaparecerían unos cuantos alquileres en negro, de los que no se declaran o cambian de precio en cuanto olfatean una ayuda a los jóvenes o cualquier otra subvención. Pero por otro lado, no puedo menos que pensar que la obligatoriedad de publicar los precios haría aún más rígido el mercado de las hipotecas y de los alquileres, metiendo a la gente el temor en el cuerpo a negociar.

Porque si fuese completamente obligatorio publicar todos los precios, y esos precios pudiesen utilizarse como contrato, ¿quién se metería luego en negociaciones y a quién se le sacaría una rebaja? En los bienes de tan alto valor, la posibilidad de negociar sin cortapisas entre las dos partes es la mitad del negocio. Y además, la vivienda no es un bien homogéneo, como un coche o un teléfono móvil, que son todos iguales unos a otros si coinciden en marca y modelo. Las viviendas están en distintos barrios, a distintas alturas y con distintas orientaciones, y eso no parece tenerse en cuenta.

Mucho me temo, y a eso es donde quiero llegar en este artículo, que el mayor problema de España no es la falta de normativa razonable para que los españoles funcionemos mejor, sino nuestra falta de deseo, como sociedad, de que las cosas funcionen un poco mejor.

Da igual que los precios se publiquen o no: los alquileres y las entregas en negro continuarán. Da igual que cualquier Gobierno saque adelante más o menos reformas laborales o sociales: me temo que aquí el que pueda llevarse cien millones se llevará cien millones, y el que no, pues se llevará  a casa en cuanto pueda los folios del trabajo…

Y no: el precio de la manceba no convierte el meretricio en disco-bar…

Triste historia…

La caída en el precio de los pisos bate todos los records

Se para el reloj de cuerda...

Se para el reloj de cuerda...

Sí, ya sé que es de primero de economía, pero hay que decirlo: como no hay dinero en el mercado, los precios se desploman. De momento, se trata solamente de la vivienda, un bien de alto valor y hoy muy denostado, casi maldito, en el mundo de los inversores.

Y un bien, hay que decirlo, donde los españoles han depositado una buena parte de los ahorros de toda su vida y que es, en buena medida, la mayor expresión de capacidad de inversión y capital en este país.

Según apunta el Banco de España a través de uno de sus informes periódicos, el descenso sufrido por el precio de la vivienda no se había visto ni durante la crisis de 1979, ni durante la de 1991, porque la caída de los precios no sólo no se modera sino que parece acelerarse, en una especie de movimiento de pánico.

A lo mejor, convviene por una vez inserta un gráfico para que veamos cómo ha evolucionado el descenso de los precios:

grafica-viv

Por tanto, aunque parezca una buena noticia, el hecho es que la bajada en los precios de los pisos nos va a suponer un serio compromiso en el futuro, ya que nuestra riqueza es menor y es menor también la riqueza de los bancos que los poseen, con lo que tendrán mayores dificultades para hacer llegar el imprescindible flujo de crédito al mercado de hipotecas y a la economía real en conjunto.

No quiero ser tremendista, pero si el pánico se desata, nuestras entidades financieras lo van a pasar muy mal en el mercado exterior.

Y nosotros, con ellas.

Al rico préstamo, oiga

Tenemos los créditos de todos los colores

Tenemos los créditos de todos los colores

¿Quién dijo que la financiación en nuestra economía estaba congelada? Debe de ser que todas las familias y todas las empresas que acuden a pedir un préstamo a las entidades financieras están haciendo algo mal, porque si a ellos se les niega de manera sistemática, ahora resulta que se ha iniciado una campaña desde el BBVA para ofrecer prétamos de garantía personal a sus clientes más solventes, de hasta 25.000 euros.

Pero no te creas que los conceden cuando los clientes acuden a la sucursal a solicitarlo, nada de eso, porque lo que hacen es ponerse en contacto con los propios clientes de manera directa y ofrecerles esta posibilidad sin que ni tan siquiera se hayan interesado por ello.

Entonces basta el mero consentimiento telefónico del cliente para que el BBVA ingrese la nada desdeñable cifra de 25.000 euros en sus cuentas que quedan a la libre disposición de los clientes sin que tengan que dar mayores explicaciones al banco, más allá de devolver el capital y el importante tipo de interés del 14,92% (ajustable en función de la vinculación).

Además, a pesar de su consentimiento no existe ninguna obligación para utilizarlo. Se establece un período en el que el cliente puede “tirar” de este dinero o dejarlo sin más en la cuenta. Concretamente, la fecha límite es el 30 de noviembre. Si llegado ese día, el cliente no ha utilizado el dinero ingresado, el BBVA recuperaría el capital sin que se genere ninguna deuda.

Como ves se trata de una oferta que es muy difícil de rechazar ya que es una inyección de liquidez importante, de 25.000 euros, que el cliente puede mantener como colchón por si en algún momento se encuentra con dificultades económicas reales que tiene que afrontar.

Ante las insistentes preguntas de las asociaciones de consumidores sobre la incoherencia que supone la congelación general del crédito con este tipo de políticas expansivas de crédito, las entidades financieras se defienden sobre la base de que se trata de cantidades relativamente pequeñas y que son ofrecidas a clientes que ya han demostrado su solvencia con la propia entidad.

En definitiva, los bancos siguen concediendo créditos, pero de manera mucho más selectiva.

El Euríbor sigue a la baja

Cae el Euríbor, y caemos los hipotecados

Cae el Euríbor, y caemos los hipotecados

El Euríbor sigue manteniendo la senda marcada desde el Banco Central Europeo con una cotización a la baja, que ya en enero le ha llevado a cerrar en el 1,837%, en tasa media mensual, y en febrero a comenzar en el 1,738%, también en media mensual y a fecha 3 de febrero.

Con esta cotización de febrero, todo apunta a que a final de mes podríamos encontrarnos con un Euríbor por debajo del 1,7%, cerca del 1,65%, con lo que toda revisión hipotecaria que tuviera que realizarse en función del cierre mensual del Euríbor del mes de febrero se realizaría a la baja, al menos en teoría.

Y digo en teoría porque no podemos dejar pasar las cláusulas suelo que provocan que el tipo de interés hipotecario no baje de un determinado valor, de manera que de poco, o nada, sirve el hecho de que el Euríbor esté cotizando en valores tan bajos, porque el tipo de interés no bajará del valor marcado en el articulado contractual de la hipoteca.

Así, si la hipoteca tiene fijada una cláusula suelo de, por ejemplo, un 3%, y si pensamos que existe un diferencial de un punto porcentual, con el cierre de enero del Euríbor nos deberíamos de encontrar con un tipo de interés dle 2,837%. Sin embargo, en virtud de la cláusula suelo el tipo de interés no baja del 3%.

Con ello se constata que las cláusulas suelo están restando poder adquisitivo a las familias, condenándolas a tener que pagar más por sus hipotecas, y a no poder beneficiarse de las bajadas del Euríbor, como vienen denunciando de manera recurrente todas las asociaciones de consumidores que se dedican a analizar el mercado hipotecario.

El único razonamiento que podría llevar a aceptar como justa una figura como la cláusula suelo sería la aplicación de una cláusula techo en proporción, y no desmesurada como se ha venido aplicando en todas las hipotecas hasta ahora. De esta forma, si se aplica una cláusula suelo del 3%, fácilmente alcanzable, y una cláusula techo por encima del 10%, totalmente imposible de alcanzar, el abuso de las entidades financieras es más que evidente.

Por ello, ya va siendo hora de que se modifique la legislación hipotecaria para que las familias hipotecadas puedan tener una garantía real sobre el tipo de interés que pagan en sus hipotecas.

Por qué tanta gente pidió una hipoteca

A un panal de rica miel...

A un panal de rica miel...

Hoy, como es lunes, ataco con uno de esos artículos teóricos en los que trato de buscar el por qué de las cosas, aunque a veces sólo me encuentre con razones circulares, de las que se muerden la cola, no sé aún a ciencia cierta si por extravío o por rabia.

El caso es que la burbuja inmobiliaria se produjo por una demanda desaforada de pisos, y esta demanda sólo fue posible por una especie de fiebre hipotecaria, en ella que aquel que no tenía una hipoteca era poco menos que un leproso o un apestado.

Pero veamos: ¿Por qué tanta gente pido una hipoteca?

La respuesta obvia, aunque parezca una tontería, es porque las daban y porque había demanda. Las daban porque con la entrada en el Euro se produjo un enorme diferencial entre la economía real y la economía financiera. En España empezó a entrar dinero a chorro, y como a los españoles no nos gusta nada, pero nada,  cualquier cosa que tenga que ver con la industria, se canalizó este exceso de oferta monetaria a lo que verdaderamente nos gusta a los españoles: el ladrillo, y el inmovilizado para toda una vida.

Por tanto, tenemos aquí una doble vertiente, económica y sociológica: afluencia masiva de liquidez, bajos tipos de interés y un producto, el ladrillo, muy del gusto de una sociedad donde la frase “los pisos nunca bajan” había sustituido al Evangelio en las bocas de los gurús y los sacerdotes de nuevo cuño.

La otra razón mencionada es que había demanda. Y la había, porque los españoles hemos deseado, desde tiempos inmemoriales, anclarnos a una tierra y una comarca mediante el capital, y no mediante el gasto. Y esta es la diferencia que algunos no consiguen entender: que el piso en alquiler es gasto, mientras que la hipoteca y el piso en propiedad son expresiones de capital, con lo que los ciudadanos de a pie se quisieron insertar en el círculo del capital saliendo del circuito del gasto.

Con el dinero escapando a raudales del consumo para entrar en las arcas del capital, aunque sea familiar y fragmentado, el desastre estaba servido.

Por eso, cuando los que no pueden pagar su hipoteca piden leyes que les defiendan del capital no puedo menos que preguntarme si han entendido que el capital quisieron ser ellos mismos. O quizás sea aún más duro preguntarse si los que todavía pagan sus recibos mensuales sin problemas se arrepienten o no de haber entrado en esa rueda.

Dejamos esas cuestiones para otro día. O para los comentarios, si os parece.

La hipoteca nos costó más

Acabaremos intentando bajarnos una casa de internet...

Acabaremos intentando bajarnos una casa de internet...

A veces, a fuerza de querer entrar en detalles y ofrecer una información más especializada nos dejamos atrás el lenguaje de  la gente normal, o si no su lenguaje, sí sus preocupaciones. Por eso, creo que esta vez me lo voy a plantear de otro modo y afirmar, simplemente, que la hipoteca nos costó más en 2011.

¿Y cómo se calcula eso? Como lo calculan millones de familias españolas: comparando sus ingresos con la parte que se come la hipoteca.

Atrás han quedado ya los tiempos en que teníamos sensación de riqueza tragándonos los dos trucos principales para convencer al pobre de que debe gastar aunque no tenga, o de que tiene cuando no tiene. hablaré de ellos más adelante en detalle, pero son fundamentalmente dos: sustituir la renta por el endeudamiento y abaratar los productos de relumbrón.

Pasada la fiesta, nos damos ahora de bruces con el hecho, ya intuido, de que la vivienda nos cuesta más cada vez, de que ya no se trata de compararnos con nuestros padres, que compraban su casa con treinta o cuarenta sueldos, sino de pensar en cuándo podremos darnos de nuevo el gusto de pensar que estamos un poco desahogados.

Pero vamos a los datos:

Según publica el banco de España, en 2011 las familias destinaron al pago de la vivienda un 29,1% de su renta bruta, lo que significa que el esfuerzo real, o la parte de la renta que se lleva la vivienda, ha crecido dos puntos sobre 2010, año en el que la vivienda consumió el 27,3% de la renta familiar disponible.

Ahora tengamos en cuenta que este dato es global, y que hay un montón de gente que tiene ya la vivienda completamente pagada. Al final, la conclusión es que si la vivienda ha bajado  y el Euribor no ha subido, lo que tenemos es un empobrecimiento general de la nación, con un descenso generalizado del nivel de renta.

Dedicamos más a la vivienda porque nuestros ingresos se reducen más deprisa que el precio de los inmuebles. Y con unos ingresos que se reducen, mientras la confianza permanece por los suelos, es imposible que la economía despegue.

La cosa no pinta bien. Nada bien.

Y tú más…

Como niños en el patio del colegio

Como niños en el patio del colegio

Como si de un patio de colegio se tratara, esta semana hemos asistido a un cruce de declaraciones entre los dos agentes principales en la financiación de este país, como son Emilio Botín, Presidente del Banco Santander, principal banco español, con permiso del BBVA, claro está, y Jesús Terciado, Presidente del CEPYME, la asociación que recoge a los pequeños y medianos empresarios.

Empezó Botín, que en un acto corporativo, de esos en los que los empresarios, de cualquier sector, se dicen a sí mismos, lo guapos e inteligentes que son, diciendo aquello de que la falta de financiación no es culpa de las entidades financieras, pobrecillas ellas, sino que es de las empresas que no son solventes. Según su argumento, los bancos quieren dar créditos, pero el problema es que las empresas no los pueden devolver.

Inmediatamente después, como no podía ser de otra forma, Jesús Terciado salió al quite de estas palabras, y echó toda la culpa de la falta de financiación a las entidades de crédito. Aceptando que las empresas no son solventes, pero no desde el punto de vista objetivo, sino desde el punto de vista de los bancos.

En palabras de Terciado, las entidades financieras españolas han endurecido de manera extrema las condiciones de acceso a la financiación, exigiendo unos requisitos de solvencia inalcanzables, no ya sólo ahora, en estos momentos de dificultad, sino también en los años de bonanza, lo cuál hace imposible acceder al crédito.

¿Quién tiene razón?

Pues supongo que ambos. Las entidades financieras tienen razón al exigir a las empresas mayor solvencia, porque no pueden caer en nuevas situaciones de morosidad que dificulte su posición ante las autoridades europeas, y también tienen razón las empresas al quejarse de un incremento en las exigencias de solvencia de manera exagerada y sin justificación.

El problema es que en lugar de luchar por obtener un punto de acuerdo entre ambos sectores, se sigue produciendo una lucha de declaraciones sobre quien ostenta la responsabilidad de la situación que en poco, o nada, ayuda a la sociedad española y a la resolución de la situación de una manera efectiva.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra

Las grandes inmobiliarias se ponen nerviosas

Las grandes inmobiliarias se ponen nerviosas

Llegados a este punto no nos queda más que pensar que toda la crisis que hemos padecido, todos los sufrimientos que se nos han acumulado y todas las dificultades que están por venir, no nos han servido de nada, porque seguimos encallados en los mismos errores del pasado y parecemos dispuestos a volver a cometerlos.

Ahora que todos los analistas y expertos económicos coinciden, sin excepción, en culpar a la burbuja inmobiliaria de la actual crisis, poniendo el acento en la política de incentivos a la compraventa de viviendas ejecutada por el Partido Popular de José María Aznar, y que luego no supo atajar Zapatero en sus ocho años de gobierno, resulta que el G-14, el grupo que aúna a las principales inmobiliarias de este país, apuesta por recuperar los errores del pasado.

Angustiados, como están, por el tremendo stock de viviendas vacías que acumulan sin que parezca que pueda haber una solución en el corto-medio plazo, no han dudado en solicitar al gobierno la extensión de las medidas que promueven la compra de primeras viviendas, a las segundas viviendas.

De esta manera, el G-14 ha solicitado que se amplíe el IVA superreducido y la desgravación fiscal por compra de vivienda a las segundas residencias, con lo que podría tener una reducción del stock que acumula, no hay duda, pero, a la vez, provocaría que la especulación inmobiliaria regresara a nuestras vidas.

Y es que si aceptamos que los incentivos fiscales para la compra de vivienda pueden tener un sentido social y económico cuando se trata de una primera vivienda, esta faceta desaparece directamente cuando se trata de la segunda residencia, la cuál se compra, o bien por pura especulación, o bien por disponer de la capacidad económica suficiente como para no necesitar estas ayudas del gobierno.

Por ello, esperamos que el Gobierno de Rajoy haga oídos sordos a esta propuesta del G-14, y que prime la responsabilidad de gobierno antes que los favores debidos o las convicciones económicamente liberales y mal encauzadas, porque lo único que puede provocar es que en 10 años volvamos a tener que hablar de una nueva crisis económica.

La hipoteca y sus mariachis

Yo sé bien que mi destino era pagar y pagaaaaaaaaaaaar

Yo sé bien que mi destino era pagar y pagaaaaaaaaaaaar

Como muchos de vosotros ya sabéis, el problema de las hipotecas no es  sólo que no se den, que pidan el certificado de vacunación contra la rubeola o que exijan dos firmas compulsadas de Georges Soros y Bill Gates como avalistas. El problema, actualmente, es lo que piden que se firme con ellas, creando eso que ahora llaman un pack y que toda la vida le llamamos un timo.

Así, resulta que el Euribor está bajando, pero el diferencial aumenta. Y así resulta que para que no te suban ese diferencial tienes que contratar otros productos aledaños cuyas condiciones no están muy claras. Que si domiciliar la nómina, que si un plan de pensiones, que si un seguro de vida, que si un seguro de hogar…

Sobre las tarjetas, las domiciliaciones de nómina y otras zarandajas propias de zocos magrebíes hablamos otro día. Hoy os quiero contar un tema sobre los seguros para que andeis con ojo, ya que acabo de ver cómo se abusa del cliente: los seguros.

A menudo se firma con la hipoteca una cláusula por la que, si no se contrata el seguro de vida o el seguro de hogar de la vivienda hipotecada con el propio banco, el diferencial sube automáticamente un 0,6 % o hasta un punto. Como la ley obliga a tener asegurado el bien objeto de la hipoteca, lo normal es que nos encojamos de hombros y aceptemos esa cláusula, que nos la presnetan al revés: una rebaja si hacemos el seguro con ellos.

Hasta ahí, todo está muy bien. Lo que pasa es que luego, a la hora de contratar esas pólizas de seguros no nos tomamos la molestia de consultar lo que cuestan en realidad si las contratamos en otro sitio, porque muchos bancos cobran el doble y hasta el triple por esas pólizas de lo que te cobra LA MISMA ASEGURADORA si lo haces por tu cuenta. O sea, que si vas a una compañía de seguros y pides una cobertura te conbran una cosa, pero tu banco, lo duplica. Y si no aceptas el precio, te meten el punto de diferencial.

Por tanto, tengamos un poco de vista con este tema: pólizas de seguros con el banco, sí, pero a un precio que noi sea nunca superior al de mercado. Y que el contrato lo refleje.

No vaya a ser que la hipoteca venga con mariachis de rechufla…

La hipoteca que no nos dan y el dinero que no nos prestan

Pues te chinchas...

Pues te chinchas...

Aunque nos extrañe a estas alturas recibir alguna buena noticia, parece que la deuda pública se  está vendiendo mejor que de costumbre, e incluso bajan los intereses que el Estado paga por endeudarse. En principio, muchos han respirado aliviados porque al fin empieza a aflojarse la presión sobre la deuda soberana, ya que este puede ser el camino para salir de la crisis.

Por mi parte, no puedo ser tan optimista, y lo que debería alegrarme no hace más que asustarme otro poco. Y voy a tratar de explicarlo:

Cuando los bancos no tenía un duro en sus cajas fuerte no nos prestaban un duro ni nos concedían una hipoteca. Y hasta ahí nos parecía comprensible.Pero resulta que ahora el Banco Central Europeo ha decretado barra libre de financiación y los bancos vuelven a tener pasta, porque la consiguen en el BCE a precios de risa. ¿Y qué sucede? Pues que han decidido que tampoco nos lo van a dar a nosotros, que no nos van a sacar del atolladero, y que el pequeño empresario que no pueda funcionar sin línea de crédito lo que tiene que hacer es cerrar y poner a los trabajadores en la calle, porque prefieren comprar deuda pública o meter esa pasta de nuevo en el BCE.

El dato es devastador: el 85 % de la deuda pública subastada en los últimos meses la han comprado nuestras propias entidades bancarias con el dinero que han pedido al BCE. De este modo, estamos como estábamos, aunque se haya maquillado la cosa: nuestro Estado debe menos, o se financia más barato, y nuestros bancos deben más, pero el dinero no ha llegado a la economía real.

O sea que ahora los bancos SI tienen liquidez, porque se la da el BCE.  Lo que no tiene es ganas de arriesgar ese dinero en negocios reales, en dar préstamos o hipotecas, y prefieren meterlo en la economía especulativa (por eso se mantienen las bolsas) o dárselo al Gobierno para que no les mire mucho los balances.

Por eso hay que pensar que la anemia del mercado inmobiliario y de las hipotecas tiene mala solución. Si a los bancos no les gusta ya el negocio de prestar dinero a la gente, ¿quién se ocupará de tan ingrata labor?

Me veo en los viejos tiempos del Mercader de Venecia, vaya…

Las hipotecas siguen en caída libre

foto-pisos-bancos

Durante toda esta crisis que todavía nos sigue asolando sólo hay una cosa de la que podemos estar 100% seguros, y esa no es otra más que cuando pensamos que la cosa no puede ir a peor, los datos vuelven a llevarnos la contraria y demostrarnos que todo puede ser aún peor.

Esta misma semana hemos conocido los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que certifican que el número de hipotecas constituidas durante este pasado mes de noviembre no llegó ni tan siquiera a las 30.000, apenas 28.113, lo que supone un descenso del 35,8% con respecto noviembre de 2010 y pone sobre la mesa la tremenda caída que seguimos sufriendo en la concesión de hipotecas.

Con estos datos del INE para el mes de noviembre tenemos el decimonoveno mes de caídas consecutivas, y aunque se mejoran ligeramente los datos de octubre, cuando se marcó el mínimo histórico de la serie, que se comenzó a analizar en el año 2003, todavía nos encontramos con datos en negativo en tasa interanual que demuestran que la recuperación está todavía muy lejos.

Evidentemente, todavía tendremos que esperar a que las acciones del nuevo gobierno en materia financiera y en materia inmobiliaria comiencen a surtir efecto, pero hasta entonces nos seguiremos encontrando con datos cada vez más desalentadores.

Además, el importe medio de las hipotecas también se redujo de manera drástica, situándose en los 109.662 euros, para un tipo de interés medio situado en el 4,50%, con un decremento del 4,5% para el importe y un crecimiento del 17,8% para el tipo de interés.

En definitiva, nos encontramos con que el importe medio de las hipotecas sigue cayendo, como consecuencia de la caída de precios de los inmuebles, a la vez que el tipo de interés medio aplicado en las pocas hipotecas que se conducen se sigue disparando, a la vez que las comisiones también se amplian de manera continuada.

Por tanto, seguiremos sufriendo la actitud de las entidades financieras en términos de no concesión de hipotecas, como han venido haciendo durante todos estos meses de atrás, lo cuál repercute directamente en el mercado inmobiliario, en particular, y en la economía, en general.

Éramos pocos, y habló La Caixa

La Caixa justifica a las entidades financieras

La Caixa justifica a las entidades financieras

El Servicio de Estudios de La Caixa ha puesto en bandeja de plata una excusa para que las entidades financieras puedan seguir incrementando los diferenciales y las comisiones que cobran a sus clientes, aludiendo a la compleja situación actual de los mercados y las incertidumbres sobre el futuro.

Y es que La Caixa considera que con el desempleo por las nubes y los gobiernos europeos sufriendo para conseguir mantener su independencia de los mercados, lo mejor que pueden hacer las entidades financieras es proteger su liquidez y su solvencia ante lo que se pueda dar en el futuro.

Porque el primer objetivo que deben de perseguir todas las entidades financieras españolas, sostiene La Caixa, es el de evitar la morosidad pase lo que pase, y para ello la mejor forma de conseguirlo es evitando la concesión de nuevos créditos y el filtro ideal para conseguirlo es encarecer el acceso al crédito.

Un crédito que se hará más y más difícil a medida que avancen los meses y nos acerquemos a los exámenes de solvencia a los que el BCE someterá a las entidades financieras europeas a mediados de año, en los que estas entidades tendrán que demostrar su liquidez y su solvencia en situaciones complejas.

Por ello, todos los analistas coinciden en afirmar que los próximos meses supondrán un agravamiento de la sequía creditica al que la economía está siendo sometida por parte de las entidades financieras en estos últimos meses, lo cuál no redundará precisamente en una mejora de la economía real, que seguirá claramente estancada y sin visos de solución.

Por tanto, debemos de prepararnos para lo peor, para unos momentos de tremendas dificultades que afectarán a todos los ámbitos de la sociedad, pero especialmente a aquellos ciudadanos que ya están sufriendo mayores dificultades como consecuencia de la falta de empleo y de la pérdida de sus viviendas.

Porque, a pesar de lo que algunos habían llegado a pensar, la llegada del nuevo Gobierno no ha supuesto ningún cambio sustancial, porque la capacidad ejecutiva de los gobiernos nacionales en este mundo globalizado es realmente escasa, ya que las grandes decisiones vienen dadas desde corporaciones supranacionales.